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Tánger en cinco oraciones por
Hari Camino
ORACIÓN DEL ALBA
La bruma templada de cualquier
mañana mediterránea se convierte en una cortina de suspenso que se abre en el último
momento para descubrir las tierras más septentrionales de Africa. A lo lejos los cerros
verdepardo. Puntos blancos se desparraman hasta el mar. La Tingis romana -ahora Tánger-,
es una ciudad cargada de ambientes disímbolos que se entremezclan y perduran en los
sentidos. Si se toma el primer ferry desde Algeciras (España) se puede estar atracando en
el puerto a las 9. En caso de haber rellenado correctamente las incomprensibles formas
migratorias, el viajero pisa tierra; de lado izquierdo de la bahía tiene una playa,
flanqueada como en cualquier parte del mundo por elevados hoteles impersonales y
boulevares con palmeras. Delante está la Medina (ciudad antigua), sobre sus tejados, una
tupida vegetación de antenas entre las que sobresalen los alminares de varias mezquitas,
torres católicas y sinagogas.
ORACIÓN DE LA MAÑANA
La medina de Tánger podría resultar amenazante para el turista recién
bajado del autobús, pese a que, lo amenazante son las hordas de turistas sudorosos que se
mueven como el plancton. En realidad es un laberinto muy bien organizado por gremios y
género, niños jugando al balón, rincones apacibles donde penetra la brisa marina, olor
a frutas y cuero, gatos en el pellejo y escaleras multiformes. Una vez en su interior,
como en casi todas las medinas, habrá que lidiar con una media docena de guías-camellos
que esperan agazapados bajo una chilaba su oportunidad para demostrar la hospitalidad
marroquí. -Hola, Ali-Babá-¿Donde tu dejaste los cuarenta ladronis... mejor con
curenta mojeres...?- etc.
Dicen conocer el camino más corto a la mezquita famosa, pero éste
siempre pasa delante de la tienda de alfombras del amigo, la pastelería del primo o la
pensión del cuñado. En caso de pelmacez obsesiva se les puede despachar con dos monedas
de 10 dirhams o entrando resueltamente al primer café, para situaciones extremas, con un Sit´ahua
(piérdete) es suficiente. Tánger ofrece una posibilidad para el viajero que siempre
soñó con penetrar en el corazón del Africa subsahariana, pero gratis. En la parte más
baja de la medina (petit souk) se pueden escuchar casi todas las lenguas del
continente negro.
Cientos de inmigrantes en pos de Europa, abarrotan las pensiones de mala
muerte, pasean agarrados de las manos, bailan ocasionalmente con palmadas y sonrisas que
se ven a la distancia. Pueden permanecer en la ciudad durante meses a la espera de saltar
ilegalmente a la ciudad española de Ceuta o para conseguirse un espacio clandestino en la
bodega de un mercante. Hay que subir hasta la Kasbah (fortaleza en árabe, aunque
con restos portugueses), beberse un té a la menta frente a la plaza del mismo nombre y
recorrer el antiguo palacio Dar el Makhzen (museo etnográfico y arqueológico).
Finalmente, posar bajo la puerta mayor de la muralla. Al volver a casa
se podrá presumir enseñado una foto similar en la portada del Achtung Baby.
ORACIÓN DEL MEDIODÍA
En la parte alta (Blvd Pasteur) está la zona de embajadas,
bancos y grandes hoteles. El ambiente gira en torno a la Plaza de los Ociosos, desde donde
se puede divisar la costa Andaluza separada tan sólo por 15 kms. de mar y casi 15 siglos
de historia. A un costado de dicha plaza está el Café París, sitio frecuentado por
intelectuales (Becket, Genet, Bourroghs werethere), trotamundos, prostitutas,
hombres de negocios, hombres de negocios turbios, hinchas televisivos del Real Madrid,
diplomáticos... Sus camareros son auténticos kioscos de información, conocen al dedillo
a cada cliente, son discretamente indispensables si lo que se busca es alguien que haga
pasaportes falsos o 20.000 babuchas para exportar. A la hora de la comida, evitar los
restaurante típicos, con menús para alemanes, mejor buscar los puestos de bocadillos
populares, tan suculentos como barrocos: atún, remolacha, jamón, macarrones, aceitunas,
tres salsas. El pescado suele ser bueno, así como el queso fresco envuelto en hojas y los
zumos de varias frutas licuadas.
ORACIÓN DE LA TARDE
Para moverse dentro de la ciudad recomendamos los petits taxis
(de color azul) y para trayectos más largos, nunca exentos de peligro y emoción, escoger
los viejos Mercedes color crema. La naturaleza de estos autos es colectiva, el precio de
un solo viaje se divide entre cinco, de esta forma no solo es más económico, sino que se
pueden compartir mandarinas, entonar canciones de B. Marley a coro, conseguir alojamiento
para esa noche, etc.
Para los que disfrutan del mar se recomiendan las playas de Cabo Spartel
en el Atlántico o de Ksar Sghir en el Mediterráneo, ambas a media hora de viaje. Son
playas de recreo para los tangerinos o riffeños en donde desembocan pequeños ríos, se
pueden comer excelentes tajines de pescado y acampar sobre la arena. Cabo Spartel está
sobre el camino que lleva al pueblo blanco de Asilah (otra recomendable excursión).Para
llegar a Ksar Sghir tomar la carretera a Ceuta que discurre sobre acantilados y peñones,
bosques de pinos y puestos de artesanía beréber montados al lado de las curvas mas
pronunciadas.
ULTIMA ORACIÓN
De vuelta a Tánger se puede pasar una tarde inolvidable de cine hindú
en el Cinema Riff (delante del Zoco Grande): delirantes thrillers-romantico-musicales con
subtítulos en árabe y francés, porros de hachís que recorren varias filas y un precio
atractivo por dos pases en sesión continua: 35 centavos de dólar. Dos horas antes del
ocaso el aire de la ciudad vibra con una sinfonía de altavoces que repiten "Solo
Alá es grande", desde todos los rincones se van uniendo, entremezclando y
extinguiendo. Concluye la jornada.
Se van encendiendo las luces distantes de España, pero los ecos de la
última oración siguen zumbando en el cielo de Marruecos.
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