Literatura Poesía

“Días pares e impares” de Julián Borao

Julián Borao - Babab

Una reseña del nuevo poemario de Julián Borao
[Ed. La Única puerta a la Izquierda, 2016]

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Me encuentro con un texto que imagino tejido al cobijo de los días otoñales, que se muestra con un lenguaje llano y asequible, que a su vez encierra, como todo libro que se precie, preguntas lanzadas al aire, que no tienen por qué ser contestadas necesariamente.

Es un libro que parece fraguado entre el día y la noche de una ciudad como puede ser Bilbao, la ciudad de Julián Borao, o cualquier otra ciudad: Madrid, Oviedo, Sevilla o París… cualquier otra, digo, porque resuena en la identidad urbana de quien le está leyendo. Lectores que viven en un medio en el que pulsan y expresan su realidad de un modo particular. Encuentro en su poesía, un reflejo de esas vivencias que una persona podría experimentar en medio de la ciudad.

Se me antoja el poemario, como un relato que discurre por esas calles del centro, en las que el autor transita en lo cotidiano, ya que es en lo cotidiano, en donde se vislumbra el relato existencial de quien se pregunta cuál es su lugar y se plantea, cómo caminar en ese entramado diario, que esconde días pares e impares, con sus rutinas y su magia: días y sus noches pares e impares. Como si se tratara del símbolo taoísta que contiene el juego de opuestos y que evoca una voz que vislumbra la unidad de todas las cosas, con su dialéctica de factores opuestos y complementarios

“Si una sola palabra
conjugara
el sentido de las cosas” …

El poeta vive en el afán de asir la vida y sabe que el verbo, apenas dibuja el contorno de una silueta imposible de definir.

“dibuje una ventana y ábrala
mientras todos los trazos se condensan
en una indisoluble coherencia”

Los trazos de la escritura de Julián Borao se presentan con una diáfana coherencia. Me pregunto si acaso sea un “manual de instrucciones” para ciegos, por ser alguien que con su palabra, desentraña significados ocultos en los objetos cotidianos, su quehacer y la relación que establece con ellos.

El poema en “No mucho por mucho madrugar” describe la casa como el escenario de una película con una trama en la que los instantes se suceden con su compulsión a repetir, y entonces, no importa la voluntad, no sirve la prisa, entonces sólo queda negociar con quien dirija la escena del film, para salir, a ser posible, de este brete, lo mejor parado. La escena describe ese intervalo que media entre el despojo de lo onírico y el paso que avanza hacia la asunción de la realidad cotidiana que se enfrenta con tan sólo despertar.

El autor apela a la conciencia que cada persona tiene, en el cómo se enfrenta al día que amanece, como si en el parpadeo que le devuelve a la vigilia, tuviera que crear y recrear el propio día (cual mago alquimista). Tal vez vivir sea eso, dibujar escenarios montar escenas -que no escenitas-, escenas dignas de ser vividas, para que un día quien la representa pueda decir, “confieso haber vivido”.

Hay días que se presentan, sin haber sido invitados previamente, en los que se nos muestran nuestras vidas “como un largo río tranquilo” y en el que pareciera que no pudiera ocurrir nada interesante o resaltable, días en los que construir la jornada en sí mismo, resultara ser una acción heroica.

Nos adentramos pues, en el entramado de lo impar y de lo par: y de la vivencia de esa herida compartida por todos los seres humanos, impares o pares, según el día que amanece, con una suerte imprevisible, a pesar de todos los pronósticos y los propósitos. Con una voz que es consciente de que resulta inútil luchar, como si de un juego de dados se tratara, hoy la suerte está echada, hoy trompetea la certeza, “la mañana es impar, hoy toca sol”.

O se nos ofrece, tal vez, una memoria kinestésica que se hace presente y que se muestra atemporal. En cualquier caso, la poesía de Julián Borao, llana en su forma y profunda en su contenido, se presenta asequible a ti, su lector, y es tan tuya como de él y de quien se asome a la ventana urbana que es este libro de corte existencial, que yo me atrevería a apellidar con permiso de los filólogos, como un poemario de introducción a la metafísica de lo cotidiano, en el caso de que existiera tal término.

 


Texto © Teresa Ramos 2016
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