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Basura o la inquietud crónica del escritor

por María Ángeles Vázquez

El Sr. Abad estaba excitado, tal vez porque el café que se sirvió en Casa de América de Madrid no era colombiano, ni siquiera pasable. Pero depositaron mucho empeño en que el acto organizado para la prensa quedara bien, y quedó. El Sr. Abad se creció no obstante a medida que saboreaba su café y se creció tanto que emprendió su particular cruzada contra premios y editores, contra "gramáticos" y políticos... Sinceramente, nos sedujo su audaz defensa del desolado y agraviado escritor de a pie, aunque él no lo fuera.

Se aportaron en la rueda de prensa datos curiosos y hasta impactantes, como uno de los que proporcionó Iñigo Ramírez de Haro, Director de Programación de Casa de América, que incidió especialmente en la situación cubana: existen 72 escritores en busca de editor. No debe ser Cuba el único caso. Por esto, y desde nuestra posición pública, deseamos apoyar esta iniciativa de la Editorial Lengua de Trapo y Casa de América a la creación novedosa, aunque nos movamos en un terreno ciertamente farragoso. La literatura latinoamericana ha bebido de lo maravilloso, real-maravilloso, fantástico, etc. durante demasiados años. Se les ha agotado la cantera y es lícito que editoriales como Lengua de Trapo promuevan otra nueva mirada literaria, hacia falta, mucha falta, para renovar.



La nota genial del acto la puso Cristina Peri Rossi, flaquita, dicharachera, y con la seguridad que le confiere tanta experiencia literaria. Talentosa su intervención aunque discrepemos con ella en algunos de sus testimonios y que no son el asunto de esta crónica.

Cristina, miembro del jurado, votó por una obra que le recordó a la "novela clásica", según sus palabras, aunque no explicó, pensamos, su concepción de novela clásica, pero si que defendió con vehemencia que "no hay progreso en literatura, hay un cambio".

Nosotros creemos que la innovación en la novela que nos ocupa se halla en el tratamiento temático (aunque a veces se pierda el hilo narrativo en justificaciones reiterativas y algo tediosas) que el autor le da a la correlación entre literatura y vida, narrador y lector. Es el rizo del rizo y Héctor Abad lo trabaja con originalidad y pasión.

Basura podría ser la metáfora de un personaje común en Colombia y del que nos habló Héctor, el "basuriego", nombre que reciben los indigentes que reciclan basura. Y de esta metáfora se aprovecha el autor para desarrollar en la novela toda su poética, que se va desgranando paulatinamente a lo largo de toda la obra: la obsesión por "publicar", cierto resentimiento hacia el ya caduco "boom" de los 60 y hacia los críticos literarios y sus premios y sus parafernalias (a pesar de haber recibido un premio, a pesar de publicar con asiduidad.....), "la mirada sobre el detritus del vecino", el deseo del otro, en definitiva. Con gran sentido del humor y una prosa ágil y ligera, desprovista del barroquismo literario latinoamericano al que estamos acostumbrados, el Sr. Abad reflexiona acerca del "silencio" del escritor, reconociéndose en la cita de Elías Canetti que sirve como introducción a su novela: "Cómo se imagina él la felicidad: una vida entera leyendo tranquilamente y escribiendo sin enseñarle nunca a nadie una palabra de lo escrito, sin publicar una palabra. Dejar a lápiz todo lo que ha anotado; no cambiar nada, como si lo que ha escrito no tuviera destino alguno...".

En su discurso, Héctor Abad nos dijo:

"La literatura no es una actividad tan importante como se nos quiere hacer creer, y los escritores se dividen en dos tipos: una mayoría de muertos de hambre y borrachos, y unos pocos que se pasean como pavos reales por los vestíbulos de los hoteles de quince estrellas. A las editoriales, los críticos y los profesores (tres categorías que viven de chuparles la sangre a los escritores) les interesa hacer creer que la literatura es una cosa serísima (y esta es la transfusión de sangre con la que les pagan a los escritores) En realidad la literatura no es otra cosa que volver a contar, una y otra vez, con alguna gracia e inteligencia eso que Voltaire llamaba las pasiones humanas...".

Preguntado por los pavos reales, sin pudor alguno, Héctor arremetió contra Víctor Hugo, Lope de Vega o Gabriel García Márquez. Por los muertos de hambre no se interesó nadie.

No obstante, el Sr. Abad recibió su flamante talón de 1.000.000 de pesetas (unos 6.500 US$), eso si, menos el 25% que fue a parar a las arcas de la Hacienda española, hecho que irritó con una sonrisa socarrona a nuestro escritor, nacido en Medellín (Colombia) en 1958, actualmente periodista cultural en revistas y periódicos colombianos y mexicanos. Ha sido publicado en España (Alfaguara) y Colombia, siendo Basura su quinta publicación.

 

Babab entrevistó a D. Eduardo Becerra, director de la Serie Hispanoamericana en la editorial Lengua de Trapo y miembro del jurado:

MARÍA ÁNGELES VÁZQUEZ - Sr. Becerra, esta iniciativa propiciada por la Editorial Lengua de Trapo ¿porqué se origina?

EDUARDO BECERRA - La verdad es que han sido muchos los factores que impulsaron la creación del premio. Me voy a ceñir a un par de ellos, los en mi opinión más significativos. Todo arranca de la decisión de la editorial de empezar a dar cabida a autores latinoamericanos en su catálogo; la publicación de Líneas aéreas fue el pistoletazo de salida. La salida del libro se acompañó con la celebración de un congreso en el que logramos reunir a más de cincuenta autores jóvenes españoles e hispanoamericanos. Ese congreso acabó por consolidar nuestras excelentes relaciones con Casa de América, y en concreto con las personas del departamento de programación, Iñigo Ramírez de Haro, Lidia Blanco y posteriormente Ana María Rodríguez. En plena celebración del congreso surgió la idea y la fuimos desarrollando, Casa de América no sólo nos dio cobertura sino que participó activamente en el proceso de ir dando forma definitiva a la convocatoria. Por supuesto. Todo ello tiene que ver con una política editorial de Lengua de Trapo que se remonta bastante tiempo atrás.

MAV - ¿Lengua de Trapo ha apostado, con el apoyo Casa de América, por la edición de autores latinoamericanos noveles? ¿Cree que se publican pocos libros latinoamericanos en España en la actualidad?

EB - No sé si se publican muchos o pocos, creo que es un problema más bien de políticas editoriales. En primer lugar sólo se les presta la debida atención a los consagrados y, sobre todo, un autor o autora joven tiene que pasar a menudo un auténtico via crucis para ser publicado en España. Primero es publicado en su país de origen, si obtiene un éxito notable, los grandes grupos deciden editarlo en un par de países más de Hispanoamérica y finalmente el salto a España sólo se da si, después de mucho tiempo, se considera que puede tener interés aquí. Además, la cosa se agrava si tenemos en cuenta que muchos autores de gran éxito en Hispanoamérica, cuando son publicados aquí se hace sin un apoyo suficiente. Hay excepciones, pero por lo que conozco son más los casos que cumplen esta regla. De todos modos, sí quiero precisar que no hemos apostado solamente por autores noveles, nuestra intención es publicar novelas y libros de relatos de calidad provenientes de allá, independientemente de su condición novel o no. Creo que se podrá cumplir pronto esto, pues es muy probable que en pocos meses aparezca una obra de, en mi opinión, uno de los narradores latinoamericanos más importantes de las últimas décadas y ya absolutamente consagrado.

MAV - ¿Narrativa versus poesía? ¿Sigue siendo minoritaria la poesía?

EB - Definitivamente, sí. Sé que a Lengua de Trapo le encantaría entrar en la poesía, pero es un terreno arriesgadísimo y, desgraciadamente, una pequeña editorial (como las grandes) también ha de tener en cuenta aspectos no sólo literarios; ojalá pronto podamos decir que las cosas han cambiado.

MAV - ¿Éste premio surge como un revulsivo a la falta de creatividad en el mercado editorial actual?

EB - Yo hablaría de falta de riesgo por parte de las editoriales y, en efecto, de falta no sé si de creatividad pero sí de ciertas actitudes acomodaticias en gran parte de los creadores.

MAV - Algunos críticos latinoamericanos piensan que a sus escritores les falta estímulo y que tienden a preocuparse por las "modas" europeas ¿usted que piensa? ¿Podría darnos su opinión acerca de la actual situación creativa en Latinoamérica?

EB - Me parece un problema baladí. Este es un tema que viene de muy lejos, casi de las primeras polémicas literarias tras la independencia. La crítica y la literatura hispanoamericanas han vivido obsesionadas con el tema de la identidad propia y, en relación con ello, con la búsqueda de una literatura singular y genuina. A veces esto ha desembocado en actitudes extraordinariamente simplistas por su excesiva proyección a ámbitos locales o regionales, en otras ocasiones el resultado han sido obras maestras realmente deslumbrantes; pero en estos casos siempre se ha dado una asimilación enriquecedora de corrientes provenientes de otras culturas. A mí particularmente me da igual que la literatura de un autor o autora de Hispanoamérica se nutra de la escritura de Carver, Ford, Rulfo o Bryce Echenique. Lo que importa es el resultado, la manera en que reformula esas presencias. Creo que hay que evitar siempre, en cualquier tradición literaria, ser excesivamente provinciano o localista.

MAV - ¿Cree usted que los nuevos creadores iberoamericanos ya han conseguido despojarse completamente del rastro que marcó el realismo mágico y todas sus vertientes?

EB - Ellos sí, y no sólo ahora sino desde hace mucho tiempo. El problema es de la crítica y más en concreto de la que se hace en los medios de comunicación; que siguen insistiendo en esa muletilla, aplicada siempre de manera mecánica a un gran número de trabajos que vienen de allá. La culpa es de que sólo algunos autores y sobre todo autoras de las últimas décadas que se inscribieron en esa línea (Allende, Esquivel, Belli) se convirtieron en best-sellers en España; eso ha ayudado a crear el espejismo de que el realismo mágico seguía vigente, cuando era rotundamente falso. El problema está en que el realismo mágico es una categoría tremendamente difícil de definir (creo incluso que se podría plantear su propia existencia como categoría estética propiamente dicha), pero eso no ha impedido su conversión en lugar común y etiqueta absolutamente anquilosada.

MAV - ¿No le parece un poco arriesgado crear un premio que potencie la innovación literaria? ¿Qué pautas considera que marcan la "innovación" en literatura?

EB - No sé hasta qué punto es arriesgado, lo que sí sé es que arriesgarse es lo que debe hacer, en la medida de lo posible, toda editorial. Y mucho más las que llevan pocos años funcionando. En este sentido creo que Lengua de Trapo está cumpliendo un papel imprescindible dentro del panorama editorial. Respecto a la segunda parte de la pregunta, considero que un premio de este tipo no debe partir del establecimiento de pautas previas de lo que es y de lo que no es innovación en la actualidad. Se trata más bien de abrir una puerta para que sean los autores los que, con sus propuestas narrativas, señalen los posibles caminos de la innovación narrativa. En este sentido, la obra premiada en la convocatoria del premio, Basura, de Héctor Abad Faciolince, me parece ejemplar. La manera en que plasma las relaciones entre escritura y lectura y de ambas con la vida, constituyen todos ellos temas muy presentes desde la antigüedad en la tradición literaria. Sin embargo, ello no le ha impedido construir una ficción muy sugerente y original. Es que, como se suele decir, no hay que olvidar que originalidad viene de origen.

MAV - Usted conoce la mala reputación de los premios literarios en general. ¿Deberían ayudar o ayudan a potenciar la salida al mercado editorial de nuevos valores?

EB - No debo hablar de otros premios. Sólo puedo hablar de mi participación en el jurado del I Premio Casa de América de Narrativa Innovadora; en él, la discusión del jurado fue abierta y nada complaciente (supongo que todos los jurados de otros premios dirán lo mismo, pero yo sólo puedo certificar que en este caso así fue). Sí ayudan algo a potencias la salida al mercado de nuevos valores, pero, como siempre, al final la prueba máxima está en los lectores. Si un premio se va caracterizando por la calidad de sus ganadores, al final se da lo que verdaderamente interesa: el interés del público como resultado de la trayectoria de ese premio. Creo que hay casos muy claros en ese sentido: el Herralde, el propio de Lengua de Trapo (que en mi opinión lleva varios años premiando libros de una calidad muy apreciable) y en este sentido el Casa de América ha empezado con muy buen pie.

 

 

Texto, Copyright © 2000 María Ángeles Vázquez. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: martes, 09 de mayo de 2000

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