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Paraíso neolítico, paraíso desigual

por Anna Blasco

Paraíso neolítico, paraíso olvidado

Hacia los años veinte de nuestro siglo ya se conocían en Cataluña un buen número de hallazgos con relación a la Cultura de los Sepulcros de Fosa. Poco antes de 1920, Bosch Gimpera ya había llamado la atención sobre la presencia de un grupo notablemente homogéneo que creyó una extensión de la cultura de Almería. Desde entonces, la tradición bibliográfica catalana ha consagrado un buen número de tópicos respecto a este tema. En 1962, en un libro emblemático, "Les Arrels de Catalunya", Tarradell definió las características del grupo de la forma siguiente:

"Foren el primer grup que a Catalunya abandonà, d'una manera decidida, les coves com a casa i establí els primers pobles (...). El fet que les tombes siguin sempre pràcticament iguals, i les ofrenes també, fa pensar en una societat molt igualitària, sense diferències socials marcades.(...) no hi ha dubte que és un dels grups prehistòrics que se'ns presenta amb més personalitat..." (Tarradell, 1991:71-80).

Tarradell atribuía una gran importancia a este grupo cultural ya que los consideraba los artífices decisivos de la revolución neolítica en Cataluña, els primers pagesos del plà, según sus propias palabras (ibidem: 72). Muy poco después, en el 65, tras una ardua y rigurosa investigación Ana Mª Muñoz mantenía una visión similar pero ampliada sobre el grupo, resaltando igualmente su "gran personalidad", su carácter netamente agrícola y pacífico. La gran abundancia y dispersión de hallazgos hizo pensar, además, a esta autora en una cierta "prosperidad" del grupo junto a una relativa "densidad" de población, "sobretodo en las áreas donde los ajuares de las tumbas denotan una riqueza" (Muñoz, 1965:318).



Para Muñoz,

"esta prosperidad se podría deber a que estas gentes estaban en posesión de unos adelantos de tipo técnico y social relativamente evolucionados: conocimiento de la agricultura y la ganadería, gran habilidad en la talla del sílex y pulimento de la piedra y hueso, elaboración de una cerámica de buena calidad y tipología variada, en el aspecto técnico. Creencias de tipo espiritual elevado, como la supervivencia postmortem; organización de la vida en poblados con agrupaciones en familias o tribus, regidos por una autoridad, para un mejor desarrollo y conservación de los bienes obtenidos con el esfuerzo de la comunidad." (Ibídem: 318).

Esta idílica visión de la cultura de los Sepulcros de Fosa como una sociedad próspera, pacífica e igualitaria se ha mantenido largo tiempo en el panorama arqueológico catalán de manera mimética, aparcada en una especie de dorado ostracismo justificado por la prolongada ausencia de novedades en el registro. En realidad, y a pesar del notable impacto del descubrimiento del Complejo Minero de Can Tintorer (Gavà, Bercelona) en 1978, no es, prácticamente, hasta la década de los noventa cuando empiezan a leerse trabajos que reivindican una mayor complejidad para estos grupos, cuestionándose, ya abiertamente, su supuesto carácter igualitario (Edo et alii, 1995; Martín y Villalba, en prensa; Blasco et alii, 1996).

El mantenimiento durante tantos años de aquella apacible imagen de "paraíso igualitario" para los Sepulcros de Fosa no es, en modo alguno ni local ni casual. Recientemente, un colega francés ha llamado la atención sobre una situación idéntica a la descrita, observada en el propio seno del Chassey meridional, cultura neolítica contemporánea los Sepulcros de Fosa. Dice Beeching:

"Concernant le Chasséen, (...) la concepcion habituellement retenue, (...) est celle d'une homogénéité et même une unité en matière de niveau technique, de statut économique et d'organisation sociale (...). Cette vision largement partagée (...) semble décrire une sorte d'Age d'Or du Néolithique, d'optimum de ce stade éconómique. Une société de type égalitaire d'auto-subsistance est égalment implicite même si on a pu parfois évoquer une 'tombe royale' a S. Michel-du-Touch, un 'commerce' de l'obsidianne (...) ou même du silex blond (...). Mais l'idée de société hierarchisé, parfois évoquéee, n'a pas connu de développement particulier." (Beeching, 1991:327-328).



La imagen de "Edad de Oro" que sugiere Beeching es plenamente acertada para los Sepulcros de Fosa y el Chassey pero lo es igualmente para una gran mayoría de los grupos adscritos al Neolíticos Pleno en toda Europa. Constituye, a nuestro entender, una suerte de falso paradigma procedente de la más pura tradición histórico-culturalista. Las citas referidas, ilustran bien el contenido del paradigma que ha podido mantenerse hasta nuestros días gracias al generalizado solapamiento teórico que se observa frecuentemente en la consideración histórica de estos Neolíticos "avanzados". Este solapamiento se concreta, como bien señala Beeching en una evidente falta del desarrollo de estudios socioeconómicos sobre el tema.

Parece, finalmente, que ha llegado el momento de poner un granito de arena en el vacío teórico que ha frenado durante años el desarrollo de los estudios de corte socioeconómico para los neolíticos "avanzados" y cuestionar seriamente esa especie de Edad de Oro de Igualdad, postulada durante tanto años para el Neolítico Pleno.

 

Las barbas de tu vecino

La consideración de los Segundos Neolíticos como un mero apéndice evolutivo de la primera implantación de las sociedades agrícolas, en el sentido a que hacíamos referencia anteriormente, es palpable en diversos grados en las síntesis globales sobre el Neolítico europeo.

Como ejemplo citaremos una obra importante por la vocación social de sus planteamientos. Nos referimos a la Prehistoria de Europa de Champion, Gamble, Shennan y Whittle (1984). En esta obra se aprecia claramente cómo el tratamiento de los Neolíticos Plenos se realiza de forma ambigua y diluida, englobándolos confusa e irregularmente, entre las primeras sociedades agrícolas y el Calcolítico.

La dificultad de tipificar socialmente a estos grupos se halla en el trasfondo de estos enfoques sesgados.

No obstante, para ilustrar la posible diversidad de situaciones y desarrollos sociales en el seno del Neolítico, los autores citan algunos ejemplos del este europeo como serían los que hacen referencia a los cambios detectados en la planificación de diversos asentamientos de Grecia (Sesklo, Dimini en Tesalia) cuya jerarquización y transformaciones arquitectónicas indicarían la existencia de diferenciación social. Del mismo modo, en diversos yacimientos del nordeste de Bulgaria, como Polyanitsa y Ovcharovo, se infiere, igualmente, un proceso de jerarquización de los mismos con anterioridad al Calcolítico. Según estos autores, los asentamientos más amplios y de mayor perduración fueron los que disfrutaron de mejores tierras y la posibilidad de una producción excedentaria. Se observa una tendencia generalizada a la aparición de centros regionales que controlarían las redes rituales y de intercambio. Tanto la especialización artesanal como el propio intercambio estarían muy desarrollados Los autores concluyen que "las diferencias sociales podrían estar enmascaradas parcialmente en el ritual, que actuaría como mecanismo compensador de la distancia social."

La importancia creciente en el control de los rituales y sistemas de bienes de prestigio como formas de legitimación de asimetrías sociales en sociedades segmentarias de linaje patrilineal esta presente en otros trabajos referidos al norte de Europa.



Tilley, en su examen del Neolítico Pleno del sur de Suecia, opina que el registro proporcionado por los contextos funerarios de la cultura TRB, megalitos, ajuares, formas y decoraciones cerámicas, sugieren una necesidad cada vez mayor de enmascarar desigualdades internas por parte del grupo que ostentaría el poder social (Tilley, 1984). Para Tilley, que sigue a Meillasoux, el énfasis en los procesos que explicarían los orígenes del control social se sitúa no sólo en el control de la producción sino especialmente en el control de las capacidades reproductivas, la función ritual/social i el intercambio. Tilley utiliza un concepto muy sugerente, el de "capital simbólico" que vendría a ser el resultado de la conversión final de excedentes económicos en bienes de prestigio personal. Las contradicciones derivadas de la apropiación continua de estos bienes para consumo ritual/social habrían socavado finalmente las bases de aquellas sociedades segmentarias.

Kristiansen realiza un análisis similar, de corte neomarxista, para el Neolítico Medio danés, en el cual enfatiza especialmente un aspecto del modelo de Friedman, el sistema de bienes de prestigio. En este caso, un objeto preciado y escaso, las hachas de sílex y sus contextos asociativos, ejemplifican, para este autor, el enlace entre la producción, el intercambio y el ritual en una estructura única. Su posesión implicaría un aumento creciente de prestigio que se traduciría en control ritual/social a la vez que ilustraría materialmente cómo el excedente entraría a formar parte de los sistemas locales de prestigio basados en alianzas e intercambios (Kristiansen, 1984).

En otros puntos de Europa, diversos autores han llamado igualmente la atención sobre la "complejidad" de los neolíticos plenos y su capacidad de producción excedentaria.

En la Italia meridional y Sicilia se ha observado que los momentos álgidos de producción e intercambio de obsidiana coinciden con la generalización de asentamientos fortificados a excepción de Calabria y Lípari, que son justamente los lugares donde se materializa esta producción Los fosos que rodean estos poblados del Neolítico italiano se han explicado de diversas maneras (depósitos de agua, estructuras de drenaje, protección y control del ganado, marcadores de territorio) pero, el caso del foso-trinchera de Stretto-Partana, dadas sus características monumentales, merece una consideración aparte (Tusa, 1991).

Esta obra, presenta unas dimensiones insólitas (13 metros de profundidad excavados en la roca) que se alejan notablemente de la media de los poblados ápulo-materanos (3 metros de anchura por cuatro o cinco de profundidad). Aunque todavía se está lejos de entender cuál era la función de esta obra de construcción, Tusa concluye que tanto ella como el complejo ergonómico que se une y el aspecto general que se infiere de los asentamientos reseñados, sugieren, no sólo la plena adquisición del modelo agro-pastoral neolítico sino que vienen a insinuar la existencia de una sociedad bastante compleja con una estructura productiva capaz de drenar eficazmente recursos hasta el punto de crear excedentes alimentarios que mantendrían actividades no directamente productivas, como la propia excavación de fosos-trinchera y el intercambio de materias primas como la obsidiana (ibídem).

En la Europa occidental las implicaciones del espectacular desarrollo del megalitismo atlántico suscitan, con más claridad si cabe, consideraciones idénticas. Son bien conocidos los trabajos de Renfrew sobre la construcción de recintos megalíticos en Wessex a fines del Neolítico. Según sus estimaciones, el levantamiento de grandes henges como el de Silbury Hill, requirió necesariamente de una autoridad que controlara los trabajos y dirigiera un contingente humano de gran envergadura cuya movilización resultaría difícil entender si no es en el seno de una sociedad jerarquizada (Remfrew, 1973).

Otro tanto puede decirse respecto al megalitismo atlántico francés. Joussaumme cuestiona abiertamente que toda la población de una comunidad tuviera derecho a enterrarse en un mismo dolmen de forma paritaria. Su argumento es el siguiente:

"Nous avons dit qu'il fallait environ 200 persones pour déplacer la table du dolmen F1 de Bourgon et probablement le double pour déplacer celle du dolmen A de cette même nécropole, ce qui represéntait des populations de mille à trois ou quatre mille individus. Il semble impensable qu'un seul dolmen pût recevoir tous les morts d'un tel groupement humain" (Joussaume,1985).

Este autor sugiere que, aunque otros dólmenes estuvieran funcionando como necrópolis al mismo tiempo, los monumentos mayores estarían, por tanto, destinados a familias con una posición relevante. En consecuencia, "on peut penser, effectivement, que la société agro-pastorale qui est a l'origine de ces constructions était relativement hierarchisée" (ibídem:124).

Otro especicialista en construcciones megalíticas, Claude Masset, en un análisis detallado tanto de las técnicas arquitectónicas como de las prácticas rituales llama la atención sobre la necesaria formación de un artesanado experto en diferentes áreas: arquitectos especializados en la organización del transporte y colocación de las grandes lajas; albañiles capaces de levantar los saledizos, carpinteros, cordeleros, geómetras... (Masset, 1993). Este autor concluye que la sociedad que evoca todos estos especialistas no puede ser simple y advierte que la apariencia igualitaria de las sepulturas neolíticas puede ser engañosa y estar enmascarando algún grado de jerarquización.

Justo en el extremo contrario, el noreste de Francia, Pétrequin y otros colegas, han llamado la atención acerca de las implicaciones sociales de la circulación de hachas de piedra pulimentada procedentes de las canteras vosguianas. Estos autores señalan que el momento álgido, durante el Neolítico, del intercambio de este bien de prestigio, coincide con la jerarquización de asentamientos en la Brecha de Belfort y la fortificación de algunos de ellos en un contexto claro de competencia y control social materializado en la restricción de acceso a las canteras de Plancher-les-Mines y en el dominio de las redes de intercambio. (Pétrequin et alii., 1993). Dentro de este marco, Pétrequin aboga, en contra de la opinión tradicional, por interpretar algunos de los enterramientos de Mont Vaudois como pertenecientes a personas relevantes de la comunidad "they could (...) have been the tombs of privileged men who controlled the political management of the quarries without themselves being specialist." (ibídem:57).

Finalmente, nos interesa concluir este repaso de las culturas europeas paralelizables, socialmente, con los Sepulcros de Fosa en nuestro vecino más próximo, el Chassey meridional, cuya fuerte interacción con los Sepulcros de Fosa no ha sido nunca discutida.

En base a un importante estudio de territorio sobre el valle del Ródano, Beeching propone la existencia de una jerarquización de asentamientos que se estructuraría alrededor de los grandes yacimientos de llanura (Beeching, 1991). Según su hipótesis, existe suficiente evidencia en el registro para suponer que estos lugares tendrían un carácter excepcional, "place centrale du territoire régional, de status différent des villages et micro-aires qui le composent, lieu de concentration d'activités spécifiques et rituelles, centre funéraire, peut être économique et politique" (ibídem:338). Para este autor, la emergencia de estos vastos asentamientos con preeminencia y posible control territorial, representaría un fenómeno característico del IV Milenio antes de cristo cuya comprensión no puede desligarse de las interpretaciones implicadas en los complejos funerarios que se les asocian. Ciertamente, el número de enterramientos conocidos en el Chassey es todavia escaso pero lo suficientemente significativo para avanzar nuevas hipótesis. A la vista de los complejos sepulcrales del valle del Ródano (St.-Paul-Trois-Châteaux, Le Gournier...), Beeching observa un acceso selectivo y jerárquico a los mismos (Beeching, 1991:337). En su opinión, "existen suficientes indicios para suponer una jeraquización de tipo vertical, desligada de las clases de edad y sexo. De hecho, en el registro actual de inhumados "principales" revela una supremacía del sexo femenino" (ibídem, 337-338).

En definitiva, y a pesar de que diversas interpretaciones son posibles, existen suficientes bases para plantear el abandono de la organización igualitaria en el seno de la sociedad chaseense. Beeching señala la explotación del sílex como una de las posibles causas que explicarian la aceleración de los cambios en curso puesto que podría haber impulsado la innovación tecnológica y engendrado una estratificación social (ibídem:339). Ciertamente, tanto la manufactura como la circulación de materias primas (incluidos bienes de prestigio), conoce en estos momentos un auge espectacular con el desarrollo de producciones masivas y sistemáticas cuyo intercambio plantea fuertes implicaciones culturales tanto de carácter económico como simbólico (ibídem:331). Beeching pone el dedo en la llaga al señalar que todos los fenómenos reseñados aplicables al Chassey meridional pueden hacerse extensivos a las entidades vecinas contemporáneas. "Il ne s'agirait donc pas à propement parler de trait culturels spécifiques, mais de manifestations d'un état de civilisation, d'un stade culturel commun." (ibídem:331).

Esta reflexión nos permite llegar, pues, al final de uno de los aspectos de nuestra argumentación. Aunque en Europa se conocen más ejemplos que los citados para cuestionar el supuesto igualitarismo de una buena parte de los Segundos Neolíticos, creemos haber aportado un número suficiente de datos que plantean claramente la necesidad de encontrar un espacio social propio que describa con más acierto diversas situaciones neolíticas que comparten un denominador común: desarrollo de relaciones sociales asimétricas en el marco de sociedades campesinas consolidadas capaces de haber obtenido excedentes de los recursos disponibles y haberlos invertido en la creación de sistemas de bienes de prestigio y rituales con mayor o menor grado de complejidad. Independientemente de la plasmación material concreta, más o menos espectacular y/o sofisticada de cada grupo, estamos convencidos que es plenamente factible sugerir la existencia de ese espacio social común a diversas culturas europeas bastante antes de la aparición de las sociedades metalúrgicas de la Edad del bronce, en cuyo seno se acepta, tradicionalmente, la emergencia de la desigualdad social.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Última actualización: miércoles, 30 de agosto de 2000

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