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La voluntad de equilibrio

por Mariano Peyrou,
presentación de Luis Miguel Madrid

[Debido a las características propias del formato HTML, estos poemas pueden estar reproduciéndose inadecuadamente. En ese caso, recomendamos leer la versión en RTF pulsando aquí]

CONFIAR EN LO QUE NO SE ENTIENDE

La voluntad de equilibrio habla de las líneas, visibles o no, que hay que atravesar para llegar, quizás, a ninguna parte: el punto de partida. Habla pues de funambulismo, aunque matizamos que se trata de un equilibrismo metafísico, donde el alambre es el tiempo y los bordes hacen del destino que conduce a la vida, tomada como un riesgo necesario El juego al que se dedica el tiempo para matar las horas es por tanto uno de los temas más andados por Peyrou, especialmente en estos poemas que el mismo ha seleccionado. Habla de la vida repetida, la convención, el absurdo y su única defensa: la ironía. Cuanto más se comprende al enemigo más clara está la premisa: confiar en lo que no se entiende.

El mundo poético de Peyrou no está cronometrado, al menos en el sentido habitual, es un mundo donde los relojes están, marcan su presencia, imponen, pero no a todos por igual porque las cosas y también el tiempo valen tanto como cada cual esté dispuesto a valorar. Y Peyrou no está dispuesto a pagar ni siquiera el precio de fábrica, por ello lucha contra lo establecido: Para empezar elijo siempre las ocho y veintiséis y no las ocho y media. Con ello, trata de apear a los relojes del sillón de mando, a continuación, tratará de confundirlos entre el resto de los seres, cosas o elementos. Los desposee de su arrogancia a través de la ambigüedad , del humor o desnaturalizándolos. Siempre queda la sensación de que la voluntad está por encima de la máquina, la contradicción, la ironía y la ingenuidad son las armas usadas para enfrentarse a esta concepción tan real como pesimista del tiempo –representado por relojes-, y lo hace sin buscar apoyos, desde un punto de vista esencialmente individualista que aun aceptando la superioridad del tiempo en esta guerra, no pierde ocasión para ganar batallas gracias al humor con que se tutea al enemigo.

Otros temas se tratan en La voluntad de equilibrio con las mismas características unitarias: el espacio, el amor y las verdades aparecen envueltos por un manto de dudas, en entornos de dualidades y circunstancias que modifican la apariencia. La relatividad suele superar las voluntades y el equilibrio es si acaso una meta a la que se llega a través de la ruleta rusa.

Hacemos pues la presentación de un libro altamente recomendable por su sencillez estructural y hondura de sentimientos, extraordinariamente ágil en sus ritmos, humilde en los planteamientos, básico de temas, rico de ideas y entrañable en los fundamentos.

 

LA VOLUNTAD DE EQUILIBRIO

CONVIVENCIA

Parecen más, pero sólo
son veinticuatro horas. La primera
puede ser azul pálido, sal,
horizonte; la segunda es sin duda un
cesto vacío, la tercera dos cestos vacíos
o un cesto por la mitad (es casi lo
mismo); para la cuarta desembocamos
en cualquier otro plano, por ejemplo en el
recuerdo del día en que se arranca
un pedazo de corcho de un árbol con
la idea de regalarlo a la vuelta del campo;
en la quinta jugamos al ajedrez, yo
suelo ser alfil; la sexta y la séptima
son un resbalar jabonoso y lunático;
la cera de las velas, todos los atributos de la
cera de las velas abundan en la hora
octava y sellan lo que será la primera
parte siempre que estructuremos
             [a partir del número
tres (se recomienda el tres, es tanto más
justo y cómodo, a la humana medida);
entonces la novena, o nona
si uno tiene mal gusto, será otra vez
azul o rosa pálido pero menos, y algo de
hastío, de círculo, como cuando
estamos sentados en esos lugares
             [desde los que
es tan evidente que la tierra es redonda,
y así la décima puede consistir
             [en preguntarse cómo
es que tardaron tanto en darse cuenta;
todo va rodando por el círculo
enjabonado: claro, es tan fácil
             [pensar así ahora,
autocrítica en la undécima; y atravesamos
la duodécima dudando si no hubiera sido
mejor trabajar con el dos, al fin y al cabo
la decimotercera parece algo nuevo
o recién barnizado; la decimocuarta
             [confirma que
la estructura es binaria: ahora se ve
             [que son las horas
las que nos vienen buscando; por ejemplo la
decimoquinta, una rubia que baila
y nos pide bailar; no importa
qué hayamos contestado, ya van
dieciséis y se intuye la costura, se siente
             [la proximidad del ombligo;
la decimoséptima es la hora de
             [entender, incluso
la televisión se justifica; Bach
sabía de todo y la decimoctava lo trae
             [con su brisa,
las matemáticas son sólo el esqueleto;
una medusa se evapora en la arena,
ya es la decimonovena y
             [sin embargo hace frío,
soledad, desde tan cerca no te veo mientras
la vigésima nos sigue empujando cruelmente,
nos sigue la vigesimoprimera, corremos
escapando del tiempo
que no quiere alcanzarnos
             [sino hacernos correr;
durante la siguiente sufriremos un breve
ataque de epilepsia sentimental,
y la vigesimotercera traerá la voluntad de
equilibrio, para esto recomendamos la puesta
de sol o el amanecer (son las dos
puntas del mismo ovillo) pero con
mesura porque la vigesimocuarta será
un semáforo y una banda
de Moebius sobre la que ya no
hace falta jabón para que sigamos
deslizándonos siempre por el mismo día,
deslizándonos siempre por el mismo día
hasta que algo alguna vez se rompa
             [y sea mañana,
que es el ayer del próximo amor.

 

¿Y SI FUERA EL DÍA?

¿Y si fuera el día la mentira, y estuviera
en la serenidad la distorsión,
en casa el enemigo?
Hay una continuidad en el
sueño similar a la de la vigilia.
A veces se manifiesta. Ocurre entonces
la caída lenta que está más allá de los
relojes y la prudencia (pero un cigarrillo
es un reloj, un caracol es otro, un
corazón; y más allá de la
prudencia están los asteroides, o
Finlandia y todas las veces que
             [resbalaré en el
hielo). Ahora hay que confiar en
lo que no se entiende, elegir el
recipiente más adecuado para
contener el desconcierto. Un
poema puede ser bastante capaz, aunque
siempre será mejor usar el mar o la fogata.
O la caricia. Se extienden
las pupilas en la oscuridad, palmas que se
abren para acariciar la decepcionante
espuma tras la cual está ella,
está él. La caída de su
párpado es una ola que se
rompe, un movimiento de
bailarina antes de dejar la escena.
Mi cuerpo está fuera de mí.

Yo defiendo lo leve, lo menor.
Es mi trabajo.
Mi trabajo es estar ahí
sentado, contando mentiras. Mi
trabajo es contener un mar.
No hay nada tan inútil. Nada
tan bello como lo que no sirve.

 

ELEGIRÍA SIEMPRE

Elegiría siempre la mucho más
sutil tortura del más abstracto de ambos.
             [Resumiendo:
está el vulgar despertador con su catálogo
de ademanes excesivos, sus fuegos de
artificio, su apego a lo concreto, y
             [está el otro despertador, el
metafísico, que con su silencio
grita, que con su grito ilumina y
nombra un río que asciende una
montaña. Para empezar elijo siempre
             [las ocho y veintiséis y no las
ocho y media, por si eso indicara algo,
             [la apuesta de Pascal. Para
seguir veo una buena cuota de
locura en un reloj; para empezar, es tan
ingenuo disgustarse porque se hizo tarde: el
reloj es la tierra girando, nunca le vas a
ganar; para seguir, veo muy extravagante
             [eso de llevar
una metáfora de la rotación en la muñeca.

Cualquier hora. Una
lluvia que cae desde abajo. Los ojos como
platos rompiéndose contra el radiador
             [o la persiana.
Elegiría siempre recorrerlo al revés.
También la lluvia es la máquina del tiempo.

 

ESOS NOVIOS

Qué bien, acaban de dar las
tres, confirmo en la mesilla que
son exactamente las
tres, qué suerte ya que
no podría ser mejor hora, las
tres, es coincidencia casi milagrosa; pero qué
increíble, hay una hora aún más excelente,
             [ya son las
tres y uno.

 

INTERRUMPEN

Interrumpen el juego para
invitarme pero les
contesto que estoy mejor
tomando notas en un cuaderno
             [que ellos nunca
verán y no les importa. Ellos
juegan y yo juego. Me
parece que el cuaderno se
termina y que tendré que
interrumpir mi juego y
pedir otro cuaderno. Pero a quién
dirigirme si todos
juegan en el reloj y no
sé quién manda más, si la aguja grande
             [o la pequeña.

_________
Estos poemas son un anticipo del libro que será, en breve, editado por la Fundación María del Villar Berruezo, (Tafalla, España).

 

 

Presentación, Copyright © 2000 Luis Miguel Madrid. Todos los derechos reservados.
Poemas, Copyright © 2000 Mariano Peyrou. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: miércoles, 08 de noviembre de 2000

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