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Too Much Coffe Man: ¿Es el nihilismo divertido? por
Sergi Puertas
De sobra sabemos todos que pocas
cosas hay más graciosas que la desgracia ajena. Sobre todo en lo físico: son cientos los
gags basados en la escena del señor tropieza ridículamente y se rompe la crisma, lanza
un aullido de dolor al pillarse los dedos, etcétera.
Menos populares son, tal vez, los basados en la catástrofe vital. Pero
de estos también hemos visto unos cuantos: pongamos, escenas donde el protagonista se
cubre de gloria farfullando alguna inconveniencia que provoca que la chica de sus sueños
le mande al infierno. O donde el pobre empleaducho es despedido a berrido limpio de la
empresa tras ser sorprendido por su jefe en alguna situación extrema.
¿Y a qué viene esto? ¿No es acaso Too much coffe man otra
parodia más de superhéroes?
Bien, tal vez esa era la idea que tuviera en mente Shannon Wheeler
cuando comenzó a trabajar en sus cómics. Cómics que, por cierto, no eran al principio
más que fajos de fotocopias grapadas que él mismo se ocupaba de distribuir por las
librerías especializadas. Tal vez en su concesión, consciente o inconsciente, de hacer
del personaje una parodia de superhéroe, Mr. Wheeler quiso ganarse a un pequeño sector
del gran público. En todo caso funcionó: aunque se tratara de una parodia tan
introspectiva y tan desconcertante como TMCM, los modestos fanzines caseros de Shannon
Wheeler pronto captaron la atención de los lectores de cómic locales. El hecho de que se
vendieran tan bien hizo que Too much Coffe man pasara de formato de fanzine local
al de comic book autoeditado. Primero en blanco y negro. Luego, reeditado en tomos
y en color. Hoy, tebeo de culto.



Porque si creíamos ya haberlo visto todo en el campo de ese humor vil y
mezquino que se congratula en la desgracia ajena, equivocados andamos: TMCM, el personaje
central del comic book de Shannon Wheeler le da al género una nueva vuelta de
tuerca con un personaje que redefine a la vez el humor y el horror.
Buena parte de las páginas de este tebeo retratan a Too Much Coffe
Man como a un personaje sentado en un sofá frente al televisor. Hundido en la desidia
más aterradora. Incapaz de hallar nada que le ilusione, que le saque de su situación. A
veces suplica en sueños que alguien llame a su puerta y cuando por fin el timbre suena,
el encuentro es decepcionante y aniquilador. Otras, decide rodearse de gente estúpida en
un intento por sentirse menos patético y tampoco esto surte efecto. Se crea hábitos para
tener algo en que focalizar y termina siempre saliendo asqueado de la experiencia. Sus
breves ataques de optimismo, simple producto de desorbitados excesos con el café y la
nicotina, acaban siempre desembocando en los más profundos pozos de amargura. Cuando, en
cierta ocasión, cree al fin haber alcanzado la felicidad, cae agarrotado al suelo presa
de un ataque al corazón.
Lo más aterrador de todo es lo divertido que resulta.
Este panorama desolador, que ya se viene oliendo en los primeros
números de la serie, algo más cercanos a la parodia superheroica, se va acentuando a
medida que los números se suceden. La acción, dosificada siempre con cuentagotas e
inevitablemente precedida y seguida de largos pasajes introspectivos e hilarantes, se
suprime progresivamente para dar paso al horror-humor desnudo de monólogos en
habitaciones cerradas o en ambientes tan urbanos como hostiles. Más adelante, la
introducción de personajes secundarios como Too Much German Chocolate Whith Almonds o Too
Much Espresso Guy permiten a Mr. Wheeler lanzarse al nihilismo abierto con conversaciones
en que se defiende, pongamos por caso, que la tierra es plana.
Como complemento, del mismo autor y en el mismo tebeo, aparecen
serializadas también: uno, la historia de una relación de pareja donde prima la
incomunicación y el engaño, y dos, el relato de la anodina vida de un dibujante de
cómics de medio pelo en la que Wheeler se retrata a sí mismo. El tono de ambas, tan
jocoso como desesperado, es complemento ideal al que es, seguramente, el tebeo más negro
y cómico -a un tiempo- que puede encontrarse en el mercado.
¿El sueño americano en acción? No. Pese a estar ya afianzado como
tebeo de culto, varios años después de su primera aparición, TMCM permanece todavía
autoeditado en Adhesive Comics. Del mismo modo que es difícil dar con una ama de casa que
lea a Cioran o a Bierce, tampoco el aficionado medio acaba de conectar con el humor
extra-amargo de Wheeler. Aperiódico y con sólo ocho números en el mercado yankee, TMCM
aparece, seguramente, únicamente cuando Shannon consigue reunir fuerzas para levantarse
del sofá, escapar a sus devaneos, y centrarse brevemente en el tebeo para, acto seguido,
arrastrarse a la cama sumido en una profunda depresión.
En España, van cinco números. Edita La factoría de ideas, quienes han
hecho de su edición en castellano la primera y única edición de TMCM en el mundo (claro
esta, al margen de la original en inglés). Un diez para ellos.
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Texto, Copyright © 2000 Sergi Puertas. Todos
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Sitio web oficial de Too Much Coffe Man: http://www.tmcm.com |
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