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Maruja Torres: "Siempre quise salvarme de la
mediocridad a través de la escritura" por Ana Anabitarte
Reconoce que le vuelve loca ser
Miss Planeta 2000, afirma sin pudor que se presentó al premio para ganarlo y asegura que
aparte de poder vestir de Armani (gracias a los 250 mil dólares que ha recibido) y de
salir en televisión, el galardón le va a dar la oportunidad de ser leída en todo el
mundo. La periodista y escritora Maruja Torres (1943, Barcelona) rebosa felicidad.
Entrevistas, sesiones de fotos, firma de ejemplares, homenajes. Su vida ha dado un vuelco
gracias a su novela Mientras vivimos, a la que define como "un riguroso viaje
a las simas del corazón humano y un homenaje a la herencia recibida. Una novela
profundamente ética".
Articulista en el diario El País desde hace doce años,
corresponsal de guerra en conflictos como los de Líbano, Panamá, Israel, El Salvador y
Guatemala, y novelista, entre sus obras figuran Amor América, donde recoge las
crónicas de su recorrido en tren por Sudamérica; Como una gota, la recopilación
de sus artículos periodísticos; su novela casi autobiográfica Un calor tan cercano;
y Mujer en guerra, sus memorias como periodista.



ANA ANABITARTE - Defíname Mientras vivimos.
MARUJA TORRES - La novela narra la forma en que tres mujeres de
edades y procedencias distintas, en un momento determinado de sus vidas se ayudan, se
pierden y se odian para convertirse en personas. Y las tres luchan no por conseguir unos
derechos, sino por ser dignas de esos derechos. El dilema es su conflicto existencial en
la vida. No importa el triunfo, sino la paz que una tiene consigo misma.
AA - Las tres mujeres son Judit, Regina y Teresa. La más joven
es Judit. Tiene 20 años, vive en las afueras de Barcelona y sueña con ser una gran
escritora como Regina Dalmau, una famosa novelista cercana a la cincuentena, que atraviesa
una sequía de ideas y a la que Judit admira. El tercer personaje es Teresa, la que fue
maestra de Regina, una mujer que comenzó a escribir en un París asediado por la guerra,
y que murió en 1976 sin haber publicado más que cuentos infantiles. Pese a que las
protagonistas son tres mujeres, usted siempre ha dicho que no es una novela de mujeres.
MT - No. La búsqueda de la autenticidad y de la verdad, y el
enfrentarte con lo que eres y aceptar tu responsabilidad, es de hombres y de mujeres. Esta
es una historia de personas. Pero yo quería hacer un melodrama y pensé que para lograrlo
era mejor que las protagonistas fueran mujeres. Los hombres son más sobrios. Ellos
discuten más en silencio y hubieran sido incapaces de protagonizar una escena como la que
hay al final de la novela.
AA - ¿Cuándo le surgió esta novela?
MT - Empecé a tomar notas cuando estaba en la promoción de Mujer
en guerra, que es algo que suele ocurrir, porque como te pasas el día hablando de una
novela que ya terminaste necesitas saber que tienes ideas nuevas. Pero la idea final
surgió cuando apareció en mi vida una mujer de mi edad que me empezó a hacer la vida
imposible. Esa típica mujer que te quiere suplantar, que se hace amiga tuya y lo que
quiere es quitarte el novio, el empleo, los
amigos, difundir la idea de que eres buena periodista pero a lo mejor no lo eres tanto...
De esas malas mujeres que hay siempre en la vida de toda persona. Al principio pensé en
que los protagonistas fueran hombres, pero me di cuenta de que no tendría ningún
interés porque lo que yo quería eran grandes escenas pasionales y los hombres son mucho
más fríos, entonces la volví a cambiar a mujeres. Sin embargo, seguía sin convencerme.
Me gustaba mucho la historia de las dos mujeres pero le faltaba algo, y ese algo era el
mensaje de esa tercera mujer que es Teresa.
AA - El personaje de Teresa está basado en la escritora
española Carmen Kurtz, su maestra.
MT - Sí, es un homenaje a ella. Mientras escribía la novela en
las conversaciones que mantuve con mi amigo Terenci Moix, Carmen aparecía una y otra vez,
y al final me di cuenta de que un personaje basado en ella, era lo que le faltaba a la
obra. Pero hay diferencias entre Teresa y Carmen. Carmen no fue una escritora fracasada
sino una de las mejores escritoras infantiles y juveniles españolas, y yo no me porté
mal con ella ni olvidé ni traicioné la herencia de su sentido de la vida y de su ética
que me dejó, como hace Regina con Teresa.
AA - ¿Qué fue lo que aportó Carmen Kurtz a su vida?
MT - Ella me cambió la vida. La conocí en 1964 cuando yo tenía
21 años y ella 40. Carmen había ganado el Premio Planeta en 1956 con su novela El
desconocido. Yo trabajaba de secretaria y escribí una carta a un periódico. A ella
le gustó cómo escribía y me colocó en el periódico y allí me estimuló a escribir.
Fue mi hada madrina y yo se lo agradecí dedicándole el premio. Ella me animó a escribir
y luego se convirtió en mi maestra. Para una niña que nace en el seno de una familia no
sólo humilde sino inculta como fue la mía, en un barrio en donde los libros no
existían, conocerla fue lo mejor que me podía haber pasado. Gracias a ella la literatura
se convirtió en mi pasión y en mi aspiración, y la cultura ha sido para mi un valor
liberador. Siempre quise salvarme de la mediocridad a través de la escritura, y espero
que en cualquier lugar siga habiendo niñas con el sueño de ser escritoras, de salvarse,
a través de la literatura, de la mediocridad.
AA - ¿Cuál fue la principal lección que aprendió de ella?
MT - Me trató como una igual, como una mujer que iba a escribir.
Yo tenía un gran complejo. No sabía usar los cubiertos, iba vestida como los pobres. Me
vio como a una igual, y también vio a la mujer que estaba por llegar, a la generación de
mujeres libres que estaban por llegar.
AA - Vivían en pleno franquismo.
MT - Si. Y para nosotras la cultura era una valor no para subir y
triunfar y ganar dinero, sino para salir del atraso y del horror de Franco del cual no
quiero volver a hablar ni escribir jamás. En aquella época no había casi libros y los
que había eran caros. Se prohibían muchísimas obras, y a los 15 y 16 años ya teníamos
que leer libros de la editorial Sudamericana que comprábamos juntando los ahorros en las
librerías de libreros republicanos camuflados. Había una censura muy férrea. Yo
recuerdo que en los años 70 Juan Marsé no pudo publicar Si te dicen que caí, y
la tuvo que publicar en México. Culturalmente éramos muy pobres, por eso nos
rebelábamos contra esto. Hoy, que ya vivimos en democracia, lo normal hubiera sido que el
personaje de Judit quisiera ser presentadora de televisión o maniquí como Claudia
Schiffer. Yo quería que ella fuera un bicho raro al querer ser escritora. Un bicho raro,
pero dotado de una ambición desorbitada.
AA - Su libro habla de inconformismo. ¿Es bueno no conformarnos
con ser quienes somos, con soñar con quienes nos gustaría ser?
MT - El problema es si uno se equivoca. Lo más dramático que le
puede ocurrir a una persona en su vida es equivocarse de registro. No es malo soñar,
siempre que sepas quién eres. Lo malo de Judit es que está envuelta en el mundo
mediático de ahora: escritura, éxito, dinero, influencia... El impulso que tiene es el
mismo que yo tenía en 1964 cuando conocí a Carmen, pero en aquella época yo no quería
triunfar, sino sobrevivir, salir de la vulgaridad, de la mediocridad, dejar de aburrirme y
no tener que casarme con aquel novio. En definitiva, quería vivir de otra manera.
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Texto, Copyright © 2001 Ana Anabitarte.
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