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Hal Sirowitz, Mother Said

por Albert García Elena

Se dice que Dalí creó el famoso "método paranoico-crítico" (que por alguna razón a mí me recuerda tanto a "cursillo de corte y confección"), para sistematizar sus obsesiones como método de inspiración artística. En realidad (lo escribo ahora que ya no pueden volver a suspenderme ningún examen por ello) Dalí no hizo más que poner nombre a algo que, como mínimo, y en nuestra tradición, ya habían hecho seres humanos tales como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Pues bien, Hal Sirowitz, un autor tan aclamado y popular en los Estados Unidos como prácticamente desconocido fuera de ellos, hace exactamente eso: abre un agujero en la zona oscura de sus miedos para extraer de ella unos cuantos elementos recurrentes, los pone encima de la mesa, los combina y obtiene como resultado un producto altamente refinado: un fantástico libro de poemas. Punto. Pero aquí hay que hacer diversas consideraciones. En primer lugar, Sirowitz juega con una ventaja casi definitiva en lo que se refiere a la exploración de sus obsesiones: Hal Sirowitz es judío. The Real McCoy. Así que para él, jugar con los sentimientos de culpabilidad con respecto a la madre (el topos principal del libro) es como pedirle a una danesa que haga un esfuerzo en tener buen gusto a la hora de escoger su ropa interior. No es necesario; su naturaleza se lo dicta.



Sirowitz es consciente de ese filón (no el de las danesas, se entiende): El humor judío de la mano del sentimiento de culpabilidad deuteronómico, hasta el punto que su libro se llama así, Mother Said. La metodología de muchos poemas causaría estragos en el ego de muchos profesores universitarios por su simpleza estructural: a partir de un comentario aparentemente trivial de la madre, a lo largo de unos raíles sutilmente irónicos y punzantes, los versos van cambiando de vagón hasta llegar a un punto en que el hijo no tiene más remedio que saltar del tren en marcha y dejar a la madre sola para apuntillar el poema con un verso "lapidario". Esa palabra es aquí realmente importante porque la mayoría de los poemas dejan un sabor extraño, similar a lo que sería un epitafio (la muerte es otro de los topos importantes del libro):

NEWS OF MY DEATH

If you stay over at some girl's house,
Mother said, call me up, & give me
her phone number. If I happen to
drop dead, I want you to hear about it
from someone in your family, instead
of finding out about it by reading
some obituary in The Daily News.
You can bring her to the funeral too,
if she wants to go, but you should
go home first, & change your clothes.
Be sure to wear a black jacket & tie.
Take care of your father, & make sure
he doesn't drop dead too, worrying
if you're still alive. And if I
only happen to get a heart attack,
& want you to visit me in the hospital,
I promise not to embarrass you when I call
by telling her that I'm your mother.
I'll just say that I live next door to you.

Por tanto es inevitable mencionar aquí como referente (más como punto de anclaje metodológico que como influencia real) el libro "oficialmente" más influyente e importante de la poesía del siglo XX en los Estados Unidos: la Anthology of Spoon River, de Edgar Lee Masters. Unos 250 poemas-epitafio que constituyen un monumental kaddish de la cultura protestante norteamericana. Pero el tono de Sirowitz es completamente diferente. Sirowitz es uno de los pocos autores que puede hacerte reír con sus poemas. Para ello son especialmente adecuados los poemas cortos que el libro contiene y que tienen como tema principal el amor/sexo adolescente:

ALWAYS GIVING COMMANDS

She bit my ear, & said, "Fuck me"
But that’s what I thought I was doing.

 

THE MORNING AFTER

When I opened the shades
I remember God saying,
Let there be light,
& there was light,
so I said to her, Let’s
not break apart, & she said,
Give me time to think about it,
I can’t make fast decisions.

De hecho algunos de los poemas son auténticos gags de comedias de situación, o pequeños monólogos perfectamente intercalables en cualquier película de Woody Allen o episodio de Seinfeld. Pero su humor puede llegar a ser incluso más inteligente, con más profundidad de campo. De hecho, en algunos casos los poemas de Mother Said llegan a tener una "densidad de verdad" realmente inquietante, y es que la idea subyacente a todo el poemario podría resumirse con aquella frase de Bert Hellinger, "el mero hecho de tener padres demuestra que no somos libres". Uno acaba preguntándose qué hubiera hecho Freud si hubiera leído el libro (o mejor incluso, si hubiera leído otro de los libros de Sirowitz que explora con mayor ironía el campo del psicoanálisis y los charlatanes de 100 dólares a la hora: Therapist Said: Seguramente Freud no se lo hubierta tomado muy bien. Hubiera sentido la irrefrenable pulsión de ser bañado en la lluvia dorada de sus propias lágrimas. Nosotros podemos conformarnos con llorar con Sirowitz, pero de risa. Una risa que a los herederos de la cultura judeocristiana nos deja con un regusto extraño y por tanto, tan familiar.

En definitiva: Mother Said es uno de esos libros de los cuales guardamos unos cuantos ejemplares para regalar a la gente. Pero ni se os ocurra tener la brillante idea el día de la madre.

 

 

Texto, Copyright © 2000 Albert García Elena. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: miércoles, 30 de agosto de 2000

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