Literatura

“Ninguna palabra hueca constituye un lenguaje”. Álvaro Mata Guillé

Álvaro Mata

spacerPor Robinson Marín Valderrama*
Periódico de Libros, junio 2014.

 

De la relación existente entre poesía y sociedad Álvaro Mata Guillé (San José, 1965) ha encontrado en el espacio de sus textos, el lugar para reconocer la otredad como un componente de sí mismo; una forma específica de buscar el lenguaje propio a partir de reconocerse en el otro, fuera de lugares comunes suficientemente recorridos en el siglo XX. Desde el curso de su obra estética hasta la experiencia exitosa del Festival Abbapalabra en México que llega en 2014 a su décima edición. A partir de un rico intercambio web Robinson Marín y Álvaro Mata intercambian preguntas y respuestas a propósito del momento creativo y la particularidad de sus lenguajes luego del comienzo del siglo XXI.

Desde el comienzo

Álvaro Mata hace sus apuestas creativas desde la ventana de su infancia. Encuentra los signos en las tardes y la memoria de la música que le abre los diversos lenguajes sobre los que luego expresará sus textos.

Tu infancia transcurre como la infancia de un chico inquieto que lee desde temprano en San José, y también escribe. ¿Cómo ocurren esos años en relación con los textos y tu contexto?
Entre juegos, durmiendo en las tardes, sumido en el silencio o leyendo mientras me escapaba por la ventana que daba a la calle, hacia las montañas; imaginando las leyendas que recorrían los trillos en los cafetales y habitaban los cuartos llenos de sombras de las casas; subidos a los árboles, desde donde veíamos, a la misma hora de siempre, a una vieja, que no sabíamos quién era, caminar entre los pastizales, su ir y volver, mientras aullábamos como lobos para asustarla; buscando chicharras secas de un amarillo transparente, pegadas a los troncos o mirando la noche que se movía, o se movían las estrellas o la tierra junto a los grillos; entre libros de genética, historia o astronomía y la curiosidad por el origen de las cosas; escuchando música, que es otra forma de leer, dándole nombre a lo que sentía, que empezó a llamarse Bach, Beethoven, Malher; intentando responder mis preguntas buscando las respuestas en las novelas, que más que preguntas eran sensaciones, nuestra ajenidad ante el entorno que confronta tu extrañeza, tu sentirte solo. Sensaciones que se transformaron en interrogantes sobre el tiempo -la nostalgia, el no estar- que plasmaba como imágenes en los cuadernos de la escuela o el colegio, reencontrándote

Esos intereses estéticos que parecen perfilarse en esa imagen, buscan qué referentes, ¿ qué momentos o qué hitos alinderan esas búsquedas libertarias? 

De niño me preguntaba cómo llegar a los planetas, qué era la niebla -la lluvia, el viento o una nube- búsqueda que se prolongaba entre lo más pequeño o lo distante; dialogando con los fantasmas que transitaban por las calles o en los lugares lejanos; tratando de revelar cómo habíamos llegado a ser lo que somos, quiénes éramos, de dónde veníamos, cuál era la historia que nos había forjado. Nací en un país que nunca era nombrado en los “grandes acontecimientos”, en un país marginado dentro de los marginados, aislamiento tanto histórico como simbólico, que nos hizo creer que no pertenecíamos a una historia, llevándonos del resentimiento al conformismo, a no vernos como posibilidad y ni propuesta, imponiéndonos una censura, no institucional ni política, sino espiritual, que se refleja, entre otras, en la forma de cómo asumimos lo festivo, la celebración o el carnaval, ritos en los que mutilamos nuestra voz ante el llamado de la otra voz; de ahí, que no es extraño que nuestro carnaval sea desfile, la celebración protocolo, la conmemoración oquedad, regodeados en nuestra propia pasividad. Elementos que explican también, el por qué de una tradición literaria escasa, de escasas revistas o foros, pasando fácilmente del balbuceo al manifiesto, de la ruralidad idealizada del pueblón –como así lo llamaba Eunice Odio– al academicismo yerto, precariedad que no enfrenta el límite, censura deseo y crítica, apartando lo disidente, imbuidos en la comodidad sin matices del país de los ausentes, como así llamó Jorge Arturo a uno de sus libros.

Una búsqueda creativa

Los términos de la búsqueda suele ubicar el límite de lo posible. Delimitar la ambición y los techos para el sueño, la forma en que deja de ocurrir aquello que se aplaza y el deseo. Álvaro Mata hace sus apuestas retando los lugares habituales de la inspiración y la palabra; discute la institucionalidad y su pretensión de hacer de sus valores un tipo de orden cósmico insuperable.

Has dicho a propósito de tus búsqueda creativa: « Sensación, nostalgia, el tiempo que transcurre, el saberte solo, la búsqueda de un rostro, los por qué, el qué, el cómo; quizá, sean los ejes que te encaminan o llevan a escribir o hacer teatro o música; no hay un tema, son muchas imágenes y sensaciones que se entrelazan, estructurando el sentido de tu hacer. » Tiene tu proceso creador manifestaciones diversas y afines desde la poesía hasta el teatro, pasando por la gestión cultural, la investigación y la pedagogía, como las lees ¿son manifestaciones de una sensación de extrañeza del ser humano ante la experiencia fenoménica?

Estando en el Conservatorio de Música, como pertenecía a la Facultad de Bellas Artes, acudía con frecuencia a los exámenes que presentaban estudiantes de dirección de la Escuela de Artes Dramáticas o a la puesta en escena de los futuros actores. Si bien, no encontré en esas representaciones, ni en la academia, mayor afinidad ni correspondencia con lo que sentía o buscaba, esos inicios marcaron la pauta que ampliaba el espectro de mis afinidades, pues ya sólo no era un escenario donde podías encontrarte con un lenguaje, sino muchos, no era una pregunta ni una búsqueda, sino muchas…

Un día, no sé cómo, después de colaborar en el montaje de un obra de Eugene Ionesco, me vi dirigiendo la “La Señorita Julia”, de August Strindberg, y el grupo de actores quiso que continuáramos con otros proyectos escénicos, lo que dio paso al grupo Baco teatro-danza, que con el tiempo se convirtió en un espacio de exploración, de estudio de las manifestaciones expresivas, de la creación de lenguajes, es decir, de reflexión sobre lo humano y su animalidad, del individuo y lo primario, de los elementos que nos han hecho ser lo que somos, el alimento vital del lenguaje y las culturas.

El teatro, fue un vehículo que me enlazó a la literatura, la literatura al teatro y a la música, diálogos en el cual se diluyen los límites y las definiciones. No sabemos qué determina exactamente aquello que emprendemos, no hay caminos ni direcciones, solo el intento vincular el deseo que nos mueve con el afán de encontrarse, que conlleva en sí misma una postura ética, una conciencia de vos mismo y los otros, que obliga a buscar escenarios, a asumir posturas, a vos relacionándote con tu conciencia: De estas posturas nacen los fundamentos del Festival Internacional de poesía Abbapalabra, extensión de esa ética y concepción de mundo, de ese hacer; también es el fundamento de las charlas y actividades que realizamos en el Municipio de Chimalhuacán, con el proyecto Orilla del lago.

Lo ético no es una teoría, es una practicidad, una condición existencial, que obliga a determinar siempre el qué hacer y el cómo estar en el aquí y ahora. Nuestras “grandes ideas”, los “grandes éxitos”, nuestras pedanterías, son presunciones inútiles, miedos que llevan a la banalización y la frivolidad,  que ante los campos de concentración y las cámaras de gas, las dictaduras, la opresión y las matanzas, el tráfico de órganos o la trata, desnuda la perversión que invade lo contemporáneo empeñado en maquillar las cosas.

El abismo, la soledad, lo incierto, no tienen cura, son los nombres que damos a nuestra extrañeza, la ajenidad ante el mundo, el saberse solo, el estar de paso.

¿En esa búsqueda sobre vos mismo, en la ruta del encuentro con la revelación vas de la prepa a la universidad: En ese flujo temporal y existencial que ocurre entre tu obra y sus recursos…  

Varían las épocas, los tiempos, los nombres, pero la condición humana es la misma, igual con la creación, que se alimenta de nuestro no saber confrontando el límite, sensaciones transformadas en preguntas.

Escribir encierra en sí la transitoriedad, tus percepciones, la niebla, el reencontrarse buscándote en otros textos, en tus textos, escribir no nace de las teorías, nace de la vivencia. Quizá, lo que ocurre, es que “perfeccionamos” ciertas herramientas con las que intentamos decir algunas cosas, un no saber que procura forjar un lenguaje con el que decidimos estar y permanecer.

En tu experiencia el mundo y sus saberes han llegado hasta ti a  partir de la literatura, de los procesos creativos y exploratorios que ella  favorece y especialmente de las exploraciones del lenguaje, si tuvieras que describir el proceso digamos,  mecánicamente cómo dirías que ocurre?

No podemos detener el tiempo. Lo que llamamos perfección -normas, disciplina, sistema-son fórmulas, ilusiones con los que intentamos encubrir lo incierto y sobrevivir ante ello, procurando retardar el estado de cosas y su naturaleza.

Descubrir la muerte nos descubre, conforma lo que somos; cada cosa que hacemos enfrenta el abismo sin vencer la penumbra, la transitoriedad, el misterio.

Lo que sentimos –el dolor, el grito, el ahogo- al manifestarse construye un lenguaje que enlaza al otro desde lo próximo, desde lo íntimo; el expresarlo es intrínseco a la animalidad, está pegado a los nervios; el lenguaje nace de nuestro estar tensionado ante el silencio y nuestras necesidades. Hacer teatro, música, danza o escribir, manifiestan nuestras vivencias, nuestra transitoriedad explorándonos en el lenguaje, reencontrándonos. No hay fórmulas ni esquemas, las fórmulas y los esquemas sólo nos paralizan, encubren nuestros miedos. La incertidumbre, es la materia esencial que conlleva el escribir, el hacer teatro.

La incertidumbre, el miedo, el proceso creativo ocurre cuando sales a buscar la respuesta de una cuestión, sin un plan concreto sino a la manera de un actor en el escenario, descubriéndose a sí mismo, el tipo de viajero a Ítaca del que habla Kavafis.

Peter Brook, en su libro El espacio vacío, hablaba del actor confrontado con la escena, donde sólo se tiene a sí mismo, él, su cuerpo, con lo que deberá poblar de acciones el espacio vacío, no son movimientos, son vivencias, y al hacerlo se enfrenta a sí mismo, es decir, a la incerteza, al silencio, a la penumbra; investiga, explora, estructura sus acciones ligadas a la vitalidad tensionada que debe llenar cada instante, cada límite. Lo mismo ocurre con los textos –novela, cuento, poesía- escenarios, espacios vacíos en los que intentamos encontrarnos con lo que somos, asumiendo lo poco que sabemos, nuestro deseo de transcendencia, nuestras búsquedas.

La creación y el escenario Web  

El nuevo escenario global ha evidenciado un espacio de oportunidades y retos, de chances y decepciones frente a las que todos los actores culturales han tenido que tomar una posición que rechaza o abraza esa chance.

Y desde luego seguimos buscando, intentando conocernos como especie e individuos, como miembros de la comunidad humana  mas allá de las definiciones acuñadas. ¿A dónde te han llevado tus búsquedas actuales, sus dinámicas te han llevado a qué escenarios?

El Festival Internacional de poesía Abbapalabra, el proyecto Orilla del lago, que desarrollamos en el Municipio de Chimalhuacán, en el Estado de México, la revista Locutorio, complementan el leer y el escribir, todo se entrelaza, pues los mueve el interés de estar, el disfrute, que como mencioné, se convierte en un hacer ético.

Sólo hay un aquí y ahora, un presente que se desvanece destruyendo la ilusión de consciencia o de saber, donde lo único perenne que presentimos es la sombra. En este marco, intento avanzar en varios libros, en una obra de teatro y en algunas lecturas.

En ese aquí y ahora que señalas, en esa unidad de tiempo inmediata  en donde tiene lugar una obra, una cierta dinámica de las  relaciones  y los procesos creativos ocurridos entre lo estrictamente individual y la re-creación social ¿cómo ha sido afectada tu obra por las herramientas web y sus recursos? que ha significado un escenario global cada vez más transmedia digamos, en cuanto sus causas pueden ser cada vez más inmateriales y sus consecuencias concretas?

Las redes sociales democratizaron las sociedades, por eso no extraña la intención totalitaria de muchos políticos por limitarlas o censurarlas; democratización que deja en evidencia los vacíos que padecen nuestras sociedades, nuestras relaciones, nuestra incompletud; por otra parte, la abundancia de discursos, nos sumerge más a fondo en la crisis de los lenguajes, de los parámetros, junto a nuestras evasiones, la necesidad de reconocimiento, las perversiones, la soledad, que siguen estando ahí. En el caso de la literatura, abrió espacios más allá de las “élites” y los reducidos círculos de autores que se placen en verse a sí mismos y sus monólogos, pero esa realidad de lo múltiple, de la mucha realidad como la denomina Annie Le Brun, no cambia nuestra condición existencial, ni la absurdidad de esos discursos.

Ahora que mencionas a Anne Le Brun me viene a la cabeza su idea a medio camino entre el lirismo y el realismo de «La poesía es una forma de ser » ¿Qué rol social sugieren tus experiencias, tiene la poesía y sus creadores a mediados de la segunda década del siglo XXI?

En el Arte de la novela, Milan Kundera, decía: “¿Quiere decir esto que, en el mundo “que ya no es el suyo”, la novela desaparecerá? ¿Que va a dejar a Europa hundirse en el “olvido del ser”? ¿Que sólo quedará la charlatanería sin fin de los grafómanos, novelas de después de la historia de la novela? No lo sé. Sólo creo saber que la novela ya no puede vivir en paz con el espíritu de nuestro tiempo: si todavía quiere seguir descubriendo lo que no está descubierto, si aún quiere “progresar” en tanto que novela, no puede hacerlo sino en contra del progreso del mundo.”

Agrego: La cultura nace –nacemos–, al confrontar la muerte, sintiendo lo incierto, intentado saber, pero sabiendo que no sabemos, siempre en tránsito, siempre ante lo efímero. Olvidar estos elementos, que son el alimento que nos ha permitido ser lo que somos, de dónde venimos o nuestra precariedad, nos pierde, haciendo que el individuo deje de ser un individuo, nos obliga a volver a empezar, redefiniendo –reencontrando– nuestra relación con el lenguaje para dar sentido al por qué estar o ser. No es extraño que “poeta”, “democracia”, “libertad”, “amor”, se hayan convertido en palabras huecas, presunciones, imposturas, lenguajes muertos que ejemplifica el estado de nuestras carencias, de nuestra degradación, nuestra incapacidad de renovarnos, reproduciendo esquemas de otras épocas, reflejándose la necesidad de otro lenguaje, de otros sentidos, de otra convivencia, que recobre lo que somos en el aquí y ahora entre unos y otros.

Olvidar nuestra otredad, es decir, nuestro sabernos huérfanos buscando un rostro, alimento de la poesía, del teatro, la música, nos hace olvidar también, que ahí nace la democracia y la convivencia.

Las palabras vacías. Lookinforeando un nuevo lenguaje 

La memoria y la palabra. La forma en la que deja de ocurrir una forma de describir el mundo y también de comprenderlo: de aprehenderlo. La forma en que las categorías de otro tiempo dejan de tener el poder descriptivo de lo necesario.

Y se ha hecho un lugar digamos habitual desde comienzos de éste siglo ese tipo de preguntas: El alcance los roles de los escritural conocido y sus transformaciones, los temas y su valor cultural, en un universo relacional donde cada vez y de manera creciente se desdibuja la línea entre lo privado y lo público, en el escenario de la vida privada, ¿qué lugar en tu obra ocupa la afectividad en su formulación más ortodoxa, digamos el amor?

Diría que ninguna, es un palabra, como señalé anteriormente, hueca, que ya no constituye un lenguaje, como tantas otras palabras que usamos y que han perdido su significado inmediato, su peso, su esencia. En La llama doble, Octavio Paz reflexiona sobre estos tópicos: “Aunque el amor sigue siendo el tema de los poetas y novelistas del siglo XX, está herido en su centro: la noción de persona. La crisis de la idea del amor; la multiplicación de los campos de trabajo forzado y la amenaza ecológica son hechos concomitantes, estrechamente relacionados con el ocaso del alma. La idea del amor ha sido la levadura moral y espiritual de nuestras sociedades durante un milenio. Nación en un rincón de Europa y, como el pensamiento y la ciencia de Occidente, se universalizó. Hoy amenaza con disolverse; sus enemigos no son los antiguos, la Iglesia y la moral de la abstinencia, sino la promiscuidad, que los transforma en pasatiempo, y el dinero, que lo convierte en servidumbre. Si nuestro mundo ha de recobrar su salud, la cura debe ser dual: la regeneración política incluye la resurrección del amor. Ambos, amor y política, depende del renacimiento de la noción que ha sido el eje de nuestra civilización: la persona. No pienso en un imposible regreso a las antiguas concepciones del alma; creo que, so pena de extinción, debemos encontrar una visión de hombre y de la mujer que nos devuelva la conciencia de la singularidad y la identidad de cada uno. Visión a un tiempo nueva y antigua, visión que vea, en términos de hoy, a cada ser humano como una criatura única, irrepetible y preciosa. Toca a la imaginación creadora de nuestros filósofos, artistas y científicos redescubrir no lo más lejano, sino lo más íntimo y diario: el misterio que es cada uno de nosotros. Para reinventar el amor, como pedía el poeta, tenemos que inventar otra vez al hombre.”

Agrego: “democracia”, “poeta”, “amor”, “libertad”, “ética”, “literatura”, “compromiso”, “lealtad”, “progreso”, palabras que ya no evocan un vínculo o un contenido, desvaneciéndose la relación que teníamos con ellas y el entorno; al decirlas referenciamos la vaciedad, la presunción, la impostura, el no lenguaje que evidencia la pérdida de alma de nuestras las sociedades, construyendo los estamentos retóricos –huecos- que invade el consumo de lo contemporáneo, que ilustra también, el debilitamiento de la noción de persona, es decir, de la relación sin vínculos que nos hace caer en no sólo en el olvido, sino convivir con lo ausente, con la barbarie. ¿Qué hacer entonces? quizá reconciliarse con el silencio y buscarnos ahí alejados del ruido; dejando de nombrar lo que ya no nombra y regresando al cuerpo y su intimidad, pues desde ahí, desde nosotros en un aquí y ahora enfrentado a las sombras, se nace el lenguaje, lo particular que da un sentido a la persona, al individuo, a las democracias.

Spinoza afirmaba en su Etica more geometricum que la amistad es una relación moralmente superior al amor porque no conlleva una voluntad buscando subyugar otra. En lo que afirmas hay una búsqueda a fondo de confrontar la tontería pero también el falso moralismo, la militancia de partido pero también el desdén frente a los hechos intolerables de nuestra sociedad. En ese camino donde decir es hacer Antidio Cabal hace parte de tus recursos poético-espirituales…

Hace un tiempo escribí un pequeño ensayo, a un año y unos días de la muerte de Antidio Cabal, donde reflexionaba sobre las cosas que nos permitieron cultivar una amistad, correspondencias que nos hacían conversar largamente y definir posturas, visiones, rechazos: “Antidio Cabal vivió alejado de la palmadita en la espalda, la adulación y la complacencia, del conservadurismo de los círculos académicos y las cofradías literarias, escondidas en las apariencias, en la miopía que hace del tuerto rey en el país de ciegos. Asumió sin miramientos, la exclusión que vive todo aquel que intenta seguir su propia voz, su sentirse libre, su confrontar críticamente sin contemplaciones. Fue un costarricense nacido en España, como así conveníamos en nuestras charlas y presentaciones, enamorado del desenfado de esos viejos costarricenses, más igualitarios, más ciudadanos, más ellos, más éticos. Entre historias que recordaban ese ya lejano país, preguntándonos por la identidad y el entorno, nuestras conversaciones transcurrieron entre los griegos y la realidad contemporánea, realidad más allá de lo político y las normas, sobre el exilio, el saberse ajenos y sin respuestas, la soledad sin salida que a veces destella en lo que escribimos, como la puerta que nos lleva, como los nahuas, a otro sitio, el lugar donde intentamos reencontrarnos, a la casa del sol. Su partida, su ir hacia el sol entre los cerros buscando las sombras, como la de los amigos o seres queridos, nos hace morir un poco, recordando la orfandad que padecemos en tránsito siempre hacia la muerte, el vacío que despuebla las cosas de lenguaje, aspirando, como él, a empujar la luna.

Sobre tus textos y los problemas del lenguaje y su referencialidad,  el limitado rol del creador para asignarle un significado final a éste, has dicho acerca de tu texto «Debajo del viento» que es un ensayo que se ha convertido aparentemente en un libro de poesía. Encuentras en ese hecho una expresión de los problemas digamos, posmodernos de los textos …

No, no tiene relación con la postmodernidad, de la que desdeño en su afán academicista, complaciente con la retórica, que elimina los elementos vitales de la literatura, el teatro, la música, contribuyendo a la destrucción de los lenguajes y del individuo; ilusión, en muchos de sus autores, de una criticidad que no existe, pues eliminaron de la vida la vida, llenándola de fórmulas inútiles, vacías, sin contenido vital.

Los primeros bocetos del libro Debajo del Viento, prefiguran un ensayo, con el que me proponía explicar quiénes éramos, cuál nuestra historia que formaba nuestra condición, hecho que se dio al calor de algunas conversaciones que había tenido con Christopher Domíguez y Héctor Majarrez, sobre el El laberinto de la Soledad de Octavio Paz. Héctor, me decía que Costa Rica era el laberinto de la dispersión, lo que también compartía Christopher, ideas, que he venido desarrollando en pequeños ensayos, pero que en Debajo del Viento se convirtieron en un libro aparentemente de poesía, de historias que al estar dispersar aparentemente dieron forma a una historia.

¿Cuál es la mecánica empleada por la poesía para revelar, para decir las cosas sobre nosotros que buscar no decir la historia?

La literatura es una exploración que hacemos de nosotros mismos en el lenguaje, de preguntas dispersas en los escenarios de nombres, de sensaciones e imágenes que hay que enlazar. No es una historia, son muchas, como el actor que efectivamente va descubriéndose a sí mismo en el escenario, no es él, son muchos, la pluralidad nos conforma y nos detenemos a veces en la ilusión de unidad.

Bogotá-Colombia.

México D.F.

de Sobre los fragmentos

– 5 –

En nuestros días,

(días alejados del estupor de los campos 
del hedor calcinado de hueso en los hornos de hueso
del ahogo y el miedo de gas y dientes de polvo en el lodo,
en las grietas del ahogo
las arrugas;

de ojos y el terror de los ojos en los dientes
en la hendedura negra del ojo
en los dientes;

de rezos aplastados en las vigas,
en las manchas del cuerpo y el cuerpo que mancha el color destiñendo el sopor en los ladrillos
los trazos
los vagones
el rostro aplastando las columnas;

de sal negra en la nieve negra del fango
del sopor en la ausencia
en los huecos que perforan la carne de hueso en las piedras,
del susurro en los huecos de las urnas,
en las cámaras,
en el silencio que vulnera el sopor muerto del silencio asimilando el tiempo, violando el mutismo sosegado en la costumbre,
en el tiempo,
en el túmulo,
los tablones
los insectos…)

el otro
-el vos, el yo, el tú,
lluvia que encubre la niebla ahuecando el viento-
desaparece como un espejismo en la avidez del prisma,
como una fosa perdida en la oscuridad del brillo,
como un espectro que persigue el moho en el fulgor del moho,
reflejo de una alucinación sin pétalos,
ni fulgor;

pero,
qué quieren decir estas frases:

que se han ido los pájaros
y la mirada se ausenta en la ceniza,
en la bruma en la tiniebla,

en el llanto al lado del riachuelo próximo al cerco, que atrapa el susurro que baja de las ramas en las nubes en el viento,
poseído por un brillor de abolorio muerto:

que nos hemos convertido en esplendor gris de lo que ocurre, hacinados en la oscuridad de un espectáculo que acumula rostros como celdas de una colmena pudriendo lo luminoso,
escondidos en el espejismo,
en la soledad de la ausencia
en el miedo
en el vacío del viento;

que se ha ido el deseo
y el umbrío cubre la sonrisa en la sombra y macha las arrugas de pus en los ojos, en los dedos en la pus,
en el espejo,
en el rostro que se refleja en la laguna muerta.

La lluvia oscurece la poza estancada en la imagen de piedra,
las piedras del riachuelo
los pétalos de piedra
los tablones
los dedos tirados en el piso,

los insectos…

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* Robinson Marín Valderrama. Bogotá 1979. Creador de contenidos. Abogado de la Universidad Nacional de Colombia, Especialista en Instituciones Jurídico Penales Estudios de Magister en Science politique et Philosophie politique de l’Université Marne-La-Vallée. Poeta, Investigador y Docente Universitario. Su texto de poemas El metro de sus ojos  ha sido ganador de la convocatoria internacional del festival international de la poésie de Trois Rivières en 2010. En proceso su texto Chacal City la Frontera y un segundo poemario. Varios de sus textos de poesía, crítica literaria y análisis político se encuentran disponibles online.


Texto © Robinson Marín Valderrama, 2014
Fotografía © Alejandra de la Parra
Todos los derechos reservados.

 

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