| Palco Proscenio (entrevista con Rafael Frühbeck de
Burgos) por Dionisio Rodríguez
El pasado 22 de diciembre, a las
18.30 de la tarde, el director de orquesta Rafael Frühbeck de Burgos,
sin duda nuestra figura más internacional y señera en este campo, accede a ser
entrevistado por Babab. Nos recibe en el Auditorio Nacional de Música,
en su camerino, tras uno de los ensayos del Concierto de Navidad 1999 que va a ofrecer
dirigiendo a la Orquesta y Coros Nacionales de España y a diversos
solistas vocales.
El maestro Frühbeck ocupa actualmente el puesto de
Director emérito de la Orquesta Nacional de España, de la que es
también director artístico en ausencia del director titular. El maestro Frühbeck
ya ejerció la titularidad de la orquesta durante una etapa de diecisiete años tras la
que se ha prodigado en los escenarios de todo el mundo con gran éxito, habiendo dirigido
a las más importantes orquestas, y ocupado importantes responsabilidades en prestigiosas
instituciones musicales.
La entrevista, de unos cuarenta y cinco minutos, se desarrolla
fluidamente. El maestro no elude ningún tema, y contesta a todo con prontitud y
elocuencia, profusión de detalles, memoria a toda prueba, y agudeza no exenta de ciertas
dosis de socarronería y humor inteligente.
DIONISIO RODRÍGUEZ - Me gustaría hablar de sus
orígenes familiares, que me contara un poco cómo es la llegada de su familia a España.
RAFAEL FRÜHBECK DE BURGOS - Mi padre quedó muy
mal herido en la 1ª Guerra Mundial como consecuencia de la explosión de una granada, que
mató a los dos que había al lado suyo y a él lo dejó medio muerto. Como no se había
muerto, al día siguiente por la mañana lo cosieron como pudieron y lo mandaron a casa.
Mi padre, al tercer día de estar en
Burgos, tiró el bastón

Al acabar la guerra, él trabajaba en una fábrica de óptica que
tenía dos sucursales en España. Ante la falta de noticias respecto a estas sucursales,
el dueño le mandó a ver qué pasaba. Con Las secuelas de sus heridas y un reumatismo
tremendo, hizo el viaje. Liquidó la sucursal de Castellón. Y llegó a Burgos con treinta
centímetros de nieve un mes de abril -contaba él- a las tres de la mañana; sólo había
un carrito para llevarle al hotel desde la estación. En el hotel las cañerías estaban
heladas y no había calefacción. No había nada que hacer. Se echó todo lo que pudo
encima y pensó: "aquí me muero yo". Y, cosa curiosa, a la mañana siguiente,
con el clima y la altura de Burgos, sus heridas y reúma estaban mejor; al tercer día ya
había tirado el bastón. Llamó al dueño de la fábrica, le compró el negocio, y se
quedó. Y ahí se murió de ochenta y cinco años. Mi madre, prima y prometida suya, vino
a España y se casaron.
DR - Sus padres se casaron en España. Entonces,
¿usted nace en España?
RF - Yo y mi hermano Guillermo, que es mayor que
yo siete años.
DR - Usted nace en el año 33. Se queda en
Burgos ¿hasta qué edad?
RF - Estoy en Burgos hasta los ocho años. Luego
marcho a Barcelona, junto con mi hermano, a estudiar interno en el Colegio Alemán dos
años; y dos años más en el de Bilbao, hasta que cerraron. En el cuarenta y cinco
cerraron todos los colegios alemanes en España. Volví a Burgos, donde acabé el
bachillerato; y a los dieciséis me fui a Madrid a estudiar Derecho y Música en el
Conservatorio. En Bilbao vivía en casa de un amigo de mi padre, un alemán casado con una
inglesa. Vivíamos allí mi hermano y yo, por veinte pesetas y comiendo con el dueño.
DR - ¿Tiene algún recuerdo especial de esos
años de colegio?
RF - En los años de Bilbao, estudiaba el
violín en el Conservatorio con don Sisto Osorio, excelente profesor.
Entre sus alumnos estaba Antón, concertino entonces de la Orquesta
Nacional de España, y Félix Ayo. Estudié también piano y armonía.
Fui a Madrid a hacer la reválida. Entré en la Facultad, entonces en
San Bernardo, y al segundo año ya estaba de segundo maestro en una revista por mediación
de un empresario, Rafael Calleja, que era amigo de mis padres e hijo del
autor del Himno a Burgos y de otras muchas músicas y zarzuelas.
En el Ejército me trataron francamente
bien

DR - ¿Su entrada en el Ejército se produce con
posterioridad a terminar los estudios musicales?
RF - Sí, claro. Empujado por mis padres (sobre
todo mi madre), que no estaban demasiado contentos con lo de la revista. Había que hacer
la "mili", y tenía la opción de hacer la Milicia Universitaria, acabando
Derecho, cosa que no me apetecía mucho, o de hacer una oposición a director de bandas
militares, que fue lo que hice. Gané la oposición y obtuve plaza en el regimiento de
Santander. Así hice yo la "mili", y no me puedo quejar, porque en el Ejército
me trataron francamente bien.
Yo con la banda estaba contento: era un trabajo que hacía con gusto.
Por otra parte, yo vi inmediatamente que aquello no era porvenir y que había que
estudiar; así que, de acuerdo con mis padres, me fui a Alemania a estudiar música a
Munich. Estuve sólo dos años porque ya tenía una experiencia previa, y me pusieron en
el último curso de dirección. Luego me quedé un año más haciendo una especie de
máster, y obtuve el diploma.
Entonces en España había prácticamente cuatro orquestas. En Madrid
estaba Argenta, en Barcelona Toldrá, en Valencia Ferrer
y en Bilbao Arrambarri. Arrambarri, después de unos
años, se vino a Madrid. Yo escribí una carta porque sabía que buscaban director. El
encargado de recibirla fue un ingeniero, don Pedro Mendizábal, hombre
mayor, muy enterado y muy justo, que al ver mi currículum me integró en la programación
de la orquesta. Allí estaba ya Benito Lauret, amigo mío con el que
estuve a punto de formar una orquesta de baile, y Cristóbal Halffter. Al
segundo concierto que hice, me ofrecieron dirigir la orquesta; y ahí me quedé cuatro
años.
DR - ¿Y entonces se produce el salto a Madrid?
RF - El salto se produce inmediatamente, porque
el primer año dirijo la Orquesta de Cámara de Madrid en Santander con
mucho éxito. También me invitó la Nacional; fue otro gran éxito. Recuerdo el programa:
una sinfonía de Haydn, la sinfonía Boston de Hindemith,
el tercer concierto de piano de Beethoven y unos fragmentos de Los
Maestros Cantores de Wagner.
Tras la muerte de Argenta, se hablaba de la titularidad de la Orquesta.
Entonces había muchas presiones y muchas influencias; todos los directores tenían
amigos... Yo, a partir de entonces, hacía prácticamente de titular de la Orquesta, pero
sin el nombramiento; y al mismo tiempo dirigía la de Bilbao. Las giras de entonces las
hice todas compartiendo los conciertos con Toldrá. Estuvimos por
Francia, Suiza e Italia y estrenamos obras de Luis de Pablo, Monsaltvage, Rodrigo.
De los diez miembros de la Academia,
nueve y medio votaron por mí

En el año 62, cuando nombraron a Lora Tamayo,
éste hizo una consulta a la sección de música de la Academia de Bellas Artes de San
Fernando respecto de la titularidad de la O.N.E. Recuerdo que de los diez
miembros nueve y medio votaron por mí; y digo esto porque Rodrigo, que
me lo contó luego, dijo que, si no salía yo, su voto era entonces para Odón
Alonso. Me nombraron titular, y estuve en la Nacional hasta el 78.
DR - ¿Qué Orquesta Nacional se encuentra Ud.?
RF - La orquesta era una maravilla, estaba muy
bien. Tanto Pérez Casas como Argenta la habían
atendido muy bien, y habían conseguido que tuviera en España un gran prestigio, que,
creo, acrecentamos en mi época. Hicimos giras por Europa con gran éxito; en Italia no
daban crédito a que hubiera en España una orquesta mejor que las suyas. En mi época
creo que la Orquesta funcionó muy bien: incrementamos el número de conciertos y
estábamos en los Festivales de Granada, Santander y San Sebastián, donde la presencia de
la Orquesta era obligatoria.
De todas formas, en aquella época pagaban muy mal, tanto a los
profesores como a mí. Yo tuve la suerte de continuar, por mediación de Gorostidi,
la serie de grabaciones de zarzuela que había iniciado Argenta con la
casa Columbia. De eso era prácticamente de lo que vivíamos mi mujer,
mis hijos y yo. Lo de la Nacional era (eso sí, con mucho prestigio) un sobresueldo.
Al mismo tiempo Victoria de los Ángeles, con la que ya
habíamos colaborado la Orquesta y yo, pidió que fuera yo el director de un disco muy
hermoso que se llama Música española del siglo XX, donde aparecen
canciones de Esplá, Rodrigo, Monsalvatge, Granados. ¡Un disco precioso!
Tuvo gran éxito, y "la voz de su amo" (EMI) me ofreció hacer El
sombrero de tres picos, Las noches en los jardines de España y El
Concierto de Falla, con Gonzalo Soriano.
Después me ofrecieron un contrato para grabar repertorio, e hice una serie de grabaciones
en Londres con la Orquesta Filarmonía, que era magnífica y que tenía un coro
extraordinario. Con ellos hice grabaciones que se siguen vendiendo: Carmina Burana,
Requiem de Mozart, Consagración de la primavera,
Dafnis y Cloe, Fuentes y pinos de Roma, etc. Esos discos
me dieron renombre internacional y me abrieron las puertas de América y de sus grandes
orquestas.
DR - Volviendo al tema de la O.N.E. de su
época, cuentan los más viejos profesores anécdotas de Ud., como que tuvo que ir a ver a
Franco para resolver problemas burocráticos y de todo tipo de la Orquesta, que los
gobiernos de entonces no resolvían. ¿Es cierto que se ponía Ud. el uniforme para ir de
visita al Pardo?
RF - No, eso no es cierto, en absoluto. Siempre
-y ahora lo sabemos muy bien los que estamos aquí en la Nacional- hay con la
administración y el Ministerio una burocracia y una serie de cosas que, en aquella
época, empeoraban las cosas. La Orquesta estaba muy mal pagada y la mayoría de los
profesores, lo mejor de la profesión, vivía de las bandas, de los discos y de la
enseñanza. No tenían problemas para vivir, pero no vivían de la Orquesta Nacional: eso
era lo general, empezando por mí. Yo en España tenía un "seiscientos". Y con
el dinero que ganaba después en Alemania cuando estuve en Dusseldorf, me compré un
espléndido Mercedes "Sport".
Franco escuchaba muy bien

Había siempre problemas, sí. Yo fui varias veces a ver a Franco
y me recibió muy bien. Pero fui como se iba entonces, de chaqué, y como director de la
O.N.E. Le expliqué los problemas; los entendía muy bien, escuchaba muy bien. Llamó la
atención a algún ministro y, claro, los ministros en aquella época, en cuanto Franco
decía alguna cosa, eran una balsa de aceite.
Tuvimos problemas graves cuando se creó la Orquesta de la RTVE,
porque pagaban bastante más y se nos iban los músicos. Se llegó a un acuerdo, porque lo
que Fraga quería era crear una orquesta, no destruir otra. Yo, en aquel momento, creía
más conveniente crear una orquesta en Barcelona. En cualquier caso, ambas orquestas han
convivido estupendamente.
Hay gente a quien no le conviene una ONE
buena y fuerte y con un director como yo

Conviene, no obstante, recordar a quien lo quiera escuchar que una
Orquesta Nacional buena y fuerte, y con un director como yo, a mucha gente no le gusta y
no le conviene, porque esa gente tiene otros intereses. Hoy hay otro público y muchas
más orquestas en España. Pero, desde que he llegado y la Orquesta ha empezado a renacer,
empiezan a aparecer cosas en los periódicos; pero no pasa nada, sino que hay gente a la
que no conviene que esto vaya bien.
DR - Su salida de la Orquesta Nacional, siendo
Director General Jesús Aguirre, Duque de Alba, ha sido un episodio que hizo correr la
tinta y del que todavía se habla. ¿Qué nos puede Ud. contar de ese momento?
RF - Bueno, yo creo que no fue el Duque
de Alba. Por lo que he sabido luego, este hombre era un hombre de paja al que,
desde bastante más arriba, le dijeron: "echa a Frühbeck". Yo no sé por qué.
Muchos pincharon para que me echaran. Lo peor es que no supieron encontrar a las personas
para mantener a la Orquesta bien. La Orquesta se vino abajo en seis meses. Eso me dolió
porque fue un trabajo de muchos años.
Yo le dije entonces al Duque que a mí me hacían un favor. Y, ya que
hemos hablado de Franco, y por recordar la famosa frase de Agustín de Foxá, me dieron
tal patada en el trasero de la orquesta, que la Orquesta ha estado turulata un montón de
años. Yo hice mi carrera, salí al extranjero, tenía temporada en Londres, en América,
en Japón. Estuve así diez años; y al cabo me empezaron a ofrecer las cosas que sólo
pueden hacer algunos directores en el mundo, gracias a Dios, y entre ellas algo que me
gustó, que fue la Sinfónica de Viena; e inmediatamente la Ópera
de Berlín y la Orquesta de la Radio de Berlín. Tres
titularidades que eran como para volverse loco. Yo estoy muy contento de haber podido
superar ese proceso y de hacer más de ciento treinta funciones al año de una ciudad a
otra. ¡Ah!, también unas treinta y cinco o cuarenta funciones en la Ópera de
Zurich.
Poco a poco han ido acabando estas tituaridades. Empecé a volver a
dirigir en España, primero a la Sinfónica de Madrid, luego ya me invitaron a la
Nacional. Desde hace dos años soy el que está haciendo las funciones de titular desde mi
posición de Emérito, que prefiero a la titularidad, porque creo que con eso ya he
cumplido.
DR - ¿Acabarán los problemas estructurales de
la orquesta? ¿Qué les desea Ud. a sus músicos? ¿Qué papel debe representar la O.N.E.
en la sociedad española?
RF - Yo no sólo le deseo la preeminencia que
tenía hace años, sino que la mejore. Puede ser una de Las grandes orquestas europeas. En
el ámbito latino, España, Francia, parte de Bélgica, parte de Suiza e Italia, hay dos
orquestas buenas en París y una en Milán. El resto no son mejores que la nuestra.
España puede aportar con la O.N.E. una institución emblemática de este tipo de cultura.
Otro h´bitat natural para la O.N.E. es Iberoamérica, en donde deberíamos tener más
presencia en la radio y la televisión y de una forma más continuada.
DR - Desde una óptica europea, ¿cómo ve Ud.
el panorama español de la educación musical y a nuestras orquestas?
RF - Desde mis años en la Nacional, dije a
todos los ministros que la enseñanza en España era una catástrofe: lo sabía por mí.
Cuando llegué a Munich, me enseñaron el método de armonía de Schomberg.
Teníamos un retraso de cincuenta años.
Hubo uno que, cuando ganó la plaza de profesor, colgó el instrumento y
estuvo enseñando treinta años sin volver a cogerlo. Así no se podía crear
profesionales. La prueba es que se han creado orquestas en España que están muy bien,
pero los músicos no son españoles. Hay muchísimas plazas que no están cubiertas por
españoles porque éstos no tienen el nivel necesario, y eso es una pena. Últimamente se
ha mejorado; lo hemos visto en las últimas pruebas de la O.N.E., donde hemos cogido a
gente muy buena española. Pero estamos lejos de los niveles con que se educa a la gente
en Alemania, América o los países del Este.
DR - ¿Conoce las nuevas orquestas españolas?
¿Ha dirigido alguna de ellas? ¿Le gusta alguna en especial?
RF - He dirigido, y me ha causado una gratísima
impresión, la de Sevilla, que vuelve este año; además, vendrá aquí a nuestro ciclo
(Ciclo de la O.C.N.E.). Me gustaría dirigirlas todas, peo no tiene uno demasiado tiempo.
DR - Después de estos años fuera, ¿le
parece...
RF - Yo he seguido viviendo aquí y aquí está
mi familia. No he dirigido, pero he estado.
DR - ¿Cree Ud. que España va bien?
RF - (Hace una pausa). Me pone Ud. en un
aprieto. Podría ir mejor.
Lo que más ha perjudicado a los músicos
españoles es la formación que han tenido

DR - ¿Y para la profesión? Hay quejas de los
músicos, por la invasión foránea y la bajada de la calidad del trabajo. ¿La ausencia
de colegiación los ha perjudicado?
RF - Lo que más ha perjudicado a los músicos
españoles es la educación que han tenido, porque hoy estamos en el Mercado Europeo y el
ámbito de trabajo es la propia Europa, sin restricciones nacionales. La plaza la ganará
el que mejor toque. Aquí lo que interesa es la educación. Tenemos que preparar a nuestra
gente.
DR - Bueno, algunas cosas generales. Ésta es
una revista con un fuerte contenido literario. Quisiera preguntarle por sus lecturas.
Aquellos libros que le impresionaron.
RF - Yo nunca he tenido demasiado tiempo para
leer. La música me absorbe casi todo el tiempo. Hacer un repertorio de seiscientas obras,
como tengo yo, requiere de muchas, muchas horas de preparación. Tengo ventajas: como
hablo cinco idiomas, tengo acceso a muchas literaturas. Últimamente he releído el Fausto
de Goethe, en alemán, muy despacito porque es un alemán muy difícil,
mientras preparaba una producción del mismo en la Ópera. También leí una preciosa
edición de textos carolingios, para una producción de Los Maestros Cantores.
Estoy los veranos en Mónaco, donde soy residente, y procuro leer algún libro en francés
para mantener la lengua, aunque ahora que voy más con la Orquesta de París, lo hablo
mejor.
DR - De la juventud ¿recuerda alguna lectura,
algún cuento infantil?
RF - Cuentos infantiles no. Yo recuerdo que la
primera obra que me causó impacto fue El Quijote; también La
Celestina. Teníamos un magnífico profesor de Literatura y estupendo poeta que
se llamaba como el Arcipreste de Hita, Juan Ruiz, Peña de segundo apellido. Fue un hombre
que me influyó mucho, nos hacía leer de todo. No sé si está vivo, pero quiero
agradecerle desde aquí su trabajo.
La Princesa Diana de Gales era una
persona encantadora

DR - ¿Qué personas le han impresionado o admira
Ud. mucho?
RF - Uno conoce a muchísima gente,
políticos... Yo diría que la gente que más me ha impresionado ha sido en España, pero
uno no tiene tiempo suficiente para hablar con ellos. Una pena, porque pocas veces se
tiene la ocasión de hablar con premios Nobel, con grandes artistas. Recuerdo
especialmeente a Orff, el compositor, a Esplá y a
Rodrigo: era gente impresionante. A algunos Jefes de Estado. Me causó una extraordinaria
impresión la Princesa Diana de Gales; ella era presidenta honoraria del
Coro de la London Simphony y venía a los conciertos, y tenía la amabilidad de venir en
la pausa a charlar con los artistas. Era una persona encantadora.
DR - ¿Algún personaje histórico?
RF - Me gustan mucho los faraones. Ramsés II.
DR - Y de los artistas ¿quiénes le han
impresionado?
RF - Yo he tenido la suerte, al ser violinista,
de trabajar con los más grandes. Me impresionó mucho Yehudi Menuhin,
tanto como violinista como en lo humano. David Oistrack me pareció un
ser extraordinario y un violinista de una talla enorme. Con quien tuve más amistad, y
creo que fui uno de los pocos directores que se entendió con él, fue con Natan
Milstein, que me parece el más virtuoso de todos. Naturalmente también con Henry
Szering, Arthur Grumiaux, Christian Ferras. Tampoco puedo olvidar a grandes
pianistas: Rubinstein, Arrau, o a nuestra Alicia de la Rocha,
con la que tengo una gran relación.
Las personas que más me han ayudado son
Victoria de los Ángeles y el Duque de Alba

DR - ¿Y de los españoles? Ya ha nombrado a unos
cuantos a lo largo de la entrevista.
RF - Las personas que a mí más me han ayudado
han sido Victoria de los Ángeles, con aquel disco que fue el principio
de todo, y el Duque de Alba, que me echó de aquí.
DR - ¡Maestro, eso que me dice es casi un
titular! Al filo del siglo XXI, ¿qué le parece a Ud. la polémica desatada en torno a
aquellos que denuncian la incomunicación entre la música contemporánea, o al menos de
muchas de sus estéticas, y el público, y que predicen que la música contemporánea del
siglo XXI estará mucho más cerca del público?
El público acepta casi todo excepto que
le digan tonterías, en cualquier lenguaje

RF - Compositores como Stravinsky fueron rechazados
y pateados por obras que hoy son consideradas piezas maestras. Cuando Bach
estrenó la Pasión según San Mateo no lo echaron de Leipzig de milagro,
y es una de las cimas no ya musicales sino de la cultura de la Humanidad. Cuando Beethoven
compuso su primera misa, el príncipe Esterhazi le increpaba: "pero Beethoven, ¿qué
ha hecho usted?". Tras la 2ª Guerra Mundial, la música serial y abierta ha roto con
doscientos años de evolución musical. Pero vamos a no engañarnos: la mayor parte de lo
que se ha hecho ha sido de mala calidad. Había que romper con los moldes antiguos, pero
eso no quiere decir que demos al público música mala. Eso ha terminado. Hoy no llama la
atención nada. La gente ni se molesta en patear o silbar. Hoy, un poco como en la moda
masculina y femenina, se aceptan todas las tendencias. Antes íbamos todos vestidos igual,
sobre todo las mujeres.
Algo de ello lo podemos ver en este concierto. He encargado a cinco
compositores españoles que escriban para la Navidad, y cada uno lo ha hecho de forma
diferente. Lo importante ahora no es el lenguaje, sino lo que se dice con ese lenguaje,
porque el público acepta hoy casi todo, excepto que le digan tonterías, en ningún
lenguaje.
DR - Algo parecido ha ocurrido con la
interpretación de la música antigua, barroca y clásica. A Ud., conocido por sus
versiones sinfónicas y románticas de muchas de estas obras, ¿cómo le ha afectado en lo
que respecta a su manera de concebir este tipo de música?
RF - Conozco muy bien a Nicolás
Hanoncourt y sus ideas; y qué duda cabe de que sobre todo la edición de los
textos y la investigación han aportado muchas cosas que no se sabían hace cincuenta
años. Yo creo que soy uno de los directores que han evolucionado más. En este aspecto el
Bach o el Mozart que yo hago hoy no es el que hacía hace treinta o cuarenta años. Creo
que todos hemos aprendido. Pero de ahí a que haya que hacer el Mozart o el Beethoven con
instrumentos originales hay un mundo, porque los instrumentos antiguos, con excepción de
la cuerda, suenan bastante mal.
Hay una anécdota de Karajan, mientras estaba grabando
la Misa Solemne de Beethoven en Viena. Otto
Klemperer, que no se llevaba bien con Karajan, se coló sin que pudieran
impedirlo en la grabación. Karajan simula no verlo. Cuando Klemperer decide irse, el
productor de ambos, Walter Legge, marido de la famosa soprano Elizabeth
Schwarzkopf, se le acerca para despedirlo y, entre otras cosas, le dice:
"Dígale a su joven amigo que no sólo se preocupe de buscar la belleza, sino que se
preocupe de buscar también la verdad". A los del Autentic Mouvement habría que
decirles lo contrario.
DR - Se le ve activo y con ganas cara al siglo
XXI. ¿Qué le queda por hacer? ¿Qué le apetece hacer? ¿Qué expectativas tiene para
Ud. el siglo XXI?
RF - Me gustaría dirigir menos y seleccionar un
poco más, pero siempre digo lo mismo y termino dirigiendo más de cien conciertos al
año. El siglo XXI va a deparar algunos cambios. Los medios van a difundir mucha más
música que antes. Las orquestas van a ser menos, igual que los dineros para la cultura.
Van a tener que trabajar diversificando su oferta: ballet, ópera, conciertos,
grabaciones, giras... Eso podrá llegar a millones de personas. Si el microsurco causó
una revolución, no me sorprendería que pronto se escuchen y vean los conciertos por
Internet, y muy bien.
DR - Hablando de Internet, ¿es Ud. usuario?
¿Tiene correo electrónico?
RF - No. Eso lo llevan todo mis hijos. Quizá
algún día me anime a hacerlo. Toda mi familia está conectada, y no tengo más que
pedirles algo. Mi hija, la doctora en Medicina, sí que trabaja y publica en ese medio.
DR - Bueno, maestro, le agradecemos mucho que
haya aceptado ser Socio de Honor de esta revista y la atención que nos ha prestado. Le
dejamos el micrófono abierto para que le diga Ud. algo a la comunidad musical,
internautas, a quien Ud. quiera.
RF - Felicitarles a todos. Y que el nuevo
milenio nos traiga mucha prosperidad y mucha paz.
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