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Mario Vargas Llosa indaga en la mente de los
dictadores latinoamericanos: "Escribiendo sobre Trujillo he escrito sobre todos los
dictadores" por Sanjuana Martínez
Con 63 años, Mario Vargas Llosa
reconoce que ha pasado dos terceras partes de su vida bajo dictaduras. Por eso se planteó
retomar ese subgénero literario que ha servido para retratar las dictaduras
latinoamericanas, y escribió La fiesta del Chivo.
Esta sentado en el "lobby" del Hotel Palace, agotado, porque
lleva una agenda frenética para promover su último libro editado por Alfaguara. Pero a
la vez, dice sentirse rejuvenecido al fabular sobre la vida del general Rafael Leónidas
Trujillo y su cruel dictadura impuesta durante 31 años en la República Dominicana.
Vestido con traje gris, camisa blanca, sin corbata, Vargas Llosa hace
gala de sus modales elegantes, sonríe de vez en cuando y siempre contesta las preguntas
de forma inmediata, sin pensarlo, con una permanente reflexión de análisis en lo
literario y en lo político, que en su caso, van unidos indisolublemente.
"Con La fiesta del Chivo he escrito sobre todos los
dictadores latinoamericanos, algunos muertos y otros todavía vivitos y coleando, por
desgracia".
El escritor peruano, retoma un tema que antes había abordado en Conversación
en La Catedral y así sigue los pasos de grandes novelistas como Miguel Angel
Asturias, Augusto Roa Bastos, Gabriel García Márquez, Valle Inclán y Graham Green.
"Desgraciadamente la dictadura es un subgénero que no esta
agotado. Mientras haya dictadores y ese fenómeno esté como una "Espada de
Damocles" sobre las sociedades latinoamericanas, la novela del dictador va a
continuar muy viva en América Latina."
La propia vida del autor es digna de novelar. Nacido en la ciudad de
Arequipa, en 1936, Vargas Llosa no conoció a su padre hasta los diez años, porque sus
padres se habían separado desde su nacimiento y el episodio del reencuentro afectó su
destino.
Fue eso, lo que según dice condicionó el gran móvil de su existencia:
el ansia de libertad. Y unos años más adelante lo reflejó en la novela con la que
alcanzó el reconocimiento internacional: La ciudad y los perros, Premio
Biblioteca Breve de Seix Barral y de la Crítica, en 1963.
Después, las primeras experiencias con la escritura, se centraron en el
periodismo como columnista en varios diarios locales de Lima y Piura, allí fue donde se
dio cuenta de que su mundo era el de las palabras y empezó a publicar cuentos: "con
gran inseguridad y mucho esfuerzo".
Luego vinieron grandes obras como La tía Julia y el escribidor
(1977), La guerra del fin del mundo, Historia de Mayta, Los cachorros y su
incursión en la literatura erótica con Elogio de la madrastra y Los
cuadernos de don Rigoberto (1997).
Ha obtenido importantes galardones literarios, desde el Leopoldo Alas
por Los jefes, hasta el Cervantes en 1994, pasando por el Formentor, el Rómulo
Gallegos, el Príncipe de Asturias y el Planeta.
Ahora, el autor de La casa verde se ha adentrado en el perfil
íntimo de los dictadores y en las entrañas de la "peste" de las dictaduras,
para comprobar que la verdadera tradición en los gobiernos es el despotismo, el
autoritarismo, mientras la excepción es la democracia.
En 1975, Vargas Llosa aprovechó una estancia de ocho meses en la
República Dominicana para interesarse por la apasionante historia de ese país:
"quedé fascinado e intrigado con las cosas que escuché, con los contrastes y
extremos que me ofrecía la figura de Trujillo". El escenario de la novela es la
República Dominicana en 1961, el último año de la era Trujillo, un régimen que pierde
paulatinamente el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA), los Estados
Unidos y el Vaticano. En ese país todos temen al dictador, hasta los trujillistas más
acérrimos, también es allí donde el miedo y la dignidad libran innumerables batallas en
el interior de las personas.
El personaje central es Urania Cabral, hija del senador Agustín Cabral.
En lo profesional, exitosa abogada de un importante despacho neoyorquino; en lo personal,
una mujer vacía y llena de miedos desde los 14 años que entrada a la cuarentena, vuelve
a la República Dominicana para reencontrarse con su familia y un pasado que le persigue:
SANJUANA MARTÍNEZ - ¿Urania es como usted, que
no ha vuelto al Perú, aunque algún día le gustaría volver?
MARIO VARGAS LLOSA - Seguramente en eso tengo
una coincidencia con el personaje. Yo también he vivido muchos años lejos de Perú. Al
mismo tiempo, nunca he cortado con el país, porque me lo he llevado donde he ido. He
seguido la problemática peruana con mucha pasión y desde luego, lo que ocurre allí me
apena tanto como lo que apenaba a Urania, cuando "el jefe" estaba en el poder.
Lo que ocurre en Perú es realmente triste. Es un país que está contra la corriente de
lo que es un movimiento en América Latina de democratización. Ha dado marcha atrás. Lo
peor es que Perú ha sentado un modelo que por desgracia ya tiene seguidores en América
Latina, de un nuevo tipo de régimen autoritario que se adapta más a lo que hoy en día
la comunidad internacional podría aceptar.El escritor peruano, hace una diferencia entre
los perfiles del dictador antiguo y moderno: "Hoy el dictador prototipo, tipo
Trujillo ya no es aceptable para la comunidad internacional. Fujimori encontró otra
formula más hipócrita que disimula, que tiene unas coartadas de cara a la comunidad
internacional para que le permitan la aceptación, en tanto que internamente sigue
funcionando como una dictadura militar tradicional."
Sin embargo, explica que hay una continuidad en la idea profundamente
errónea y sin embargo, tan difícil de erradicar en América Latina: "Se piensa que
un hombre fuerte, un hombre de carácter, un hombre con pantalones, que aplique la mano
dura, puede ser mucho más eficaz que un sistema democrático para resolver los problemas.
Desde los problemas económicos, hasta los problemas de terrorismo o de orden
público."
Y añade: "Esa es una aberración que no resiste ningún tipo de
cotejo histórico, la historia nos demuestra que las dictaduras son mucho más
ineficientes que las más ineficientes democracias, que dejan siempre una secuela terrible
de corrupción."
En su novela, Vargas Llosa deja claro que es difícil eliminar los
largos efectos tóxicos que dejan las dictaduras, que ni siquiera las democracias están
vacunadas contra esta enfermedad: "Al final reconstruir un país que sale de la
dictadura es un trabajo ímprobo y sin embargo, existe todavía esa actitud ingenua,
cuando los problemas son enormes y cuando el rechazo a lo existente es muy grande, de
añorar un hombre fuerte, que es lo que les ha ocurrido a los venezolanos."
Por eso considera esa inercia, una desgracia: "Volver al
caudillismo tradicional, como si las desgracias de América Latina fueran gran parte
consecuencia del caudillismo del militarismo de los regímenes de fuerza. Y sin embargo,
hay todavía muchos países en América Latina que a la manera de Venezuela dicen: lo que
aquí necesitamos es un Fujimori."
Reconoce que existen casos diferentes, como los países centroamericanos
que han cambiado: "Centroamérica era el paraíso de la dictadura y hoy en día, hay
gobiernos civiles, han terminado las guerras civiles, mal que mal hay unos consensos
democráticos y eso significa un progreso considerable sobre el pasado."
Sin embargo, observa claros ejemplos de dictaduras o de países que
sufren los efectos de las mismas, sin recuperarse: "Perú, Venezuela, Colombia,
Paraguay, donde no se puede decir que la democracia este funcionando de una manera
ejemplar, ni muchísimo menos."
Por eso recuerda que incluso en democracias que son reales, hay graves
retrocesos: "Como en Chile, donde estamos viendo lo que ha ocurrido con Pinochet,
cómo sobre esa democracia hay fuerzas que parecen prolongar la dictadura hasta nuestros
días. Las fuerzas armadas no están funcionando como una institución democrática,
desobedecen al poder civil, hacen a Pinochet un recibimiento triunfal en un abierto
desafío a las autoridades civiles. Esas son justamente las secuelas de las dictaduras.
Han dejado elementos que en un momento dado pueden ser profundamente peligrosas para el
sistema democrático."
SM - ¿Las transiciones democráticas tienen que
venir de adentro, como ocurrió en la República Dominicana, donde los siete conspiradores
asesinaron a Trujillo?
MVLL - No necesariamente, en muchos casos, por
el contrario, es una fuerza, una presión de la sociedad civil la que impulsa la
transición. Así ocurrió en Chile, donde fue la oposición; no una descomposición
interna del régimen de Pinochet, sino una gran presión de oposición, con un gran apoyo
internacional, lo que terminó la transición chilena. Lo importante es que la transición
se produzca y que sea real, que no sea una transición fraguada que cambie algo para
conservarlo todo, o cambiar algo, para que nada cambie.
Consideró que en la República Dominicana se ha avanzado mucho en
materia democrática, pero desgraciadamente, con un pasado tan ominoso la democracia en la
República Dominicana es muy imperfecta como lo es en la mayor parte de las democracias
latinoamericanas. Pero ha habido un progreso, hay libertad de prensa, partidos políticos,
hay elecciones que son pasablemente limpias, la falta de pureza se debe más a las
características del país, a las maniobras que pueda hacer el poder. Una transición
democrática genuina y total, es algo por desgracia de muchas generaciones.
Vargas Llosa entiende que las transiciones democráticas se sustentan en
consensos que abarquen a toda la sociedad: "En España ha habido una transición
democrática muy genuina, con todas las muchas imperfecciones que hay en el país. Aquí
hay una transición democrática. Es muy difícil, no diremos imposible porque es una
palabra peligrosa en política. Es muy difícil que España pueda retroceder hoy en día a
un régimen autoritario. ¿Y cual es para mí, la razón primordial? Porque hay unos
consensos, porque hoy día, la inmensa mayoría de los españoles que discrepan sobre
muchas cosas, en el debate político se enfrentan con ferocidad, están de acuerdo
básicamente en que no quieren regresar a una dictadura de tipo totalitario."
Añade el escritor: "Sobre eso hay unos consensos que son muy
poderosos, que prevalecen sobre todas las dictaduras políticas y yo creo que eso es lo
que realmente vacuna una sociedad contra las dictaduras."
Sin embargo, reconoció que en América Latina por desgracia esos
consensos ni son tan sólidos, ni son tan duraderos, ni resisten las crisis: "Cuando
hay una crisis, de pronto, ese consenso se rompe y hay sectores que empiezan a pensar de
una manera muy insensata, que la solución es otra vez el hombre fuerte, el caudillo, el
dictador."
Vargas Llosa novela la complicidad de Estados Unidos y la Iglesia en la
dictadura de la República Dominicana, pero reconoce que este hecho es muy común en otras
dictaduras latinoamericanas: "Estados Unidos es una presencia muy poderosa que ejerce
inevitablemente una gran influencia sobre América Latina, lo que ocurre allí repercute
muchísimo sobre nuestros países y viceversa, lo que ocurre en nuestros países afecta
siempre a Estados Unidos."
Añade: "Han cambiado las cosas. No es lo mismo las relaciones
entre Estados Unidos y América Latina que la que existía en la guerra fría, cuando
Estados Unidos estaba convencido que la mejor manera de combatir a los comunistas en su
retaguardia era a través de dictaduras militares, lo que les llevo a apoyar a Somoza, a
Trujillo y a todas las dictaduras militares latinoamericanas."
Dijo que tanto entre republicanos, como entre demócratas, hay una
conciencia de que las dictaduras militares son peores para sus intereses: "Son en
última instancia una fuente de antinorteamericanismo muchísimo mayor que las
democracias. Eso hace que hoy en día, Estados Unidos, propicie más bien regímenes
democráticos y muestre hostilidad ante las dictaduras. Aunque en algunos casos como el
del Perú, haya demostrado una tolerancia lamentable."
Vargas Llosa, que participó como candidato a la presidencia de Perú en
1990 y se nacionalizó español en 1993, sigue ejerciendo como crítico literario,
columnista de prensa y autor teatral. Debido a su reciente pasado, los ojos del escritor
expresan un brillo especial y su voz muestra pasión al hablar sobre el caso peruano y su
dictadura instituida por Alberto Fujimori, donde los resultados de Las últimas elecciones
le han obligado a ir a una segunda vuelta ante el candidato Alejandro Toledo.
Hace ocho años que salió de Perú y cree que su país sería muy
distinto de haber ganado él las elecciones: "Yo no me hubiera quedado más de lo que
la constitución manda. Perú no sería una dictadura."
El escritor reflexiona unos segundos y continúa: "Por lo menos, en
ese campo, hubiera respetado escrupulosamente aquello en lo que yo creo. Eso es lo que me
llevo a dar ese paso que nunca pense dar, que fue participar en la política activa.
Salvar a mi país de un desplome democrático, de un retorno a la tradición autoritaria,
que por desgracia es lo que ha ocurrido con las consecuencias que estamos viendo
allí."
Por eso, considera que existen todos los elementos necesarios para
interponer una denuncia basada en el derecho penal internacional contra Fujimori, por
genocidio y terrorismo de Estado, como en el caso de Augusto Pinochet.
"Hay un expediente enorme sobre los crímenes y delitos de
Fujimori, para quien quiera enterarse, el material está allí, las víctimas están
allí, los testimonios están al alcance de quien se dé el trabajo de buscarlos. Los
abusos a los derechos humanos, simplemente en este sesgo de la dictadura son tan
numerosos, son tan abundantes, están tan absolutamente adulterados, que eso bastaría
para llevar a Montesinos y Fujimori ante cualquier tribunal internacional."
Sin embargo, considera que las violaciones de derechos humanos en Perú
han tenido poca repercusión en el mundo: "Por desgracia para Perú, lo que ha
fallado es la comunidad internacional que ha mostrado una complacencia vergonzosa con el
régimen de la dictadura, empezando por la Organización de Estados Americanos (OEA) que
fue directamente cómplice del primer fraude electoral, inmediatamente después del golpe
de Estado, cuando para legitimarse, hubo esa farsa, esa mojiganga electoral y la OEA
avaló de una manera cínica, lo que evidentemente era un enjuague electoral."
Y añade: "También muchos gobiernos latinoamericanos han aprobado,
han bendecido, han dado una especie de legitimación democrática, a un gobierno en el que
si en un primer momento cabía una duda, hoy evidentemente cuando prepara un tercer fraude
electoral para quedarse por lo menos cinco años más, no hay duda posible. De tal manera
que los gobiernos democráticos que avalan eso son cómplices de Fujimori." Señala a
continuación que igualmente ha existido una complicidad de Estados Unidos en la dictadura
fujimorista: "Una vez en Washington un funcionario del Departamento de Estado dijo:
"Nosotros sabemos que esa es una dictadura, pero si a los peruanos les gusta, si los
peruanos la aplauden, si la apoyan, porque vamos a ser nosotros más papistas que el
Papa."
Vargas Llosa se indigna y refuta: "Eso ya no es verdad... si en un
momento se llegaron a ilusionar con la dictadura, hoy en día hay una mayoría de peruanos
que están absolutamente hartos y quieren salir del régimen. Ese argumento no es
aceptable ni moralmente, ni políticamente, hoy día ya no es válido, no es verdad."
Comentó también Vargas Llosa que Fujimori orquestó uno de los mayores
fraudes electorales de la historia: "El régimen prohibió que las televisiones
admitieran propaganda electoral de la oposición, mediante un acuerdo, que fue objeto de
un comunicado público. Prohibió a la única agencia de encuestas objetivas su
publicación, ha hecho presión, ha atemorizado, ha intimidado de tal manera a la
universidad que ha tenido que salir la rectora para decir que ya no iban a hacer más
encuestas.
Todo esto, para que sólo las agencias que trabajan para el gobierno
sigan presentando las encuestas o porcentajes que determine el señor Vladimiro
Montesinos, directamente."
Por eso, enfatiza: "El fraude es algo tan grotesco, tan
absolutamente explícito como en las peores dictaduras latinoamericanas. Si el régimen se
quita la careta y muestra tan explícitamente su carácter autoritario, como una América
Latina que se supone ha optado por la democracia, por la legalidad, por la libertad, va
para eso. Esta amparando a los futuros golpistas, es un pésimo ejemplo para el continente
que exista un régimen de esas características."
El escritor está convencido de que la solución recae en las acciones
desde el exterior: "La documentación es inmensa, es gigantesca, abundante, objetiva.
Todos los organismos de derechos humanos que trabajan en Perú tienen gigantescos
dossieres, parte de los cuales están publicados. Una buena parte, esta ante la Corte
Interamericana, de la que el Perú se ha retirado, con un pretexto absurdo porque sabe que
le van a seguir condenando por los casos de abusos flagrantes a los derechos
humanos."
Explicó que la Sociedad Interamericana de Prensa, tiene un dossier
enorme sobre los atropellos a la libertad de prensa: "Desde la clausura de órganos
de oposición, hasta esta expropiación, mediante unas triquiñuelas legales grotescas
contra el canal de televisión, porque en un momento dado abrió un espacio crítico, el
único que había."
Y resume: "Hay que acabar con las dictaduras, no hay otra
solución, frente a una dictadura hay que acabar con ellas, si se puede por métodos
pacíficos mucho mejor, las dictaduras son la violencia, la democracia representa la paz,
el combate democrático con la dictadura debe ser privilegiado desde luego."
Vargas Llosa piensa que tal y como están las cosas no se podrá dar un
verdadero proceso electoral: "En las actuales circunstancias se han cerrado las
puertas para un combate democrático. No hay órganos de expresión donde se pueda
criticar al régimen. Las elecciones son un fraude, una mascarada, exclusivamente cara a
la comunidad internacional. Adentro el régimen tiene todos los instrumentos para desarmar
cualquier intento critico, hasta hundir en la ignominia el desprestigio a cualquiera que
muestre rebeldía o indocilidad."
Explica: "Vladimiro Montesinos maneja una maraña de pasquines
inmundos que saca directamente la imprenta del Estado, cuya única función es calumniar,
insultar, bañar en la mugre, a las personas que no son dóciles al régimen. Y también a
sus familias, hundiéndolos verdaderamente en el descrédito. Y de las llaves
económicas... ¡ya no se diga! El organismo quizá más eficaz de intimidación que tiene
el régimen de Fujimori es la oficina de impuestos. Cualquier persona que muestra
indocilidad es inmediatamente investigada, desde luego se le descubren toda clase de
desfalcos al Estado, se le imponen unas multas monstruosas que lo llevan a la ruina, que
lo llevan a cerrar sus empresas. De tal manera que eso explica el temor y la complicidad
de un enorme numero de empresarios y comerciantes, que simplemente están luchando por su
supervivencia."
Comenta que existen además otras armas que son mucho más siniestras
que esas, que son directamente la intimidación física: el secuestro, la desaparición,
las torturas, con ejércitos secretos, escuadrones de la muerte, bandas de forajidos que
dirige el señor Vladimiro Montesinos que es un asesino profesional, que no es un mero
asesor del régimen, es el que ejecuta, el que mata, el que hace desaparecer a la gente,
el que intimida, el que chantajea, el que secuestra."
Para ilustrar el comentario anterior, añade: "El director de
"El Comercio", el principal periódico de Lima, en un momento dado, comenzó a
criticar al régimen, a los dos días su hija fue secuestrada y después de unos días
reapareció y se la devolvieron a su casa. Y desde entonces, el periódico trata con mucho
más cautela al régimen. Eso es lo que ocurre en el Perú, exactamente lo que ocurría en
todas las dictaduras militares, desde la de Fujimori, la de Somoza, la de Pérez
Jiménez."
E insiste: "Si como ocurrió con Chile, la comunidad internacional
apoyara a quienes en condiciones muy difíciles resisten, denuncian y combaten la
dictadura, esa lucha tendría muchísima más fuerza y posibilidades de derrotar a
Fujimori y Montesinos. Por desgracia, eso todavía no está ocurriendo, y no hay una
conciencia internacional semejante a la que hubo contra Pinochet.
SM - ¿Sentirá la responsabilidad de novelar la
dictadura de su país?
MVLL - Con la La fiesta del Chivo he
escrito sobre todas las dictaduras. Sobre lo que es la dictadura, lo que es el fenómeno
autoritario, sobre lo que significa un régimen de poder personal, la violencia, la
corrupción, la degradación moral que significa para el conjunto de la sociedad.
Escribiendo sobre Trujillo, he estado escribiendo sobre Fujimori, sobre Somoza, Pérez
Jiménez, Pinochet, y sobre todos los dictadores que andan por allí, vivitos y coleando
todavía, por desgracia."
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