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La palabra y la carne, de Javier Díaz Gil

JavierDiazGil

 

El pasado 20 de diciembre Javier Díaz Gil presentó su poemario La Palabra y la Carne junto a la escritora Rocío Díaz Gómez en nuestra sede de Madrid, María Pandora.

A continuación reproducimos el prólogo del libro y una selección de poemas

 

PRÓLOGO AL POEMARIO
“LA PALABRA Y LA CARNE”

 

El título de este libro, La palabra y la carne, es una descripción penetrante y fiel de su contenido. La primera de las cuatro partes en que se divide (aparte de una breve introducción) lleva por título “El verbo”, y nos habla tanto de los milagros como de la insuficiencia de la palabra, del verso. Que tanto puede, de algún modo, sustituir a la vida real (La palabra viento / habitará tu casa), o incluso plantear una realidad más intensa, más lúcida (Es este verso / el que me alcanza / Yo / solamente soy / su sombra), como condenarnos a una sustitución insuficiente de ella (Conocerás / la verdad, mas / no te hará libre, en dura variante de la frase evangélica).

Con la constatación desesperanzada de esa insuficiencia, y de la desorientación que produce en quien confió demasiado en las posibilidades creadoras o redentoras del lenguaje (¿Dónde hallar las palabras que me crean?) se cierra esta parte: En esta sombra / declaro la certeza: / Decir perfecto / es decir nada. De ahí que se acabe por afirmar que el “equipaje” de quien así se encerró a solas con la palabra no es sino “soledad, muerte”.

Y, sin embargo, se apunta ya una salida a este laberinto que parece no tenerla: el breve poema que lleva el número 13 señala que Desde la ausencia de adjetivos / las palabras desnudan lo que amo. / No necesito más. / Sólo tu aliento. Dicho de otro modo, el aliento (la presencia, la realidad) de lo amado puede no sólo dar un contenido y una significación al existir, sino incluso una referencia válida, y por tanto un sentido y un alcance, a la palabra misma.

De acuerdo con esto, la segunda parte, “La carne”, plantea la necesidad de Reducir todos / los símbolos / a un símbolo. / Tu cuerpo. Adviértase, no obstante, que ese “cuerpo” es (todavía) calificado de “símbolo”, y por tanto la relación posible que con él se plantea es una relación meramente simbólica, esto es, imaginaria, sin salir en realidad de uno mismo. Por eso la voz poética ha de decir de sí misma que Te entregas sediento al juego / que aniquile esta distancia. Pienso que aquí, al calificar esa tentativa de “juego”, la propia voz poética es de algún modo consciente de que ese camino que a sí misma se propone, aunque bien dirigido, no es todavía real, y no puede por tanto superar el encierro en que se siente. No quisiera ver más de lo que hay, pero acaso el título de esta sección esté diciendo, sin decirlo, esto mismo: la “carne” no deja de ser una abstracción, no existe como tal: sólo individuos, personas que no son meramente eso, que son también “aliento”, pneuma, hálito o espíritu.

La tercera parte, “Negación de la carne”, asegura que el hablante poético “escapó de su cuerpo”, de este cuerpo que ya / no reconozco. De ahí que pueda decirnos Soy la sombra que aquí veis; una sombra cuya negrura, afirma, es un remedo / de mi alma. Pienso que esa “negrura” no tiene aquí un valor moral, no significa infausta o atroz, sino meramente oscura, falta de luz, y que no es ir demasiado lejos el ver aquí una equivalencia de no nacida (todavía), de algo en expectativa de un sentido; la “negación” del título no lo es de la vida, sino meramente de una forma de ella que por “no reconocérsela” ya, se aspira realmente a cambiar por otra más en consonancia con las necesidades y deseos de quien así se manifiesta. Véase, por ejemplo, que al decirse, también en esta parte, que la soledad / no alcanza / para tanta vida, parece claro que el intento no lo es de rechazar esa “vida”, sino la “soledad” que no puede acogerla, que no basta: la mera carnalidad, por tanto, no es suficiente.

También aquí, sin embargo, se anticipa una posible salida. Leemos que Vuelvo sobre mis hadas, / (las creo en el papel). / Los ángeles de luz / que me protegen. “Las creo en el papel”. El rechazo a la palabra que veíamos en la primera parte no era, por tanto, definitivo, sino más bien una advertencia contra sus seducciones y sus riesgos. Ella no puede, no debe, ser un sustituto de la vida real, pero sí una compañía, e incluso un refugio. Y, lo que es más, puede aportar claridad, lucidez, cuando nos faltan: recuérdese lo que antes dijimos a propósito de la “negrura”. Ésa es, entonces, la verdadera función de la palabra: no el engañarnos con espejismos, sino el ayudarnos a ver la realidad sin disfraces y sin sombras, porque dentro de mí / hay un mundo que / vigila.

Que vigila: una palabra clave. El término es definido en el Diccionario de la Academia como “observar algo o a alguien atenta y cuidadosamente”. Esa atención y ese cuidado, dirigidos a “algo o alguien”, no son ya la atención a un Yo que se afantasma (y que acaba por ser, únicamente, la sombra de la palabra que debiera elucidarlo, ponerlo en pie en un escenario real, compartido: humano entre humanos, y ya no mero espectro del decir), sino la humilde y luminosa aceptación de los otros, de lo Otro, como parte esencial de nuestro propio vivir, y aun, de alguna manera, de nuestro propio ser. A ello alude, según pienso, el ángel vencedor de la tiniebla que se menciona en el último poema que citábamos.

No es, por tanto, encerrándose en uno mismo, pensando que (como se dice en un verso de la tercera parte, la titulada “Negación de la carne”) la puerta de mi habitación / es mi defensa, sino sabiendo lo que esa actitud tiene de automutilación y buscando, al contrario, la claridad de las puertas abiertas, como se puede alcanzar la plenitud de lo que somos, una realidad capaz de corresponderse con el mundo que vigila que como veíamos llevamos dentro, y por tanto de satisfacer la inquietud de que es signo y síntoma dicha vigilancia.

Y, tal como ya se apuntaba en la primera parte (recuérdese lo que al principio dijimos sobre la realidad de lo amado), la forma privilegiada de esa atención, de ese reingreso en lo humano, es, naturalmente, la amorosa. De ahí que el libro se cierre, en total coherencia con su principio, señalando que tu carne, tu palabra son mi amparo. Es, el que acabo de citar, el verso final del único poema que forma la última parte del libro (titulada Palabra-Materia), y por tanto también del libro entero.

Después de lo ya dicho, no será necesario subrayar la reconciliación entre los dos términos que encabezan el libro y lo definen que supone ese título, ni cómo este verso a su vez resume y cierra, en una síntesis en que ambos se llenan de sentido, la tensión creada entre ellos. Ni la sola palabra, pues, ni la carne únicamente, sino una unidad que a ambas las reúne e ilumina, al llenarlas de aliento, de significación y espíritu. Y en este punto se cierra el libro, con la respuesta a la pregunta que citábamos del principio: ¿Dónde hallar las palabras que me crean? Es, por tanto, el lenguaje del amor el único que dispone de ellas, el que puede proporcionarnos, en ellas, la creación, el renacimiento que nos permita ser, definitivamente, algo más que la sombra de nuestras mismas palabras; algo que pueda darles (y dárnoslo a nosotros mismos) la autenticidad y el sentido que deben habitarlas, y justificarlas.

José Cereijo

Imágenes de la presentación de La Palabra y la carne en María Pandora, Madrid

Javier Díaz Gil
“La palabra y la carne”

(Ruleta Rusa Ediciones, Madrid, 2016)

SELECCIÓN DE POEMAS

1.

Sé los nombres que importan
y el lugar donde está
mi carne sepultada.


2. HABITAR LA PALABRA

(A José Ángel Valente)

Habitar la palabra.

Desgranar el silencio
y la memoria.

Descender a la Luz
donde toda muerte es principio
donde todo principio es también muerte.


6. POÉTICA

Y me poseen

Entonces
os reconozco
en el blando temblor
de una caricia

os reconozco
vibrando
en el filo de las espadas
en la luz amarilla
que destila
octubre
en los atardeceres

en la soledad de agua
de los náufragos
en las conversaciones
a media voz de los casados
en el cruel pensamiento
de los abismos

(A veces
–lo reconozco–
me acecháis
desde la triste
sonrisa
de los verdugos)

Es este verso
el que me alcanza

Yo

solamente soy
su sombra


11. EL RECIÉN LLEGADO

La mordedura
limpia de la tristeza.

El equilibrio
imposible de los cipreses.

El sol ausente
de los funerales.

La palabra de humo
temblando en un poema.

La soledad, –a veces–,
y la muerte.

Ese
es mi equipaje.

Ahora,
–si queréis–
acogedme
a vuestro lado.


16.

A veces,
cuelgan ángeles de tus labios,

la pirueta
perfecta

la cicatriz
de sus alas

desnudan la cintura de lo eterno.


20.

Permanece la sal
en la memoria,
en la cicatriz ya cerrada.

Aplicas
los labios a la herida.

(Hay inviernos que duelen
más allá del invierno).


25.

No quieras desprenderte
de lo que amas.

El lugar donde
fuiste feliz
no está en venta.

Crece tu piel
contra los días
impares.

Renunciar a la luz
que te alimenta
es desprender el hueso de su carne.


30.

Quién puede detenernos esta nube,
revelar lo que oculta tras la sombra,
describirme a un tiempo lo que nombra
la vida que ahora tengo y la que tuve.

Alcanzar esta luz es recompensa,
saber que el tiempo pasa y que en tus manos
reside la pasión de los veranos,
inviernos reposados, paz inmensa.

La vida se hace siempre una pregunta
y son pocas las cosas en que creo.
Sabré cumplir entonces mi deseo,
si estalla la tormenta que despunta,

Si suena del relámpago el disparo,
tu carne, tu palabra son mi amparo.

Portada La palabra y la carne

Javier Díaz GilJavier Díaz Gil (Madrid, 1964). Diplomado en Profesorado de EGB y Licenciado en Geografía e Hª. Premios: XI Certamen de Poesía E.U. Magisterio Guadalajara, 1998. En 2000: 1º Premio Humberto Tenedor para el poemario Humo. 2000: Premio Nicolás del Hierro al poemario Hallazgo de la visión. 2008: Seleccionado en el Premio de Poesía Experimental Diputación de Badajoz. 2010: Finalista Premio de Poesía Addisson de Witt. 2013: Premio Manzanares el Real. En 2010 publicó su tercer libro que reúne dos poemarios con la ed. Poeta de Cabra: Vivo extramuros y El ángel prometido. Y en 2016, su cuarto libro La palabra y la carne, publicado por Ruleta Rusa ediciones. Ha aparecido en antologías: Donde no habite el olvido, Ed. Legados. Madrid 2011, Los poetas de la senda, (Ed. Opera Prima, 2014), Antón pirulero (Diputación de Albacete, 2015), en revistas en papel (Luces y sombras, Poeta de Cabra, El alambique, Cuadernos del Matemático…) y revistas digitales (Celuzlose –Brasil-, sèrieAlfa, La indiscreta…). Participa en encuentros de poesía internacionales: Chile, 2006; Brasil, 2007; en Portugal, en 2012, 2013 y 2014. Ha coordinado la edición de la antología Cuaderno de Bitácora: Antología de la Tertulia Rascamán, publicada por ed. Poeta de Cabra en 2016.

Coordina desde 2006 la Tertulia Literaria Rascamán de Madrid.
Mantiene el blog: http://javierdiazgil.blogspot.com


Poemas © Javier Díaz Gil, 2017
Texto © José Cereijo, 2017
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