Literatura Poesía

El simbolismo en la obra de Julio Inverso

Julio Inverso

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por Federico Rivero Scarani

La poesía es principalmente comunicación de un contenido psíquico sensóreo-afectivo conceptual, conceptual construyendo en el espíritu un todo. Es un placer producido en el alma del poeta en la creación misma y que de inmediato ese fluido anímico emigra hacia los lectores u oyentes del poema (Carlos Bousoño). Es de destacar que el principio que individualiza a cada poema está dado por el estilo. Es decir, su manera personal e intransferible que deja su huella en la obra. Hay poesía en muchas frases del habla cotidiana, en objetos, en situaciones existenciales, etc. Su particularidad consiste, entre tantas cosas, en servirse de una función poética (Jakobson) donde selecciona las palabras para que tengan un efecto estético, bello, de acuerdo a la época en la que surge. Si la poesía comunica estados psíquicos y emotivos deja su impronta en el sintagma poético, o sea, en el poema como constructor de versos, rimas, ritmo, y figuras retóricas. El “acto lírico” trasmite los contenidos arriba especificados, mientras que la lengua, como sistema de signo, tiene más bien un carácter analítico. En palabras del poeta Julio Inverso el concepto de poema es definido como: “Todo poema es una puerta hacia una nueva región del espíritu, antes inexplorada”; o bien, “El don de crearla depende de potencias superiores que atraviesan al poeta en el momento en que se reúnen dos condiciones: la predisposición y la fortuna. El poeta debe prodigarla, prodigarse a sí mismo, exponerse y realizar el sacrificio en virtud del cual caigan todas las máscaras …”; “La poesía es una actividad liberadora, un acto genial de liberación de romper cadenas: prejuicios, convenciones, escamoteos, lugares comunes de la comunicación. El lenguaje nos fue dado para establecer un puente áureo fulgurante desde las cavernas de un ser a las de otro ser. La palabra será conmovedora o no será”; (Cielo Genital). Aquí el poeta refrenda en su poética parte de lo que debe ser la poesía, habla de “potencias superiores”, es decir, de entidades metafísicas como el daimón griego que inspiraba a poetas y filósofos, en el Sócrates platónico el daimón se presenta con frecuencia como una voz interior a la que escucha y obedece.

Pero volviendo al campo de un acercamiento a la poesía, según Carlos Bousoño, los desplazamientos como la metáfora o la sinestesia, representarían una alteración del discurso analítico, esos desplazamientos son esencialmente irracionales. A partir del Romanticismo el lenguaje poético tradicional comienza a resquebrajarse, la imagen visionaria es propia de la elaboración onírica por la cual el poeta reproduce por medio de imágenes simbólicas y míticas que más tarde veremos.

En el poema Baile de soñadores, Julio Inverso experimenta una visión por la cual es poseído por una “potencia superior”:

No me toques, estoy endemoniado. No puedo
dormir porque los condenados incendian mi cama,
noche tras noche. Tu infravida no podrá comprender
mi éxtasis:
un ángel que empuña un sueño
un sueño que es un arma
un arma que dispara a la tinieblas.
No me toques, mi luz te enceguecerá.
Soy un prestidigitador,
un caballero antiguo de místicos sigilos, un alquimista
con el corazón sobre la piel. Soy el que seré, ahora
mismo viviré mi futuro, mi más allá y mi abismo.
No me toques, estoy endemoniado. Seré la bengala
que rompe a llorar en tu cielo hecho añicos.

El leit-motiv “No me toques, estoy endemoniado”, expresa esa cualidad de estar poseído y que de alguna manera le haría “mal” a quien se acercara. El uso de metáforas encadenadas reproduce un cuadro caótico en el cual él será una “bengala”, o sea, una luz que enceguecerá a quien no esté iniciado en los misterios de la poesía. El concepto de símbolo (una palabra que deriva del latín simbŏlum) sirve para representar, de alguna manera, una idea que puede percibirse a partir de los sentidos y que presenta rasgos vinculados a una convención aceptada a nivel social. El símbolo no posee semejanzas ni un vínculo de contigüidad con su significado, sino que sólo entabla una relación convencional. Debido a eso el poema anteriormente citado reproduce en su contenido más que una serie de metáforas, un encadenamiento símbolos. Por lo cual el poema se convierte en una Alegoría:

Ficción en virtud de la cual una cosa representa o significa otra diferente: en este poema, la rosa es una alegoría de la belleza efímera.
Obra o composición literaria o artística que se basa en este tipo de ficción: la “Divina Comedia” es una alegoría de la vida del hombre.
Escultura y pintura. Representación simbólica de ideas abstractas por medio de figuras: este cuadro es una alegoría de la belleza.
Retórica: Figura que consiste en hacer patentes en el discurso, mediante una sucesión de metáforas, un sentido recto y otro figurado, a fin de dar a entender una cosa expresada por otra distinta: la alegoría se empleó mucho en la literatura del medievo.

Una lectura literal es incapaz de interpretar los símbolos que nacen de la intuición, de la emoción y de la intelectualidad del poema. Se puede hablar de una poesía interior, que se ubica en una zona inaccesible al espíritu en la que se produce un abrirse a la realidad. Hay un estado de receptividad en la que la conciencia es capaz de leer el mundo o realidad histórica, y, a su vez, leerse a ella misma. El universo o la naturaleza se manifiestan de manera fluyente y unitaria, y por medio de la metáfora o el símbolo, muestran que esas unidades son intercambiables, constituyendo nuevos significados para interpretarlas. La poesía se caracteriza desde el Romanticismo como un medio de conocimiento y autorevelación.

Tanto el símbolo como la metáfora son imágenes que mantiene una relación de analogía entre su significado y su significante. De ahí que, Julio Inverso, haga hincapié en esto en el poemario El asesino y las flores:

Mis aventuras

Mi intención es crear mis propias imágenes. No estoy hablando de nada estrafalario, sino de una experiencia compartida. No escondo nada. Ustedes tienen ojos y oídos: utilícenlos. No me dirijo a una elite ni tampoco a una multitud posesa. No me vas a ver coronado de laureles, no vas a ver mis sienes los estigmas del mártir, no me vas a ver prostituto de pañuelito al cuello; ni estatuas, ni sellos postales, ni condecoraciones. Hay oficinistas que entienden mis poemas más que los críticos hiperintelectualizados. Estoy abriendo puertas, no estoy pontificando. Soy poeta y los niños me saludan.

Aquí el poeta es consciente de su producción y de su estilo, así como también a quienes se dirige. La hermenéutica de los textos de Inverso requiere de un trabajo arduo donde hay que consignar y esclarecer en su estilo el uso de metáforas, imágenes, símbolos, mitos. Esta hermenéutica (del griego hermenéuticos, constituido por tres partículas: hermeneuo, traducido como “yo descifro”, la palabra tekhné: arte, y el sufijo tikos, sinónimo “relacionado a”… De ahí que literalmente se puede exponer en este término que su traducción aproximada sería “el arte de explicar textos o escritos, obras de arte”. El “homo” sapiens se ha convertido en un “animal symbolicum”; sin embargo, siguiendo la idea de Theodor W. Adorno, “El arte tiene su concepto en la constelación de los momentos que va cambiando históricamente; se niega a ser definitivo”. Como conclusión podríamos asegurar que no toda obra de arte es una alegoría…; y continúa Adorno: “Las obras de arte están vivas en tanto que hablan de una manera que está negada a los objetos naturales y a los sujetos que las hicieron. Hablan en virtud de la comunicación de todo lo individual en ellas”.

Adorno sostiene que las obras de arte hablan, y esto nos remite al concepto de mito de acuerdo a Roland Barthes: “… el mito es un habla, es decir, es un sistema de comunicación, un mensaje, sujeto a unas condiciones lingüísticas que lo caracterizan. Según esto, cualquier objeto, concepto o idea, es susceptible de convertirse en mito” Por lo pronto, el signo (y el símbolo es una clase de signo (sólo que no está en un sistema como el signo lingüístico), se vaciaría de su contenido de una manera particular para albergar otro significado diferente y constituir un nuevo signo, el signo mítico. Éste en ocasiones se confunde con el símbolo, pero no es el caso aquí de hacer una diferenciación.

El término símbolo viene de las voces griegas syn y ballo que implican la idea de algo simultáneo y dinámico; anuncia la conjunción semántica que se da en un solo significante. El símbolo posee una relación analógica con el significante, todo intento de explicar su concepto conduce a la creación de otro símbolo o sistema de símbolos para definirlo.

En el siguiente poema en prosa de Julio Inverso podemos apreciar una alegoría que representa la opresión de un sistema despótico y esclavista en un estado “primitivo”:

OTROS PECES DE EXISTENCIAS ARÁCNIDAS (“Más lecciones para caminar por Londres”).

Los esclavos giran alrededor de una piedra gigante, jeroglífica, pulida y pesada, como el sentido de la vida. No hay en esto nada misterioso excepto los salmos que trepan por el sudor de los hombres, una mujer de rosa pálido escapa lateralmente de la escena y corre a comprar pañolones que, como no revisten ningún color, no sirven para sonarse, los esclavos imprimen su energía sobre palancas y engranajes que hacen de la piedra objeto de sueños, la piedra ha vivido soterrada en su base de moneda y su cuerpo tan semejante a un alfil o a un obelisco.

Ya se confunden los músculos exigidos en la dura y absurda tarea, los esclavos no son más que un oleaje de cartílagos y parénquimas fundidos como elementos en estado puro, el fuego, el océano o digamos, para no abundar en abstracciones, unidos de bellotas y su plumaje de metal negro carbonizado, todos los días la piedra debe girar y, sin descanso, los esclavos caerán en la fosa pulverulenta, siendo devorado por los cocodrilos, en una antigua Biblia que un dios ebrio dictó a un amanuense consta la suerte y la rutina de esta raza condenada y de la privación absoluta de todo ejercicio del espíritu y signos plenos de individualidad, dicen que una luna desfavorable hizo que aquel dios entregado al vicio se ahorcara acechado por la decadencia de su reino o víctima de las malas razones de un amor carnal, la piedra sangra bajo el rigor del látigo emitiendo un murmullo comparable a un plantío de sábanas primaverales, y nada más. ¿Se estremecerán tal vez las ruecas baldías, las mejillas ajadas de las ancianas? ¿Sucumbirán las miradas en los libros de la memoria cóncava con brillantes flancos de escualo? ¿Y qué destino esperará a los trenes, al aroma del pan, al barro escolástico?

Bien, no daré más rodeos, todo es una charada, Dios no tiene sonrisa más que el filtro dorado del amanecer y la piedra lleva la cifra de luzbel, igual que las robustas espaldas de los esclavos, esto lo estoy escribiendo mañana, esto lo estoy escribiendo mañana, rompo finalmente los espejos, ya no soy. Y vos, aquí convocado no existís.

(Ver El lado gótico de la poesía de Julio Inverso
Anales de Literatura Hispanoamericana, 2005,
Universidad Complutense)

Es de destacar que el símbolo no es la representación sólo de un objeto sino la manera de manifestarse por medio de una realidad compleja asociando diferentes niveles de significado. No apunta como el signo a representar tan solo una cosa sino a convocar una multiplicidad semántica; desde esa perspectiva el símbolo en una cadena textual convierte a ésta en una alegoría Según Ricoeur el símbolo se manifiesta en las dimensiones cósmicas, oníricas y poéticas, se caracteriza por su polisemia, en tanto que la imaginación simbólica es una actividad dialéctica propia del espíritu. En el siguiente poema en prosa se destaca la figura del poeta, quien, simbólicamente, es expuesto como un individuo que no se deja derrotar aun en las vicisitudes. No hay recursos literarios, (excepto una metáfora y dos comparaciones) es un texto casi expositivo pero de una carga simbólica que abre diversas interpretaciones:

XXVI  (“Diario de un agonizante”)

Hay belleza, estoy seguro, en los hombres cansados. Piénsese sino en un poeta que en la plenitud de sus medios libera lo más fresco que hay en él, lo que auténticamente estaba en él, como un mar vacilante que llevara dentro suyo y que así, de pronto, ha asomado como una lágrima. Véaselo después, habiendo dispersado sus fuerzas, desalentado tal vez, en la curva del descenso definitivo. Lo que escribe defrauda a quienes lo siguen, pero hay un verso, que se levanta, majestuoso, desde el centro de su experiencia, por amarga que esta sea, un verso que él ha dejado caer apenas, como quien arroja un guante y que brilla con toda la fuerza de un desafío; un hombre que lucha y se debate, aun, a pesar de todo, pequeño e inverosímil en el universo y contra el universo.

El mundo simbólico de Julio Inverso recorre todos sus textos; es un “poeta lírico”, según afirmó. Su herencia romántica, su gusto por el rock y por los paraísos artificiales han hecho de este poeta uno de los más prolíficos de la historia de la literatura uruguaya.


Texto © Federico Rivero Scarani 2013
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