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Emilio Coello: "Tenemos que aprender mucho de
los instrumentistas pues son ellos los que sufren nuestra música" por
Manuel Barón
Madrid es, entre otras mil cosas,
una ciudad de ilusiones. Ilusiones que traen, a espuertas, tantos y tantos jóvenes que
llegan a esta ciudad con ganas de comerse el mundo. Los que sobreviven y logran hacerse un
sitio lo consiguen, sobre todo, a base de cambiar ilusión por trabajo, mucho y muy duro,
y con el tiempo agradecen que el mundo no se les haya comido.
Emilio Coello es uno de esos supervivientes. Llegó a Madrid con 19
años y un petate, y no solo consiguió sobrevivir, sino logró también hacerse un sitio
en la profesión que, en algunos casos, como en la música, no es nada, pero que nada
fácil. Y todavía le queda ilusión.
Acabamos de comer en un restaurante que no sabría cómo calificar (un
Vips), y estamos tomando café en una terraza de La Gran Manzana (en Alcobendas). Hemos
charlado amistosamente en la comida, que insistió en pagar él y, en este ambiente,
pretendemos conocer algo más acerca de nuestro entrevistado.
MANUEL BARÓN - Háblanos algo de tu pueblo, de tu
familia.
EMILIO COELLO - Creo que fui gestado en Candelaria, al
sureste de Tenerife. Entonces era una época de emigración, y mi padre trabajaba en
Holanda. Mi madre vivía con mis abuelos paternos, pero como casi todas las mujeres quiso
dar a luz cerca de su madre, que vivía en Granadilla, y por eso nací allí. Pero toda mi
infancia fue en Candelaria. Mi familia se ha dedicado siempre a la agricultura, ahora
cultivan rosas. Es una familia humilde, de la cual me siento muy orgulloso, no solo por lo
que son, sino también por el cariño y el apoyo que me han brindado siempre.


[Emilio Coello y Manuel Barón durante la entrevista]

MB - ¿Cómo llegaste a la música? ¿Hay tradición o
antecedentes en tu familia?
EC - Que yo sepa, no tengo ningún antepasado músico o
vinculado a la música. Creo que he sido yo el que ha iniciado esta historia...
MB - ...ya se que tu hijo también está en camino.
EC - Sí, muestra cierta inquietud. De hecho, ya está
estudiando en el Conservatorio. Pero, la verdad, no me preocupa demasiado, es aun muy
pequeño para decidir su futuro. Ahora lo que quiere ser es domador de delfines.
MB - Entonces, ¿cómo se produce tu acercamiento a la
música?
EC - Pues, curiosamente, por el grupo de mi barrio. En
Canarias, hace 25 o 30 años eran muy comunes las orquestas de baile. Yo, entonces, iba a
un colegio donde en la misma clase estábamos los de 1º, 2º, 3º, etc. ( lo que ahora
llaman Escuela Unitaria, creo), y cuando salíamos del colegio por la tarde, siempre
había un grupo ensayando, del que aun conservo alguna grabación. Siempre me quedaba un
buen rato en la puerta del local de ensayo, conde había partituras por el suelo, que me
llamaban mucho la atención. Por fin, a los 12 años, decidí hablar con mi padre y le
dije que quería entrar en la Banda de Música del pueblo, en Candelaria. A mi padre no le
gustó nada la idea, no le veía ningún futuro a aquello. Fue una tía mía quien
intercedió y al final mi padre accedió. Entonces a mi me daba igual un instrumento u
otro, yo quería tocar. En la banda hacían falta clarinetes, y eso fue lo que empecé a
tocar.
MB - Me imagino que sería una academia adjunta a la
banda.
EC - Efectivamente. En director era el que daba clases
de todo: clarinete, flauta, solfeo... en fin, lo que hiciera falta. Hasta los 17 años no
empecé a ir al Conservatorio, en Santa Cruz. Pero me lo tomé con bastante tranquilidad.
Yo era de los que me "fumaba" un montón de clases, hasta que llegó a oídos de
mi padre, y me dio un ultimátum: (con el vd., como dicen en Canarias) "o usted va, o
se quita".
MB - ¿Es en Santa Cruz dónde comienzas a completar tu
formación musical?
EC - No exactamente. Por aquel entonces existía una
filial del Conservatorio de Santa Cruz muy cerca de mi casa, concretamente en una Villa
llamada Arafo, y ahí fue donde comencé mis primeros estudios reglados. Posteriormente,
una vez pasado el grado elemental me trasladé al Conservatorio principal.
MB - ¿Fue dura tu experiencia en el ejército?
EC - Por aquel entonces quise hacer la mili voluntario
como músico, me presenté a una oposición en Madrid, y tuve la suerte de aprobarla. Digo
que tuve la suerte, porque esto fue determinante en mi carrera. En aquella época -marzo-
Madrid no me gustó nada, hacía demasiado frío y todo era demasiado grande y bullicioso,
deseaba volver cuanto antes. Semanas después, al solicitar destino no dudé en pedir
imperiosamente Canarias, y aquí fue donde realice el periodo obligatorio. Una vez
concluido, decidí reengancharme con miras a profesionalizarme y para ello opté por
volver otra vez a Madrid aprovechando el sueldo que el ejército me brindaba. Me encontré
con algo que no me esperaba: un montón de compañeros que habían elegido esa vía para
poder continuar o ampliar sus estudios. Me sorprendió un gran ambiente de estudio y gente
con muchísimas ganas de aprender. Recuerdo que después del toque de silencio cada uno
buscábamos un rincón donde hubiera luz (a veces en el cuarto de la basura o en los
servicios) para continuar estudiando; por la tarde íbamos a nuestras clases al
Conservatorio. Era muy diferente a como yo me lo había imaginado. Creo que también aquí
tuve suerte, pues este ambiente me animó a trabajar más.
MB - ¿Alguna vez te planteaste el ejército como una
opción profesional?
EC - En cierto modo sí. Era un trabajo cómodo, que te
permitía tener una estabilidad económica. Pero dejé el ejército en cuanto me
destinaron a Ceuta forzoso, debido todo ello a una reforma militar. Por aquel entonces ya
contaba con un par de años de permanencia en Madrid. Al principio fue duro, pues no era
fácil conseguir trabajo. Hubo una época que estuve trabajando de mensajero, también
estuve haciendo demostraciones en grandes almacenes de aquellos teclados de dos pisos,
¿recuerdas? En fin, todo esto mientras continuaba con mis estudios de piano,
composición, dirección de orquesta, etc. en el Conservatorio. Durante este tiempo, gané
una plaza en el Conservatorio de Alcobendas (ahora Escuela de Música), que me dio
estabilidad económica y me permitió terminar mis estudios con cierta tranquilidad. Fue
una época en la que quería hacerlo todo. Estuve estudiando en Hungría, trabajé en el
Gabinete de Música Electroacústica de Cuenca, en el Centro para la Difusión de la
Música Contemporánea... En fin, no quería dejar pasar ninguna de las oportunidades que
se me presentaban.
MB - ¿Cómo vive un chico de Candelaria ese cambio de
ambiente pasando de la Banda de tu pueblo a la vorágine de Madrid?
EC - Lógicamente, el cambio fue drástico. Pasar de
vivir la música de manera lúdica, tocando en las fiestas de tu pueblo o en las del
pueblo de al lado...era como entrar en otro mundo, en otra dimensión. Fue duro, pero a la
vez se veían tantas puertas abiertas que te animaba a seguir adelante, incluso a costa de
abandonar toda estabilidad económica o familiar.
MB - Después de todas estas vicisitudes, ya estás
trabajando cómo músico mientras sigues ampliando estudios. ¿Cómo te decides por la
composición?
EC - Siempre he tenido inquietud por ello, Recuerdo que
en el grupo donde estaba en Canarias, yo siempre hacía los arreglos, incluso algunos
temas. Pero era algo que me infundía muchísimo respeto. Incluso cuando estaba estudiando
en el Conservatorio Superior, veía a los alumnos de composición con sus enormes carpetas
(entonces no se utilizaba el ordenador, y si ese papel pautado gigante); y yo calculaba lo
que a mi me quedaba para llegar a eso, y me parecía inalcanzable. Pero poco a poco
encaminé los estudios en esa dirección, y al final lo conseguí, incluso en menos tiempo
del que yo pensaba en un principio. Sólo menos tiempo, porque fue bastante duro, y con la
presión añadida de no defraudar a gente que habían apostado por mí.
MB - Precisamente a este respecto, permíteme que
vayamos un poco hacia atrás en el tiempo, pero no quería que nos dejáramos en el
tintero a un personaje que me parece que fue importante en tu vida. Cuando uno tiene que
elaborar su curriculum cita a sus maestros, sin poder evitar connotaciones afectivas, al
margen de lo que pueda suponer como "pedigrí"; pero es difícil encontrar
alguno en el que se cite :"maestro entrañable". Háblanos algo de él, de D.
Antonio Sosa Monsalve.
EC - Realmente fue muy determinante no sólo en mi
carrera, sino también en mi vida. Él es extremeño, por cierto, director militar ya
jubilado. Son de los profesores que te lo dan todo a cambio de que tu trabajes. En
principio fue mi profesor de clarinete, pero luego también me dio clases de solfeo,
armonía, etc. Jamás me cobró un duro por las clases, él me decía que su recompensa
era mi trabajo. Nunca se opuso a que viniera a Madrid, eso sí, me advirtió de los
peligros que supone una gran ciudad. En fin, no sólo le debo muchos de mis conocimientos
musicales, sino también humanos. Ahora que me van bien las cosas, sé que se siente
orgulloso, y a mí me gusta compartirlo con él.
MB - Es indudable que ahora te van bien las cosas, te
encargan obras, estrenas, ganas premios..., de lo cual nos alegramos tus amigos. Me
gustaría que comentáramos algo de tu obra. Me llama la atención el hecho de que gran
parte de tus composiciones son de inspiración canaria. Sé que algunas de ellas han sido
encargos, pero, ¿quizá hay algo de nacionalismo?
EC - No es una cuestión nacionalista, en absoluto.
Simplemente ha coincidido que he descubierto muchísima literatura canaria que
desconocía, y he querido explotarla al máximo. Además, tengo unas raíces de las que no
me quiero desprender. Esto no significa que no haga música de otra índole o desde otra
perspectiva. Tú que conoces bien Canarias sabes que es una tierra con gran tradición
musical, y es algo por lo que me siento privilegiado. No obstante, cuando empecé a hacer
los primeros trabajos para las islas, al principio pensaban que era peninsular, por eso
creo que entré con buen pie, porque yo sigo pensando aquello de que nadie es profeta en
su tierra. Le tengo mucho apego a las tradiciones y a la cultura de mi tierra, y eso creo
que siempre marcará mi obra.
MB - Y sigues, hasta el punto de haber compuesto un
concierto para Timple y Orquesta, que estrenará la Orquesta Sinfónica de Tenerife en
Marzo de 2001.
EC - Efectivamente, "Altahay", del que será
solista Benito Cabrera. Estoy muy contento con esta obra, porque es el primer concierto
contemporáneo que se hace para Timple y Orquesta.
MB - Es algo totalmente novedoso, ¿no?
EC - Si, porque aunque Benito Cabrera había hecho
algunas cosas con Orquesta, pero a nivel folclórico. Precisamente, su título,
"Altahay", es sinónimo de aventura, de riesgo.
MB - ¿Es eso lo que Atahay significa en guanche?
EC - Exacto, es una actitud de aventura, de riesgo. Se utilizaba para
aquellos guerreros guanches que demostraban valor en ciertas situaciones arriesgadas.
Tanto para mí como para Benito es una situación de riesgo. Espero que salgamos con bien
de ella.
MB - Otra de las cosas que no resultan demasiado común
en los compositores -y esto es algo que sé de primera mano porque hemos trabajado juntos
muchos años y he visto gestar algunas de tus obras-, es la actitud modesta, o al menos de
poca arrogancia, preguntando a instrumentistas cómo funciona o cómo podría funcionar
algo que pasa por tu cabeza o en lo que estás trabajando. No me negarás que al menos no
es lo más habitual.
EC - Tienes razón. De hecho, en este concierto, aunque
he probado yo mismo muchos de los pasajes de solista con un timple de adorno que tenía en
casa (por supuesto que no a tempo), siempre he contado con la supervisión de
Benito Cabrera. Incluso es posible que todavía se produzca algún cambio. Creo que,
aunque los compositores podamos saber más o menos en teoría como pueden funcionar
ciertos pasajes o efectos, no está de más preguntar a un especialista. Tenemos que
aprender mucho de los instrumentistas, al fin y al cabo son ellos los que sufren nuestra
música.
MB - Podemos ver en tu curriculum que has recibido
varios premios de composición. ¿Crees todavía en los concursos?
EC - Es cierto que, con el paso del tiempo, uno se da
cuenta que a veces no solo se necesita talento para ganar un concurso. Existen cuestiones
políticas, afinidades, etc., que pueden influir en el jurado. Es evidente que uno no
piensa en esas cosas cuando se presenta a un concurso, y se plantea otra serie de
objetivos, como pueden ser la proyección profesional, o simplemente un dinero extra.
Recuerdo que en el 95 me presenté a un concurso de composición que convocaba la
Comunidad de Madrid, y el acto de entrega de premios se limitó a una llamada de
teléfono, en la que me comunicaron que había ganado el primer premio, y me pedían mi
número de cuenta para ingresar el dinero.
MB - No les quedaría dinero para más festejos... En
otro orden de cosas, me consta que eres, sino pionero, sí de los que más tiempo llevan
metidos en el mundo de la informática musical, y no sólo a nivel de usuario, sino hasta
el punto de participar en Seminarios y Ponencias. ¿Crees que se llevan bien los músicos
con estos aparatos?
EC - Yo creo que perfectamente. Pienso que no hay que
mirar a las nuevas tecnologías como un adversario a los instrumentos tradicionales que
jamás van a poder ser sustituidos. Tenemos que ver al ordenador como una herramienta de
trabajo, pero nunca como un sustituto. Sí es cierto que se ha reemplazado mucha música
publicitaria o comercial con sintetizadores, pero eso ha repercutido sobre todo en la
calidad de la música. También no es menos cierto que hay menos cajeras en los
supermercados, hay menos gente que trabaja en el campo...en fin, es el progreso. Aun así,
no es comparable el producto de una máquina al de uno o varios intérpretes. No obstante,
puede ser de gran ayuda a la hora de componer, de editar partituras, en la enseñanza...
Es algo que está ahí, y mejor utilizarlo a nuestro favor.
MB - Por cierto, ¿cómo es tu relación con internet?
EC - No soy adicto, pero si es cierto que es algo que
ya es cotidiano en mi vida, consultar información en la red o utilizar el correo
electrónico. Debo confesar que aún no conozco vuestra revista, pero prometo visitarla en
cuanto pueda. Además, me parece una iniciativa digna de alabanza el hecho de incluir algo
que no mueve masas desgraciadamente, como la música clásica o la literatura, en un medio
moderno como es internet. Conozco muchas revistas y páginas web que reducen su espacio
cultural a la música pop o a las nuevas tendencias audiovisuales. Creo que no tienen por
qué estar reñidos.
MB- ¿Querrías añadir algo más?
EC - No, tan sólo agradecer la deferencia que has
tenido al dedicarme un espacio en Babab.
MB - Gracias a ti, por regalarnos parte de tu tiempo y
de tus recuerdos, y mucha suerte.
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