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Torrente Ballester: fuga de un off-side por
Antonio Mateo
No es fácil ajustar una
semblanza de Gonzalo Torrente a casi dos años de su muerte. Profesor en Santiago de
Compostela y en Albany, académico de la Lengua, fue tardíamente reconocido con los
premios Nacional de Literatura (1981), Príncipe de Asturias (1982) y Cervantes (1985).
Gonzalo Torrente Ballester es un llamativo caso de intelectual falangista
sorprendentemente acogido por las generaciones democráticas.
Persona y personaje se complican en un acordeón de espejos que se
extiende y se pliega por los rincones más oscuros de la historia reciente, que suena en
los desvanes misteriosos de la literatura nacional: ciudades represaliadas, despachos
políticos, salones de alta sociedad y la crema de la intelectualidad. Surge así la
silueta pequeña, perpleja y triste, desmedrada y tragicómica del joven republicano al
que salva su origen ferrolano de ser ejecutado. Ingresa en Falange para no pudrirse en la
cárcel, ocupando en un año cargos de responsabilidad, hasta el punto de que, al terminar
la guerra, forma parte de la Jefatura del Movimiento. Redactor del diario
"Arriba", ejerce como profesor de Bachillerato y de Historia en la Escuela de
Guerra. Quince años después es castigado por solidarizarse con los mineros asturianos en
huelga, lo que le acarrea la pérdida de todos sus cargos. Entonces parte a los Estados
Unidos, donde es contratado como profesor de literatura española en la Universidad de
Albany. Tal es el itinerario de aquel joven licenciado que escribía a los dieciocho años
en "La Tierra", el diario anarquista de la CNT. Con todo, hombre de inamovible
fe en la cultura, Torrente Ballester dedicó lo mejor de sus energías al estudio, la
crítica y la práctica de la literatura.
Al tiempo que Torrente Ballester servía al Movimiento Nacional con
obras de orientación ideológica durante los primeros años de postguerra, redactando
textos de Formación del Espíritu Nacional para jóvenes, publicaba obras dramáticas
poco representadas y con escaso éxito. Teatro fue su exclusiva producción literaria
entre hasta 1943, año en que publicó su primera novela, "Javier Mariño (Historia
de una conversión)", prohibida por la censura a los veinte días de su aparición en
librerías. En 1957 inicia su trilogía "Los gozos y las sombras" con la
publicación de "El señor llega". La fortuna de la trilogía, completada por
"Donde da la vuelta el aire" y "La Pascua triste", fue idéntica:
buena acogida de la crítica y de un público minoritario. Veinte años después, un
equipo de realización tuvo la ocurrencia de llevar a la televisión "Los gozos y las
sombras" en una serie por capítulos que alcanzó un éxito inmediato, refrendado en
las librerías durante 1982.
La trilogía es un depurado ejemplo del realismo predominante en los
años cincuenta (Ferlosio, Delibes, Aldecoa), ambientado en el momento histórico de la
República, que, sin adentrarse por vericuetos de novela histórica, muestra un
sorprendente mosaico de relaciones sociales y tipos psicológicos de la época en una
pequeña ciudad industrial. Esa línea de realismo literario se encuadra en la tradición
iniciada por la generación del 98, que los escritores españoles de postguerra
reivindican y hacen evolucionar. "Los gozos y las sombras" son un ejemplo de la
enorme importancia que los medios audiovisuales tienen para la literatura en la
actualidad. Así Torrente Ballester pasó de oscuro literato a escritor de moda aclamado
por el público. Pero sus obras más importantes ya habían visto la luz:
"Off-side" y, sobre todo, "La saga-fuga de J. B.".
"La saga-fuga de J. B." debe ser considerada la ficción más
ambiciosa de la literatura española del siglo XX y la novela más significativa (junto a
"El Jarama" de Rafael Sánchez Ferlosio y tal vez "La colmena" de
Cela) para todo el periodo de la dictadura. La novela es un rarísimo ejemplo de síntesis
entre tradición y experimentalismo, por lo que merecería ser comparada con el
"Ulises" de Joyce. Una crítica audaz señalaría que se trata de una novela
surrealista equiparable en monumentalidad a la obra de Dalí. Pero si nos atenemos más a
la letra, hallaremos que se trata en realidad de una "novela espiritista", en
sentido estricto: es decir, la narración de cuatro o cinco destinos que se desarrollan en
el tiempo a través de sucesivos personajes, al hilo de la incesante reencarnación de una
misma trama que se prolonga por los siglos. Es pues el relato de la metempsicosis de
ciertos arquetipos locales (no universales) a lo largo del tiempo histórico. Tales
arquetipos (masculinos y femeninos) son más que nada, antes que nada y nada más que
arquetipos literarios.
El relato comienza con unas pocas páginas de realismo costumbrista: el
despertar de una pequeña ciudad, Castroforte del Baralla, casi un pueblecito, en un día
cualquiera pero en el momento justo en que dos sucesos inesperados y transcendentales
quiebran su cotidianeidad: la desaparición del Cuerpo Santo (una reliquia milagrosa que
se conserva en el lugar) y la huida por el río de las manadas de lampreas, que
caracterizaban sus riberas y "daban de comer a los pobres". Sigue a
continuación un extenso poema, a la manera de las baladas medievales, en que se expone
una leyenda cristiana empedrada de elementos mágicos y paganos. Tal es el incipit o
prólogo introductorio de "La saga", que da paso al "Manuscrito o monólogo
de José Bastida", en el cual se da cuenta -en primera persona- de quién es este
personaje: un misérrimo profesor particular que vive extremas condiciones de pobreza en
una pensión , "la fonda del Espiritista", pero que es admitido en la tertulia
del casino, junto a los más ilustres personajes de Castroforte. Entre reflexiones sobre
su situación material y sentimental, Bastida relata los sucesos que dieron pie para la
formación de un "club de caballeros", a raíz del intento de suprimir la
antigua estatua de un almirante, el almirante Ballantyne, por parte del Ayuntamiento y las
reacciones que esto provocó, incluidas las autoridades eclesiásticas del lugar y de la
época, que es algún momento de la primera postguerra española. La mayor parte de este
enorme capítulo adopta el tono erudito de una investigación histórica especializada,
cuyo tema es una antigua logia desaparecida. Dicha logia, denominada "los caballeros
de la mesa redonda", se presenta a veces como un círculo de conspiración liberal y
otras como una simple tertulia de provincianos; además, los episodios que conforman su
leyenda, se entremezclan a la historia del siglo XIX en ese preciso contexto geográfico
que es Castroforte del Baralla. Tal tertulia o logia o club de caballeros es el que
pretende resucitar un grupo decidido y curioso de castrofortinos hacia 1940 ó 1945, como
frente de oposición , en primera instancia, a la desaparición de una vieja estatua, pero
también para dar continuidad a una oscura tradición.
Como tal estudio especializado, el manuscrito de Bastida abunda en
teorías historiográficas, exhumación de documentos y epistolarios, actas, viejas citas
bibliográficas, numerosas hipótesis, no pocas teorizaciones psicologicistas (traídas al
pelo desde prestigiosas universidades internacionales por no menos prestigiosos, aunque
desconocidos, profesores y psiquiatras) y más numerosas aún interpolaciones y
digresiones. Entre todo lo cual él mismo da a conocer sus propias disposiciones para la
filología, la crítica literaria y la lírica, en cuyo género Bastida es creador de un
nuevo lenguaje, del todo desconocido hasta el momento. Este lenguaje hace pensar en las
disposiciones lúdicas de la literatura que tanto hizo resaltar Julio Cortazar con muchos
de sus textos.
"Mátira cóscora látura cal / torcalirete, turpolireta /
lámbrica múrcula séxjula vísculo son / torcalirete frindela mu you / Matira múrcula
sexjula vim / torcalirete, turpolireta / sóculo, mórmoro latura pil / turpolireta
gascunda mulir". Así comienza el romance de Bastida, dedicado a una tuerca y un
tornillo de diferente calibre, que el destino hace coincidir, para mejor dialogar y
lamentar su amor imposible.
La segunda parte del libro lleva por título "Guárdate de los Idus
de Marzo" y nos muestra al club de caballeros de la mesa redonda plenamente
reconstituido y nos cuenta al detalle sus actividades en presente, es decir, en el tiempo
que Bastida escribió su manuscrito o entonó su monólogo... Y es entonces cuando se nos
revela, a través de casualidades y misteriosas coincidencias, debidamente interpretadas,
entonces se nos muestra, en los perfiles de esos personajes y en los sucesos que
protagonizan , una suerte de trama transhistórica o argumento que se repite y se
continúa de un siglo a otro, reflejado en analogías, rivalidades, hechos sobresalientes
de repercusión colectiva para el cerrado mundo social de Castroforte y también sucesos
íntimos de evidente significación psicoanalítica: amores y odios que parecen responder
a las mismas claves ancestrales.
Mientras tanto, toda la construcción historiográfica de Bastida se
somete a revisión y se enriquece con nuevos datos y puntos de vista. También aparecen
los primeros textos en el estrafalario y musical idioma inventado por este sorprendente
intelectual que resulta ser J.B. o uno de los J.B. que forman la saga descubierta por el
mismo Jose Bastida.
El último y no menos voluminoso capítulo de la obra se titula
"Scherzo y fuga": en él se da una visión histórica de mayor amplitud sobre
Castroforte del Baralla: se nos desvela su pasado medieval y sus orígenes paganos; el
peso específico que la Iglesia como institución ha tenido en su existencia, la leyenda
mágica que la convirtió en una población importante y aparecen de nuevo personajes que
son antecesores de los ya reseñados enla novela y con los cuales forman un mismo destino
prefigurado de generación en generación... Es evidente que el papel de la Iglesia ha
cobrado de nuevo en Castroforte un renovado poder, aunque no siempre puede salirse con la
suya.
Los elementos mágicos del paganismo celta y la tradición mistérica
cristiana se entremezclan con el oscurantismo clerical y la mixtificacion
masónico-liberal, es cierto, pero siempre a la luz del racionalismo científico y la más
rigurosa erudición. Por encima o por debajo vagabundea o trastabillea un erotismo
soterrado, irónico, sensual, barroco y clandestino, a veces sofocado, a veces bucólico,
a veces retorcido y a menudo lírico. La atmósfera de todo el libro sólo puede
calificarse de surrealista. El tono narrativo, absolutamente homogéneo, con ritmos
perfectamente modulados, hace pensar en las formas de "libro-río" o
"río-narración".
Creo que ha sido Jesús Ferrero quien resaltó la fuerte presencia de la
narración verbal en la literatura de Torrente y, en efecto, al leer "La
saga-fuga" parece que nos están "contando una historia" de viva voz y no
en balde el primer capítulo se llama , indistintamente, "manuscrito o
monólogo" (a lo cual no debe ser ajena la práctica frecuente de Ballester de dictar
o grabar en magnetófono sus narraciones), pues el hilo del relato es el de alguien que ha
echado a hablar en forma reposada y amena, para no dejar de hacerlo a lo largo de
seiscientas páginas.
Alguien ha escrito que "La safa-fuga de J.B." no era más que
un homenaje o una imitación de "Cien años de soledad" y del realismo mágico
que García Márquez dio a conocer con esa obra. Quisiera mostrarme en desacuerdo con esta
opinión para significar no sólo que el mundo de Castroforte del Baralla es más
hermético que Macondo (pese a las selvas evanescentes que le rodeaban ), sino que J.B.
pertenece a una vena literaria que entronca más directamente con el surrealismo y hace
evolucionar esta tradición estética europea, mientras "Cien años de soledad"
resulta más novedosa o más "innovadora" en cuanto que parece descubrir
América (incluido Juan Rulfo) para la sensibilidad intelectual del siglo XX. Pero
"La saga fuga de J.B." es más experimentalista, más densa y contiene más
apuestas y de mayor riesgo formal o técnico. Parece que estas afirmaciones me obligarían
a ponderar las cualidades de la novela de Márquez (fuerza expresiva, ritmo narrativo,
eficacia poética), pero no creo que esto sea necesario, francamente.
En la fecha de su muerte, un periódico de tirada nacional publicaba la
foto de Torrente Ballester junto a Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales, Rodrigo Uría,
Dionisio Ridruejo, Pedro Laín Entralgo y Antonio Tovar. También publicaba otra foto con
Jorge Luis Borges en Sevilla, con la Giralda al fondo. En las necrológicas del momento se
recordaba su amistad con Gerardo Diego, que mantuvo alguna relación con Aleixandre, que
se encontró algunas veces con Alberti, que le unía una profunda relación con Dámaso
Alonso y que Camilo José Cela contestó su discurso de ingreso a la Academia: "El
novelista y su arte".Francisco Umbral reseñaba el interés de la obra de Torrente
como ensayista y crítico: "El Quijote como juego ", "Los cuadernos de un
vate vago", "Antecedentes históricos de la subversión universal " o
"Panorama de la literatura española contemporánea".
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