Editorial

 

Babab 27

Unos tipos del montón

por Luis Miguel Madrid



Ciertos espejismos relacionados con la perseverancia o el éxito aparecen al llegar al quinto año de edición de esta revista que no aparentaba pasar del tercer número. Sería entonces éste un buen momento para reconciliarse con el globo, mostrar enardecidos agradecimientos y euforia desmedida acerca de los próximos quinquenios abarrotados de triunfos y filigranas.

Pues no.

Éramos nadie y lo seguimos siendo, nos costó trabajo comenzar y cada día nos cuesta más seguir. Los tipos del montón que comenzamos somos ahora un montón de tipos, los que miraron el primer mes a Babab se han multiplicado por ciento pero como decía aquel gallego de Miami: la vida sigue igual. Sin mérito por nuestra parte.

A favor de nuestra vieja ingenuidad, Babab ha conseguido cambiar nada.
Nos hubiera gustado que en la ruleta saliera otra jugada.
En contra de nuestra vieja ingenuidad, Babab no ha conseguido cambiar nada.
No es suficiente decir que lo sabíamos.
Aunque lo hemos intentado con las palabras de otros, con las palabras de todos, con las palabras de quienes tuvieron algo que decir.
No es suficiente.
Porque no hemos detenido ninguno de esos barcos negros que mataron a los peces, a los pájaros, al agua de China, de Galicia o de Panamá.
Aunque lo intentamos con dibujos, con incienso, con señales de humo, con inviernos...
No hemos podido.
Tampoco hemos apresado a los que invocaron la guerra ni hemos impedido las masacres de Irak, de Gaza o Afganistán.
Aunque pusimos el sinsentido a favor de los sentidos, aunque inventamos notas, tonos, tolerancias musicales.
No hemos callado a los que mandan callar ni hemos atrapado a ninguno de esos que acuchillan a sus familiares, de los que raptan a sus paisanos, de los que estafan, de los que engañan.
Y eso que llenamos de oídos las pantallas, de ecos los teclados, de ojos al mundo.
A César Castillo se lo llevó la muerte parda y no pudimos encontrarlo.
Aunque le escuchemos para siempre
No nos basta.

Ha pasado un lustro por Babab —o viceversa— y efectivamente, aquel gallego de Miami tenía razón en su soniquete setentero: la vida, para nuestro amargor, sigue igual. Miles de páginas cristalinas repletas de palabras, de planos, de coincidencias, inventos, sueños y pamplinas. Miles de páginas llenas de páginas. Cosas bonitas, incluso verdades, incluso novedades.
Para nada.
Ni en lo grande ni en lo pequeño hemos triunfado, mientras otro número se edita y estas mismas palabras se exponen, se sigue destrozando el aire con venenos prescindibles, la Amazonía es arrasada por consenso o se talan los últimos arces de Las Vistillas para construir otro aparcamiento.
Estos son los alrededores de Babab, ese sueño inconstante, inservible y contradictorio que apenas sirve -quizás- para mostrar aquello que no se ve, que no se cuenta, que no mata, ni tala, ni estafa, ni maltrata.
Nada más.
Aunque hemos decidido seguir poniendo el sinsentido a favor de los sentidos, inventando notas, tonos, tolerancias musicales...

Eso es todo —si acaso— lo que después de este lustro podemos celebrar.

Y lo celebramos.






Volver al sumario


Opina sobre este artículo
Nombre:
E-mail:
Asunto:

¿Qué opinas sobre este artículo?
  

Texto, Copyright © 2005 Luis Miguel Madrid Todos los derechos reservados.



[ Entra ahora en Babab.com ]
Entra en Babab.com

 


Babab.com
Suscríbete a Babab y recíbelo puntualmente en tu buzón
Última actualización: febrero de 2005

Copyright © 2000-04 Mañana Es Arte A.C.
Prohibida la reproducción de cualquier parte de este sitio web sin permiso del editor. Todos los derechos reservados.