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Transmetropolitan: I love it here por
Sergi Puertas
"Si te sientes deprimido, crispado y agotado, entonces estás
en el estado de ánimo perfecto para hacer buen periodismo."
Spider Jerusalem.
Hace ya unos años, una tipa
sagaz de DC comics, la sacrosanta editorial de comics que parió a Superman, se supo oler
que los tebeos al uso, en plazo breve, no iban a interesar ni a la hija de tu vecino. Es
decir, enciende la tele, arranca la consola de videojuegos. Bájate al kiosco o agárrate
una cinta en el vídeo club. Ve al cine. Ahora piénsalo bien: ¿qué clase de competencia
ofrecen contra todo eso supervillanos y héroes de pega? ¿Mamotretos estáticos embutidos
en mallas y que vomitan tontería pura? Contra decenas de canales de televisión por cable
y cientos de experiencias interactivas en CD-ROM? Oh, al infierno con ellos y pon ya
Cartoon TV...
Efectivamente, la industria del comic yankee estaba por entrar en una
crisis de campeonato de la que aún hoy no ha salido del todo. Pero Karen Berger se la vio
venir anticipadamente. Fue así como la buena de Karen, que trabajaba en DC como editora
de los pocos comics "adultos" de la compañía, propuso la fundación de un
sello específicamente "adulto" que se daría en llamar Vértigo.
Vértigo ha tratado desde entonces de ofrecer lo que ninguno de los
otros medios ofrecía; a tender a los extremos en una cultura en que todo tiende al centro
y en la que nadie arriesga en propuestas diferentes. Vértigo juega al papel del
radicalismo; un radicalismo moderado, ojo: no debemos olvidar que DC se encuentra detrás.
Pero aun así, el propósito de Vértigo es rellenar los huecos que los demás medios
dejan con un material presuntamente inteligente y alternativo.
En este marco surgió Transmetropolitan. Si bien sus primeros números
aparecieron bajo otro sello llamado Helix, pronto se le concedió el sello Vértigo. Y es
que Transmetropolitan cumplía perfectamente con los tres requisitos básicos de los
comics Vértigo: a) Se trataba de un comic de autor. b) Iba dirigido a un publico adulto.
c) Era "diferente".



Ambientado en un futuro totalmente desquiciado y apocalíptico,
Transmetropolitan nos narra el día a día de Spider Jerusalem, el columnista más salvaje
de una ciudad en la que, estadísticamente, una nueva religión nace a cada minuto. Spider
Jerusalem tiene un tatuaje justo por encima del culo que reza: "Besa aquí".
Spider Jerusalem tiene fama de ser el hombre más peligroso del mundo con un teléfono: la
última vez que le dejaron a solas con uno, con unas pocas llamadas desencadenó el
suicidio en masa de toda la cúpula del poder de Praga. Spider Jerusalem encadena los
pitillos mientras hace tambalearse al país tecleando su columna, "I hate it
here". Y si bien su principal arma es su ordenador portátil, podemos también
ocasionalmente verle armado con un bazooka o con un disruptor intestinal, un arma ilegal
de fabricación casera que provoca diarrea súbita. Ya sabéis, esa clase de tío.
Típico. Su ex-mujer pidió ser criogenizada y mantenida en estado de hibernación con
orden expresa de no ser descongelada hasta que exista certeza absoluta de que Spider
Jerusalem esta muerto y bien muerto. No os digo más. Todo un personaje.
Su creador no es otro que Warren Ellis, un británico famosillo ya en su
tierra natal por escribir Lazarus Churchyard, un título de culto. Ocurre que esto de ser
un escritor de tebeos de culto en U.K. parece ser que no paga las facturas. Así, cuando a
Warren le salió un chanchullo para escribir superheroes para Marvel Comics, ni corto ni
perezoso, se fue para los USA a hacer carrera. Como Warren era un tío con mucho oficio,
campeó esta etapa con bastante dignidad; sólo que escribir diálogos para señores en
pijama que vuelan y dan tortas es poco gratificante. Por eso Warren presentó a DC el que
iba su proyecto más personal hasta la fecha. Y DC se lo aprobó. De plasmar sus
elucubraciones se encarga Darick Robertson, un dibujante de talento que, hasta la fecha
había también trabajado en tebeos de poca monta y que, de pronto, se encontró dibujando
mes a mes el título de su vida.
Warren y Darick están desde entonces tomándose la revancha a los
mandos de Transmetropolitan. Como dos amordazados a los que de pronto retiráramos el
esparadrapo, Warren y Darick gritan a pleno pulmón todo aquello que llevaban ya tiempo
queriendo decir. Transmetropolitan es un comic que rezuma odio por los cuatro costados. Un
comic que aborrece a las masas pero que, en ocasiones, despierta ternura por el individuo.
Y aunque es probablemente imposible hojear uno de sus números sin hallar mil veces la
palabra "Fuck" y derivados, Transmetropolitan está en las antípodas de la
crítica descerebrada y obvia. Transmetropolitan es un tebeo inteligente e incisivo que,
en clave de humor negro, señala las lacras del presente a través de un retrato de los
horrores del futuro. Un tebeo que, a un tiempo, da risa y acidez de estomago.
Hace unos pocos meses, Norma editorial tuvo el detalle de ofrecernos, en
cuatro tomitos, la edición castellana de los primeros ocho números de la serie americana;
serie americana que, por cierto, ha rebasado ya la veintena de números y que prosigue
implacable su avance cosechando premios y el reconocimiento de la critica especializada.
Sólo queda confiar en que las cifras de ventas sean en nuestro país lo suficientemente
lucrativas para que la cosa no acabe aquí.
Tal vez Transmetropolitan no sea el mejor comic que has leído jamás.
Posiblemente tampoco sea el mejor de la línea Vértigo. Habrá quien señale que
Transmetropolitan carece del estilismo literario del Sandman de Neil Gaiman, o de las
propuestas vanguardistas y psicotrópicas a las que Grant Morrison nos tiene acostumbrados
en The Invisibles. Y tendrá su razón: Transmetropolitan no va a cambiar ni tu vida ni el
comic-book tal como lo conocemos. Transmetropolitan es básicamente entretenimiento
inteligente de primerísima división y eso es todo, pero, ¿sabéis qué? Yo soy de
quienes creen que éste es el mayor cumplido que se puede hacer a cualquier producto,
cualquiera que sea su medio.
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Sitio web oficial de Warren Ellis: www.warrenellis.com |
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