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Oswaldo Guayasamín: La Edad de la Esperanza por
Óscar Jara Albán
Pablo Neruda decía que los
nombres de Orozco, Rivera, Portinari, Tamayo y Guayasamín forman la cordillera de los
Andes de la pintura del continente Americano.
Será también por eso que Oswaldo Guayasamín (Quito 1919-1999)
incorporó a su iconografía los volcanes, como fuerza de la naturaleza que acompaña al
dolor de cenizas de los habitantes de esas cordilleras.
La muerte le encontró a Guayasamín trabajando, como le encontraban los
amigos y los periodistas. Su traje de recibir visitas era un viejo jersey azul, pantalones
de fontanero a juego, y alpargatas de esparto, todo el conjunto manchado de gotas de
pintura. Su lugar preferido para hablar era su amplio taller. Hablaba y daba pinceladas,
tenía prisa, quería inaugurar la Capilla del Hombre, su museo en la Mitad del Mundo.



El ser octogenario no le había quitado vigor ni ilusiones: "Estar
en la tercera edad pictórica como yo es estar en una edad madura pero no
vieja" me decía en una de las últimas entrevistas que concedió. Dividió su obra
en etapas vitales. A la primera la llamó la Edad de la Ira, donde sus dibujos y
colores hablan del desgarro del indio americano y de un paisaje abrupto, signo de
conciencia cultural y denuncia. Esta fuerza violenta dejó paso a la Edad de la Ternura,
vínculo de la madre y de los hijos que fue el eje de su trabajo como forma de redención
de las relaciones humanas. En sus últimos años decía encontrarse trabajando en la Edad
de la Esperanza, la síntesis de todos sus conocimientos técnicos y de su experiencia
vital. Tres etapas desarrolladas en trabajo de seis décadas que reúnen más de 6.000
cuadros -"casi toda mi obra está en el extranjero, porque la burguesía criolla no
paga tanto a un indio"- y murales de gran dimensión, como los de la sede de la
UNESCO, y polémicos como el del palacio legislativo del Ecuador, donde comparó a la CIA
americana con los nazis.
La muestra que recorre España es representativa de estas etapas de
Guayasamín. La obra destinada a la Capilla del Hombre es también una exaltación al
hombre de América Latina, a los que habitaban allí y a los que llegaron para quedarse.
Ha empezado con el Sol que era y es un dios unificador, a pesar de la piel católica. Ha
seguido con el encuentro de las culturas europeas y termina con el mestizaje. Es una
reunión artística sin una organización histórica ni cronológica, lo que busca son los
puntos sobresalientes, las aristas que dan contorno al "mestizo árbol
americano" como le gustaba decir.



Esta exposición es también la confirmación del vínculo que tenía
Guayasamín con España. En su primera visita a la Península plasma siete cuadros con el
sufrimiento de las viudas de la guerra civil, y decide que sean siete, pues no hay un día
de descanso en las semanas de tragedia. Con esta obra gana el primer premio de la Bienal
de Pintura de Barcelona en 1958. A partir de entonces, sus visitas fueron continuas y su
obra se encuentra diseminada por todo el país, incluyendo el mural del aeropuerto de
Barajas que ganó en concurso, y los retratos hechos a personalidades de las artes, como
Juan Ramón Jiménez, o de la política, incluyendo a los reyes Juan Carlos y Sofía,
porque si Guayasamín fue un cronista plástico también fue un maestro retratista, y la
gran confirmación de esto es el reconocimiento del Museo de los Ufizzi, que ha colocado
un autorretrato suyo en una sala donde se alojan autorretratos de Rembrandt, Leonardo,
Rafael, y sólo tres artistas latinoamericanos: el uruguayo Torres García, el mexicano
Orozco y Guayasamín.
La obra de Oswaldo Guayasamín que nació en Quito, en la Mitad del
Mundo, es una exposición que atrae, que invita a la reflexión, que no deja indiferente a
nadie. En esta muestra podemos comprobar lo que el artista decía: "Mi pintura es de
dos mundos. De piel para adentro es un grito contra el racismo y la pobreza; de piel para
fuera es la síntesis del tiempo que me ha tocado vivir".
GUAYASAMÍN: LA OBRA. fue expuesta en la sala de Exposiciones
Museísticas de Caja Sur, en Córdoba, del 10 de marzo al 15 de abril de 2000.
Se expone en Sevilla en mayo y junio; en Málaga en julio y agosto,
y en el Museo de América de Madrid en septiembre y octubre de 2000.
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Texto, Copyright © 2000 Óscar Jara Albán.
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