Biblioteca Babab
[Visita nuestra Biblioteca: libros completos totalmente gratis]

Literatura | Música | Imagen | Sabidurías | Desasosiegos | Foro | Biblioteca





MariaPandora.com
Ramón Piaguaje: "La selva es un buen sitio para el arte"

por Oscar Jara

Sencillo en sus explicaciones, Piaguaje habla español con acento quichua. Su conversación es pausada y la musicalidad de sus palabras nos lleva a un escenario exótico sin proponérnoslo. Descalzo, se mueve alrededor del lienzo y explica los detalles del cuadro que está pintando. Es un ritual como el que hace antes de ir de caza o de pesca al río Cuyabeno. Hijo de Cecilio, cacique de la tribu, y de Matilde, chamán de los Secoya, Ramón Piaguaje cree que si tiene algún don es el de "ver a los poderosos árboles amazónicos con sus colores perfectos".



[Ramón Piaguaje pintando en la selva y su cuadro Eternal Amazon, 1998, óleo sobre lienzo]

Trabaja con parsimonia y no tiene prisas, tarda una media de dos meses en terminar un cuadro. Pocas veces consigue pintar en la ciudad. Quizás algún retoque a un cuadro nuevo en el tránsito a la inauguración de las exposiciones en el Mall Galleries de Londres, en el World Trade Centre de Estocolmo o en la sede de la ONU en Nueva York. No tiene ningún cuadro suyo en su poder, todos los ha vendido porque creía que una vez ganado el concurso era obligatorio vender los cuadros que pintaba a la gente que lo solicitaba. Al lugar remoto donde habita, al que se llega en avioneta y varias horas de canoa por afluentes ecuatorianos o peruanos del Amazonas, comenzaron a peregrinar coleccionistas, marchantes de arte y periodistas. Una compañía norteamericana le ha ofrecido comprar toda la producción de artesanía de su tribu en los próximos años si accede a venderles cuadros. Ahora, su único refugio es internarse en la selva a sitios donde no llegan más que los habitantes amazónicos.

El realismo de sus pinturas está matizado por la exquisita sensibilidad de un artista libre de algunos prejuicios academicistas. Reproduce con exactitud los colores del trozo de selva que ha dibujado, gracias a una memoria visual poco frecuente que le permite recordar colores, matices de luz y detalles, como las flores parásitas que viven en los árboles, que al incluirlas enriquecen la composición de la tela. "Cuando yo tenía nueve años me entretenía dibujando en la arena de los ríos con los dedos, y después, cuando conocí los lápices de colores en una escuela evangélica a donde me llevaron a estudiar, fue más fácil. Dibujaba todo lo que había visto en el camino de regreso a mi casa".



[Ramón Piaguaje pintando en la selva y aplicándose la pinturas tradicionales]

Su forma de pintar es sencilla. Empieza a dar fondo a la tela con el azul del cielo adecuado a la hora del día que ha elegido. Luego dibuja los árboles que se convierten en un gran escenario, para irles pintando desde los más distantes hasta llegar a los primeros planos, donde los detalles son minuciosos. Son composiciones complejas que Piaguaje soluciona con asombrosa destreza, y sus cuadros tienen ese encanto de las formas inesperadas de la vegetación selvática. No tiene referencias fotográficas, ni apuntes, ni se distrae con el verdor que le rodea. Antes ha pasado varios días observando el paisaje exacto que después traslada a la tela de memoria. Nos dice que capta decenas de matices en los verdes que pinta, y que cada planta tiene su propio color. Esta forma de grabar en su memoria le ha permitido explicar al príncipe Carlos de Inglaterra, cuando le entregó el premio en Londres, la ubicación exacta de la parte de selva que estaba representada en sus cuadros, y la especie a la que pertenecía cada árbol. "El príncipe de Inglaterra me dijo que yo era muy natural, que sabía mucho de la selva, y se preocupó porque yo estaba en la premiación descalzo, ya que dijo que su tierra era muy fría".

Antes de viajar a Londres había salido a pocos lugares fuera de la Amazonia. "No salgo a Quito porque no puedo respirar, y si no puedo respirar no puedo pintar. Yo creo que pintar es una buena manera de vivir, y en la selva es posible hacer las dos cosas bien. Inglaterra para mí es un país muy extraño. Vi por primera vez grandes museos. Me gustó y aprendí cosas de pintores y me explicaron su importancia en el arte. Me doy cuenta que como nadie me ha enseñado habrá cosas que no podré hacer como pintor.

También fui invitado a un desierto, y me dijeron que antes allí había árboles pero ahora era una tierra sin vegetación y fría. Yo no quiero que eso suceda en mi selva. Por eso pinto, para dar a conocer la belleza de los árboles y para que siempre estén donde ahora crecen, eso sí que lo puedo hacer como pintor y como Secoya".

La vegetación en donde vive este artista está amenazada por el avance de las compañías petroleras que operan en la región y que constituyen el principal ingreso económico del Ecuador. Según Manuel Pallares, biólogo y conocedor de la selva y los Secoya, quedan apenas 300 miembros de la tribu, y el premio de Piaguaje puede ser el motor del rescate de su cultura y de su entorno natural amenazado.

En su tribu, además de cazar y pescar, ahora los más jóvenes también dibujan y pintan. Paulina, una adolescente secoya, es una de las más hábiles. Antes de ganar el premio internacional de pintura, Ramón Piaguaje bromeaba con sus hijos diciéndoles que llegaría a ser un pintor famoso: "Yo soy único, les decía en broma a mis hijos cuando venían a ver lo que pintaba. Cuando llegó el representante del príncipe de Inglaterra aquí a la selva, a comunicarme que había ganado, yo me asusté, pero mis hijos seguían pensando que era un chiste y además que había contratado a un hombre rubio para seguir con la ocurrencia".

Ahora tiene un reto difícil en el futuro, y él se lo ha tomado en serio. La demanda de sus cuadros le llevaría a seguir pintando siempre lo mismo, pero ha decidido no vender por un tiempo sus telas, para preparar su primera exposición individual a nivel internacional. También ha aceptado el reto de incorporar a su pintura la figura humana y los animales de la Amazonia. "Después del premio y mi viaje a Inglaterra y Estados Unidos tengo más inquietudes. Creo que debo intentar otras cosas, aunque con las nuevas pinturas digan que ha bajado la calidad de lo que hago y me compren menos cuadros, pero debo intentarlo confiando en que puedo trasladar a la pintura los demás elementos que habitan y son parte de la selva".

Ramón Piaguaje, hijo de un cacique y una chamán (ver artículo sobre chamanismo en este mismo número de Babab) sigue siendo, a pesar de su triunfo en un evento en el que participaron más de 20.000 pintores de todo el mundo, un artista sencillo de un rincón de la selva amazónica, que no se acostumbra a las costosas pinturas que le regalaron en Inglaterra, guardadas en una caja de maderas nobles probablemente sacadas de algún bosque de los que él tanto ama y defiende. Para ciertos matices prefiere los baratos óleos rusos con los que experimentó por primera vez hace siete años. Piaguaje nos confiesa que para elegir el tono de sus cuadros se levanta muy temprano a ver las luces que despiertan los colores de la Amazonia.

No sabe si es la reencarnación de un maestro pintor, sonríe ante la pregunta como cuando bromeaba con sus hijos, pero es consciente de que tiene una ventaja sobre otros artistas: vive en un entorno incomparable que él conoce muy bien, y al reflejarlo en su pintura ha demostrado que la selva es un buen sitio para el arte.

 

 

Texto, Copyright © 2000 Oscar Jara. Todos los derechos reservados.
mariapandora.com

 


Babab.com
Correo: Colaboraciones
Última actualización: miércoles, 01 de noviembre de 2000

Copyright © 2000-01 Mañana Es Arte A.C.
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.