Manifiesto | Babab.com

Manifiesto

Estamos del lado del libre albedrío, renunciamos al camino recto, al veneno de los regalos y a los valores añadidos.

No somos de carne, la artritis no se interpone entre el índice y las dos pulsaciones al ratón que desconecta de discursos, planes de pensiones y cotización de la miseria.

Vivir cuesta un saco de piedras al lomo cada día. Rebajamos pena con humildad de lija venida a más. Sabemos que la justicia muere cuando nacen los sentidos pero son las ideas las que limpian los vacíos disfrazado de cualquier adorno intencionado.

Sólo la sabiduría sabe, eso es lo que sabemos.

Nada hay que aprisione, libere, ajusticie o justifique más que la mismísima nada. Por ello lucharemos en contra, fracasando como los mismísimos dioses para después decir “y qué”, si lo hicimos según la consideración torcida.

Estamos del lado del libre albedrío, esa es nuestra fuerza.

No nos importará ser tachados de pretenciosos, listos o caprichosos. Aunque dependamos del tiempo, del espacio y otras contingencias, no estamos especialmente impresionados por su aliento. Estamos del lado del libre albedrío, esa es nuestra fuerza y el origen de nuestra contradicción.

No tenemos nada en contra de los términos atolondrado, grosero, grotesco o sibilino. Utilizaremos comedidamente el prefijo “in”. Tenemos más, incluso más baratos.

No esperamos que nadie encuentre nada de lo que busque. Nada. Ni que recupere nada de lo que perdió.

Ni mucho menos.

Mantenemos que nuestros lectores inviertan sin comprar, hallen sin tener. Por lo cual aconsejamos que nadie espere nada aunque ocasionalmente encuentre.

Nada hay de práctico en este BABAB elástico de vena innoble. Somos nadie con la testa dura de quien pretende rendija en lo compacto, sentido en lo endeble, guiño a lo serio, gracia en lo absurdo.

Somos buscadores de tesoros sin firmeza. En ello ponemos un poco de pasión.

O no.

Disponemos, ya finalmente, de un dios desorientado que nos apalabró la suerte. Nos hicimos cargo de sus deudas a cambio de este nombre incierto de BABAB y el maleficio de la duda. En el último intento de rebaja cedió su agenda y una leve maldición: ¡que cualquiera de los otros dioses os pillen confesados!

Y en ello andamos.

En el primer día de enero del año dos mil.