La Mitad del Arte. Marcos Siscar. Kriller71 Ediciones. | Babab.com
Literatura Poesía

La Mitad del Arte. Marcos Siscar. Kriller71 Ediciones.

LA MITAD DEL ARTE

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por Pepe Maiques

Marcos Siscar vive en São José do Rio Preto. Hasta aquí lo que sé. Y los poemas.

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“Un metafísico no dispone para erigir el sistema del mundo más que del grito perfeccionado de los monos y los perros. Lo que él mismo denomina especulación profunda y método trascendente consiste en disponer de un modo arbitrario las onomatopeyas que gritaban el hambre, el miedo y el amor en la selvas primitivas y a las cuales se han asociado poco a poco significaciones que se creen abstractas, cuando únicamente son pálida transmisión de aquéllas”
Anatole France, El Jardín de Epicuro

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El título del libro: incitante por complicidad, un juego de acercamiento sin certezas. La otra mitad, si es que la hay, si está velada o absorbida por el presente fangoso, ¿habrá que destriarla o embrollarla? ¿Habrá esa otra mitad que la lectura nos puede hacer visible? En grado de tentativa, tanteo, aproximación, procuraré balbucear algo aquí. Completar la otra mitad del arte resulta tarea homérica. Si es que lo hubiera, el arte (y dónde queda, o quedó).
Leo palabras sueltas juntas que cuartean la lengua seca del abuso. Enfrentar la inercia y compartir el fuego, escandir el verso, tratar de sentir sin anestesia, sentir y di-sentir; alterar, indisponer-nos frente a la sumisión de las consignas con garganta, lengua, boca, saliva, dientes, labios y antes y más abajo y más allá, pulmones: respiración que crecerá, soplo gritado, bramido que pueda sonar, sanar, dar poema.

No creer en nada en nada
que reluzca en nada que persista
no nada es sólo bello y nada
garantiza creer no persiste
el lugar donde la mano se posó
con cariño ahora hiere la mano
que toca
esta ceniza de trizas
venida del fondo de un armario
como un fénix deforme sin
siquiera trizas creer en qué
en nada vamos creer por qué

Remueve y tensa en La mitad del arte de M.S. ese hilo de sonido/ritmo/respiración como hilo de fuerza en la construcción de una poética hecha de materiales cotidianos, fungibles, sin raíz aparente:

los platos son hondos donde se come
la cosecha de la indecisa fertilidad
mangos cuelgan como tetas de perra
un viento sopla pensamientos de algodonera
de la melaza de fruta que los aprisiona

Respiración en bruto, rítmia, bocanada. Los versos de Marcos, su corte, despunte, quiebra, rotos, el pulso acorralado, rebotan como ladridos en nuestros brazos blancos. Resuenan adentro dejándonos el asombro en la garganta.

Persiste el dolor el dolor no es
solamente la erosión artista
no se dice dolor del dolor desnudo
incapaz del hábito y de la fractura
del dolor el dolor no se dice no
se dice su no-dicho no es más
ni tampoco infinito no se dice dolor
sin traicionar lo que el dolor se escurre
(tu voz frágil me conmovía
mi deleite era tu insulto)

Arrimar el agua al molino: hacer a un lado por un momento la arquitectura del sentido que Edgardo Dobry apunta en el prólogo al libro– pues llama la atención -sobre todo- la arquitectura del sonido: y todo ritmo es sentido de algo (Octavio Paz)

el tiempo es largo para entender
la vida toda para entender lo vivo
cae sin haber tenido la última palabra
la de haber querido la de haberse hecho
por todos los medios a la convivencia
dura del defecto del lado izquierdo
el corazón pegado del lado de dentro
y tanto más independiente pulsa
el entendimiento como artificio
de cuyo ritmo depende la prosa
para el tiempo finalmente perfecto

Los resortes de la despuntuación y el encabalgamiento son además útiles pulmonares: además de crear una “respiración” específica, estos elementos aceleran ese paso”, delimitan el corte abrupto por donde ése ritmo escapa a la compre(n)sión objetiva del mundo.
Con esos materiales que según M.S. son “a veces mistura de espantos, memorias de cosas oídas, frases que nombran su propia dificultad, pequeñas obsesiones (…) Otros, en cambio, la experiencia más banal y “rústica”, la más desprovista de poeticidad, o de profundidad.”

retuvo las manos a la altura de cabellos
arreglados con cruel vulgaridad
el ensordecedor abucheo quemaba
alrededor del vidrio trasudado del vaso
amargo de sueño fermentado preferido
a la languidez eterna de psique retuvo
las manos un instante la risa petrificada
nada más que un frío empujón de viento
(y ya ajena a sí la mano inconsecuente
besaría con el dorso las puntas del cabello)

Monsieur Derrida: «Todo poema corre el riesgo de carecer de sentido. Y no sería nada sin ese riesgo».

En los poemas de MS ese mismo riesgo corre parejo a la fragmentación precaria del discurso, la velocidad súbita o la paciencia, el fango del río que devuelve sus barcos, la ciudad apenas entrevista, el cuerpo y el dolor; el sueño del agua rebotando sobre el pensamiento, donde la vida es “una guayaba agusanada / (y) basta seguir los rumbos de la perforación”, el cansancio del tiempo, incisión en materia de nacimiento y muerte:

el suceso no es lo que sucede
sino lo que viene sucediendo y quizás
un día se podrá decir que ha sucedido/
piedra/ que este nombre te sea leve/
entrar y salir de esta vida es tarea difícil
las respiraciones se aceleran con los ruidos/
traban combate con el vacío de la ausencia/
y de ese encuentro de aguas me resta (tu
boca/ un arpa donde la vida entra en trance
tu nariz un infierno muy raso/
tu oreja/ muerdo ese legado insaciable)//
tú eres mi espejo no lo que refleja
sino un claro aviso aquello donde me falto/
quizá nazcas/ tú vienes naciendo/
tú eres mi padre mi hijo/no hay
día en que no se muera o se nazca//

Finalmente, “tratar en algún momento de mostrar la poesía no como un modo de relación con el mundo, sino como parte de él: “La poesía es el aire que se respira” – la respiración, como el verso, está hecha de corte y continuidad, de repetición, de automatismo… hasta de asfixia; el pensamiento de la poesía apenas sería una expresión del cuerpo, sino una conspiración del cuerpo, un reflejo del pulmón, (…). Y el vidro e corte del verso, antes de ser simplemente una cuestión meramente “formal”, es el lugar en donde eso está en juego. Un verso es casi como un espasmo (producido por atragantamiento, un éxtasis) un verdadero calambre”, como nos recuerda el autor.

En resumidas cuentas, se trata del sentido que ya el propio título de este libro despeja por contraste, la mitad del arte, pues la otra mitad, borrosa, impredecible es la que se abre al vacío, tajo súbito de nuestra suerte al saber de la canción aquí y no querer dejarla caer.

Y sobre todo, hoy, esta noche, la alegría, pues sin ella no hay rabia que muerda.

Pepe Maiques
(14 de Marzo 2014)


Texto © Pepe Maiques, 2014
Todos los derechos reservados.


 

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