| Sebastiao Salgado: "Mi trabajo es denuncia y
testimonio" por Sanjuana Martínez
El fotógrafo brasileño
Sebastiao Salgado muestra en su último trabajo a los refugiados y desplazados de todo el
mundo. La exposición Éxodos y retratos se presenta hasta diciembre en el Círculo
de Bellas Artes de Madrid.
Salgado emprendió en 1993 un proyecto de investigación sobre la
reorganización de la familia humana en el siglo XXI. El resultado se presenta ahora en
una muestra dividida en cinco secciones: "Emigrantes y refugiados. El instinto de la
supervivencia"; "La Tragedia africana: Un continente a la deriva";
"Latinoamérica: éxodo rural, caos urbano"; "Asia: el nuevo rostro urbano
del mundo" y "Niños de hoy, hombres y mujeres del nuevo siglo".
Durante toda su trayectoria fotográfica, la intención de Salgado ha
sido denunciar los grandes problemas que afectan a la humanidad en su conjunto. Las
tragedias del mundo le afectan, pero particularmente lo que sucede en su Brasil natal,
donde el número de pobres aumenta cada día. En Brasil, un país con mas de 400 millones
de hectáreas fértiles para la agricultura que son propiedad del 2 por ciento de la
población, existen 25 millones de personas "sin tierra". Su vida, su drama y su
muerte son denunciadas también por Sebastiao Salgado.


[Vietnam / Sudán]

Precisamente dentro de un proyecto mundial, el fotógrafo brasileño
afincado en París editó su libro Terra con una tirada de 60.000 ejemplares, para
solicitar el apoyo internacional a favor de una reforma agraria en Brasil.
El libro muestra con más de 100 fotografías la tierra de Brasil
acaparada por pocas manos, los conflictos agrarios, la violencia rural, la violación de
derechos humanos y la lucha de los campesinos sin tierra.
"Brasil no podrá desarrollarse como país, mientras tenga un
sistema agrícola feudal. El latifundio es propiedad de un tercio de los diputados y
senadores, además de una parte de la Iglesia católica más reaccionaria. Ellos son los
terratenientes", manifiesta.
Salgado apoya con su libro el "Movimiento de los Sin Tierra"
que constantemente está reclamando al gobierno sus derechos en el campo donde se cultivan
solo 60 millones de hectáreas, de las cuales solo se utiliza el 15% para el desarrollo
agrícola, el resto son latifundios en estado de improductividad.
Para Salgado "un rostro revela la historia y el sufrimiento de todo
un pueblo", por eso ha dedicado 20 años de su trabajo a la actividad en el campo de
Brasil. Con su equipo ha fotografiado los acontecimientos humanos del mundo, desde
Etiopía y Zaire, hasta Sudamérica.
"En Brasil no ha habido una revolución como en México, por eso no
existe la distribución de la tierra. Desde el descubrimiento del país, nunca se ha
permitido que la gente del pueblo tenga la tierra para trabajarla".


[Bombay / Yakarta]

Acompañado de su esposa Lalia Wanick, que ha concebido y diseñado su
libro, del compositor y poeta brasileño Chico Buarque, y el escritor portugués y premio
Nobel José Saramago, Salgado denuncia la actual impunidad que se vive en Brasil donde los
últimos años la policía militar ha asesinado a más de 2.000 campesinos.
"Hace 30 años, el 80 por ciento de la población de Brasil vivía
en los campos. Ahora el 76 por ciento vive en la ciudad. Ha habido una expulsión del
campo, pero ahora los campesinos no quieren abandonar su lugar de origen, por eso ha
nacido el movimiento de los sin tierra".
Uno de los mayores problemas del éxodo masivo de las poblaciones
rurales es la desintegración de las familias: "inicialmente estas familias
intentan mantener el núcleo comunitario, procurando todos sus miembros ayudarse unos a
otros, sin embargo, la persistente falta de recursos, poco a poco, rompe la cohesión del
grupo, de tal manera que en la búsqueda de soluciones aceptables para la supervivencia,
cada uno se entrega al sálvese quien pueda: la mendicidad, el robo y la prostitución.
Los hijos adolescentes abandonan a los padres, que, a su vez, abandonan a los hijos
menores".
Dijo que según la Fundación Estatal del Bienestar del Menor (FEBEM) la
proporción de niños abandonados permaneció estabilizada en el 10 por ciento durante
mucho tiempo, pero aumentó en los últimos años hasta el 35 por ciento.
El "Movimiento de los Sin Tierra" también es denominado
"Movimiento de Trabajadores Rurales" (MCT) y nació hace quince años. Lo
agrupan millones de campesinos de los 23 estados de Brasil: "es el más grande
movimiento campesino de América Latina, son pacifistas, solo quieren justicia".
Explica que en Brasil no existe una ley agraria, solo un "Estatuto de la tierra"
que apareció en 1964 elaborado por la dictadura militar y que posibilita la expropiación
de las áreas clasificadas como latifundios por explotación o por dimensión: "ese
estatuto fue impuesto por los Estados Unidos, que tienen todavía tanto interés en
Brasil".
Sin embargo, afirma que esa legislación, sobre todo en lo que se
refiere a la reforma agraria, permanece como letra muerta en lo esencial, ya que, aunque
asegura la expropiación de la tierra que no sea productiva, en la práctica este mandato
no es respetado por los latifundistas.
Salgado comenta que en total existen 850 millones de hectáreas:
"la única forma de llegar a una reforma agraria, es con una exigencia popular y el
apoyo internacional".
El drama
Con semblante serio, el fotógrafo comenta las condiciones de vida de
estos campesinos: "existen decenas de millares de familias brasileñas que viven en
campamentos a la vera de las carreteras en varios puntos del país. Son familias de sin
tierra que, poco a poco, se van uniendo y formando verdaderas ciudades, a veces con una
población superior a los diez mil habitantes. Las condiciones de vida son rudimentarias,
falta de todo: agua, alimentación, instalaciones sanitarias, escuelas para los niños,
asistencia médica."
Señala que otro de los problemas que padecen es la inseguridad, ya que
además de la policía militar, existen las guardias privadas de los terratenientes.
"Son personas que viven inseguras, sujetas a las provocaciones y
violencias que infligen los matones y otras fuerzas de represión organizadas por los
latifundistas, que temen la ocupación de sus propiedades improductivas. La situación en
esas ciudades es, de hecho, peor que la de los campos de refugiados en África, pues los
sin tierra no cuentan con la protección de las autoridades, no reciben asistencia
institucional y ninguna organización humanitaria ni la ONU les presta ayuda".
El mayor problema, dijo, es la impunidad que actualmente prevalece en
Brasil: "hay una violación tremenda de derechos humanos. La represión ejercida por
las policías militares aumenta. El año pasado asesinaron a 19 campesinos y todavía no
hay culpables, porque la policía militar no puede ser juzgada por tribunales civiles,
sino por el ejército, entonces los oficiales asesinos nunca son condenados, ninguno a lo
largo de la historia ha sido encarcelado".
Afirma que en definitiva el "Movimiento de los sin tierra"
hace la parte que le corresponde al gobierno de una mejor distribución de la tierra, ya
que en ocasiones toman las tierras de los grandes propietarios en un "acto
legítimo" para hacerlas productivas. "Los propietarios de tierra, latifundios
en general, todavía viven "parasitariamente" en virtud de la lógica trágica
de las capitanías hereditarias, establecida por los portugueses a principio de la
colonización. Quedó arraigada en la mentalidad de la clase dominante del nordeste
brasileño la idea del señor de la tierra, tierra como símbolo de poder e influencia en
la sociedad".
Salgado explica los puntos básicos que debe tener una reforma agraria:
"una distribución de las tierras improductivas, un presupuesto real para la compra
de las tierras, porque el movimiento de los sin tierra no quiere la tierra regalada, sino
quiere comprarla con prestamos que le puedan otorgar, y además se requiere un apoyo en
infraestructura agrícola".
"La propuesta del MCT no es solo tener la tierra, sino luchar por
la ciudadanía, es decir, por tener escuela, medicina y la información técnica para el
plantío y la comercialización del producto".
Informa que en Brasil se cultiva café, azúcar y soja, y tiene el más
grande rebaño bovino económico del mundo, con 170 millones de cabezas de ganado.
Iglesia y selva
Salgado, nacido en Aimorós, tiene 53 años, es economista de formación
y sus inicios en la fotografía datan de 1973 con un reportaje sobre la sequía en el
Sahel. Comenta que Brasil siempre ha tenido una iglesia católica militante muy cerca del
pueblo, con las comunidades de base agrupadas en la teología de la liberación: "los
obispos formaron un movimiento que se llama "las pastorales de la tierra" y eso
dio una formación fabulosa a la gente. La reforma agraria no puede venir del presidente
brasileño, sino de la presión social". Sin embargo, dijo que después de la llegada
de Juan Pablo II, la jerarquía católica inició una desmovilización total de la iglesia
militante brasileña: "pero el Papa no se dio cuenta que todo ese trabajo de la
Iglesia hecho antes no desapareció, sino que se materializó en el movimiento de los sin
tierra. Ahora en este movimiento hay muchos curas que han abandonado la Iglesia para
participar en las exigencias de los campesinos". Añade: "la teología de la
liberación ha sido desmovilizada porque la Iglesia de Juan Pablo II es una iglesia hecha
para ahorrar, que piensa en hacer catedrales, no en el ser humano".
Dijo que una buena parte de los obispos que apoyan el movimiento de los
sin tierra han aportado, sin el apoyo del Vaticano, hectáreas de tierra para los que la
quieran trabajar: "pero hay otra parte muy reaccionaria, que todavía posee muchas
tierras, grandes extensiones de tierra".
Otro de los problemas es la deforestación de la tierra selvática y
recordó el caso de Beiradao, ciudad próxima al Proyecto Jari, ideado por el millonario
norteamericano Daniel K. Ludwig, que recibió del gobierno militar en 1967 la concesión
de tres millones de hectáreas de la selva virgen del Amazonas.
"Entre los principales objetivos del proyecto, figuraban la
producción de celulosa, para lo que fue necesaria la destrucción de centenares de
millares de hectáreas de selva virgen, luego sustituida por otras especies no
autóctonas, y la extracción de las reservas de caolín, que es usado para mejorar y
aclarar la celulosa, e incluso, en las industrias de la goma y farmacéutica. Las reservas
de ambos existentes en las áreas concedidas eran suficientes para atender las necesidades
del proyecto, aunque sin embargo estas tierras fueron explotadas sobre todo para la
exportación de la producción de arroz a gran escala, en un área de catorce mil
hectáreas, y para la cría extensiva de ganado bovino".
Salgado se refiere también al problema del cacao: "extraño
destino el del cacao. El precio de todo aquello que se obtiene a partir del cacao no para
de subir, pero el precio del cacao en el mercado internacional no para de caer. Se trata
de uno de esos productos cuyo precio se determina en países que jamás han producido ni
un solo fruto".
Denuncia y testimonio
Los derechos de autor de Terra han sido donados por Salgado al
los "Sin tierra". Además de la publicación del libro se ha montado una
exposición "democrática" con una cincuentena de fotografías de gran formato
que cualquier museo o institución puede adquirir por 500 dólares, una cantidad que
servirá para ayudar al movimiento campesino brasileño.
Al comentarle que algunos críticos lo acusan de vivir de la pobreza de
los demás, responde: "Eso se ha convertido en una moda, me acusan también de
utilizar la estética para explotar. Yo tengo que vivir, no soy un fotógrafo rico, tengo
un equipo y les pago un salario, además para equilibrar mi presupuesto me es muy difícil
llegar a final de mes. Con la venta de los pósters en el mundo, el movimiento de los sin
tierra se quedará con el 60%. Los críticos viven de eso, esta semana el Financial
Times puso en duda si soy periodista, porque he tomado partido por un movimiento de
campesinos. ¿Quiénes son ellos para criticarme, que están totalmente comprometidos con
el capital mundial?." Añade: "vengo de un país pobre, lo humano me interesa
mucho, con la fotografía documental que hago intento provocar un debate. La fotografía
es como un vector ligado con los problemas. No fotografío a miserables, sino a pobres que
tienen una enorme dignidad y luchan para mejorar su vida. Mi trabajo es denuncia y
testimonio".
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