| El ojo en la aguja por
Consuelo Triviño
SÓLO PARA HOMBRES
Cuando pusieron el "Apolo" enfrente de la Iglesia de la
Capuchina, pensé que no me iban a dejar entrar. Pero uno de los muchachos que trabajaba
allí era vecino mío y me permitía entrar como invitada suya. Me gustaba ese sitio
pulcro, discretamente iluminado por lámparas en las esquinas y velas en el centro de las
mesas. Al entrar una tropezaba con la escultura del dios Apolo en mármol blanco. Los
hombres llegaban con sus camisas impecables y sus pantalones de buen corte. Iban tan bien
vestidos, que una se imaginaba verlos elegir su ropa y ensayar combinaciones. El sitio era
un templo de la estética con sus columnas griegas, soportando el arco de la entrada, al
fondo del pasillo, y la hiedra artificial enredándose arriba.
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Texto, Copyright © 2000 Consuelo Triviño. Todos los derechos reservados.
Fotografía Consuelo Triviño en Sumario, Copyright © 2000 Victoria Puerta. Todos los
derechos reservados.
ISBN: 84-931675-5-X |