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Cuatro Poemas

por César Cortijo

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Tienes la ciudad lejana como siempre,
los hombres que han sido tu cárcel
porque no los has comprendido y victoria
sólo miras al pisar entre las lápidas
del pequeño cementerio italiano.
Hablas a la fotografía de las lápidas,
a una imagen de la virgen, música sencilla
y quisieras no saber cómo, vencido, vivirás
en adelante, con esta pesquisa.

Tienes las manos muertas
Como si hubieras visto otra vez
En esa pequeña muerte la doncella.
¿De verdad se muere por amor?

Cansado estás de incrédulas astillas
Y la gente. En Roma has hallado,
A pesar de todo, tu inocencia. Estás en ella
Difuminado hecho lumbre y paz y un poco
Santo. No te avergüences entre los soldados
Japoneses adoradores del plástico. Turistas
Como tú.
Es en serio que la luz descansa las miradas.
Las hermanas haciéndonos cantar tras los curas ancianos,
Ya sin prisa. Un catecismo que yo acepto.
Fratelli piensas cuando escenificas las parodias.

Y tanta dulzura en las colinas, en las azoteas amarillas
Que babean ciertamente por Passolini y tantos otros, es increíble.
Es increíble tanta dicha. ¿Es posible, hermanos,
Que vayan a perdonarnos las traiciones?

Y más abajo, junto al Tiber que soñabas blanco
Perfecto de las flechas anteriores al desastre
Vuelve el músculo a crecer de los caballos, las olas
Cuadradas de las chicas, los cojones en su adobo
Ahora encuentran brisa de pensamientos y sol
Mármol nada más y calma vieja.

Oh húndete en la hierba bajo los pinos romanos.

*

Quitaré las barreras que te tengo,
El dulce imperio de tus pechos inmortales
Atravesará la pared de mi gélido tabú.
Y los ciervos, vistos por segunda vez,
Dirán con el miedo de su lengua mi sangre,
Mi hora exacta, mi gel.
Ellos son buenos intelectualmente.
¡Cuánto te he amado en los wateres de Caracalla!

*

Qué hermoso es despertar con los pájaros cantando
y triste, alejado de vosotros a quienes amo,
y sin embargo, es verdad, es verdad, es verdad.

*

Todas las chicas parecen tú misma.
Será que de moda tu vestido de tirantes
se ha puesto.
En mi dionisiaco estado buscando
aún más deshacernos.
Oh tu glorioso vestido escotado hasta la luna.
Hunde los bultos por oírlo en su círculo.
El daño está hecho.
Tu vestido negro ondea a estas horas
en la fresca noche de agosto. Es de noche
y esto alguna vez había que explicarlo:
Yo estoy sentado en la silla de hierro
y toneladas de coches, mil watios de luces,
como pavos yendo y viniendo la gente se divierte
chillando constantemente más joven, lentamente
cantando para un amor cada vez más vitriólico
y esto a ti no parece desquiciarte.
Dices no quererme riendo y esto te hace más bella,
más deseada e irresistiblemente funeral.

 

 

Texto, Copyright 2000 César Cortijo. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: domingo, 30 de abril de 2000

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