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Medir las cosas, darles sombra (Poemas)

por Jorge Luis Morales

 

MEDIR LAS COSAS, DARLES SOMBRA

Nos mueven como un pacto,
enjambre que olvida su ventaja de aire.

Si en lo denso de estos materiales
que apenas cercioran, como tejidos burdos,
se arropan, en un sacramento, el haz y las palabras,
desprendamos su luz seca, cáscara difusa
hacia el nicho obligado que en unas manos reposa.

Este largo reguero, columna leve,
como leve es su diamante de rumbo,
nace en la espuma de un párpado frotado hasta la lágrima,
nace en la sien del irascible amante del acecho.

Tengamos francas las respuestas; aguamanil,
suplencia del bismuto que, empapado de abismo,
trae su porosidad como un brazo que escoge.

O silbatos obscenos sin su corazón de sonido,
camisones plisados como briznas que el viento agita;
el inválido rumor de un perfume sin sombra.

Nos mueven tal el faldón inmediato en las cúpulas,
iguales en su jarrón de bálsamo, igual su escudo.
Nos mueven como previsibles lanceros;
hasta tarde en los ojos, como en un zumbido. 

 

 

NO ES DE NADIE

Prefiere este resto de amarga elocuencia
donde decir es escasez, la tacha de nuevo.

Como en los barandales, resonantes como un peine,
la muesca del entronque es también
el sonido que se aleja, aún no sido,
y aquél primero, más veraz,
disciplina su materia hasta no ser,
cuerpo vuelto hacia el silencio.

La sien, peana del grito;
la mezcla del relato como oruga sin embargo
que bajo su pecho diestro reclama la quietud,
el enfoque al fin de su anillar avance.

Y el decoro, pérfida manera de decir no somos,
que obra confundida
entre lo dicho y el paladar del gesto.

La palabra, al fin, con su saco de ritos
agujereado, y las puntadas del orgullo
que alza el mástil más lejano de la pérdida.

 

 

TIEMPO DE FUGA

Tiempo de fuga, tiempo de estos largos resortes,
treguas de un sonido como caracolas cerca,
exhumación a veces de una forma alejada,
antecedente o arriate de lo que en todo es tardío.

Son raros los listones, dividiendo su sombra
espesa y flexible bajo un ciclo de astillas.

Así su memoria,
abatida de nuevo sobre un cristal con huellas,
precede en su estiba a la voz que llega punzante
y gira, similar en el vidrio, su metal de ahora.

Elige él una canción, como algo se piensa,
como un cuerpo averigua el arpón del suplicio,
elige hasta el acto de escoger, como si fuera preciso
medir con herramientas que, a un tiempo, se miden.

 

 

ANATOMÍA

Si como siempre miramos, como siempre
ámbito, entronque, palas nuevas,
maneras de ser, casi siempre con reserva
de lo que es lejos, materia en torno de una mano.

Si como al alto no cesan, en los caminos,
las carretas más húmedas que algo embosca
y en sus ruedas se adhiere ese latido
y es su eje nuestra noche desbrozada.

Así su cuerpo, dando tumbos,
llega acueo y silente, nada estorba
a añadir a sus límites nuestro tacto,
que no es sino precisión del ser,
cierto ajuste de inacabadas formas
y adherencia a un tiempo, evadida
del estrago de la carne tras se explora.

Avivamos la sangre como el yunque
tiene el temblor medido, y su planicie,
trenza del silencio, nos devuelve
más quieta y lícita la figura que abrazamos.

Nos concierne iluminar de nuevo ciertos puntos
que avanzamos, suplencia del aire,
ciertos rasgos imperfectos en que nada irrumpe,
miradas al abrigo del pudor y fascinadas muecas.

Nos concierne suplantar las tensas tiras
sobre el cuerpo nudo; y la prisa,
que en el labio inerte se entreteje.

 

 

Texto, Copyright © 2000 Jorge Luis Morales. Todos los derechos reservados.
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Última actualización: viernes, 31 de diciembre de 1999

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