Literatura Narrativa

Entrevista a David Barreiro

David Barreiro

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por Armando G. Tejeda

Cada cierto tiempo surgen voces literarias como la del joven escritor de origen asturiano David Barreiro. Su narrativa ágil,  desenfadada y brillante es también una reflexión cáustica sobre nuestro tiempo. Sobre este tiempo de respuestas extraviadas y de derrotas hambrientas.
La nueva novela de Barreiro, Perros de presa (Editorial Gadir), es un relato de nuestro tiempo, de nuestra condición atribulada en una época más bien canalla y severa. Es, también, una novela negra que nos recuerda que en el mundo y la vida hay más derrotas que victorias. Barreiro explicó en entrevista con Babab.com las claves de su novela y los entresijos de una trama que pretende, a fin
de cuentas, desmontar con ironía y sarcasmo algunas de las grandes farsas de nuestro tiempo.

David Barreiro

© Olaya Pazos

– En Perros de presa ¿pretendía llevar hasta el límite los elementos clásicos de la novela?

Mi sensación es que es una novela clásica que no toca los límites sino que se asienta sobre la estructura narrativa de introducción, nudo y desenlace. Hay un protagonista cuyas características ya conocemos desde el primer capítulo, incluso desde la primera página, que ha de resolver un conflicto determinado. A ello se dedica durante la novela hasta el clímax final.

– ¿Cuáles son a su juicio las principales virtudes de un género como el de la novela negra y por qué cree que es tan atractivo y esté en auge?

La novela negra ha sido siempre un género muy respetado y en el que se prodigaron muchos de los más grandes escritores del siglo XX. Su atractivo está en que saca a la luz lo más oscuro, difuso e incluso repugnante de nuestra sociedad. Son una herramienta muy eficaz para los escritores y, desde luego, por su estructura y los temas que tratan, captan el interés del lector.

– Un elemento crucial de su novela es el trasfondo de crítica social, ¿coincide con este apreciación?

Desde luego. La crítica social es el motor de la novela, su origen. La parte de novela negra llega después, cuando me planteo con qué técnica voy a reflejar esa crítica. A mí el desarrollo de la trama, digamos, policial, no me interesa demasiado en este caso, sino ser capaz de transmitir aquello que me preocupa del mundo en el que vivimos.

– ¿Por qué eligió como protagonista a una especie de antihéroe con los ingredientes de un mundo en decadencia y sin demasiadas respuestas?

Porque es lo que soy y lo que siento. El mundo está conformado por antihéroes. En la vida se pierde mucho más de lo que se gana. Sometidos en muchos casos a unas expectativas desmesuradas, hemos de conformarnos con unos sueños de arte menor, de vía estrecha. Los héroes están en las pantallas, pero no son de carne y hueso, no son reales. Y, ante todo, quería que mi novela fuera real.

– En la novela también se percibe cierto lamento generacional, en la que el tiempo que nos tocó vivir es un un tiempo más bien oscuro, de más extravío que certezas, de más apatía que de esperanza…

El personaje está perdido, pero él se lo ha buscado. Ha llegado al borde de los cuarenta años habiendo dejado pasar un buen puñado de trenes. Es un pusilánime que, a pesar de ser consciente de que la vida se le escapaba, no ha tenido arrestos para afrontarla como debía. Es un inmaduro, un adolescente tardío.

– El ritmo de la novela es ágil, gracias en gran medida al lenguaje sencillo y directo, ¿fue muy difícil alcanzar este ritmo narrativo?

La clave es siempre la misma: el personaje. Si conoces a tu personaje, si sabes cómo piensa y siente, todo es más sencillo. Cuando me puse a escribir la novela, la primera línea, ya sabía muy bien quién era Fede y cómo reaccionaría ante cada obstáculo que se  encontrara en el camino. También sabía, claro, cómo se expresaría y no me resultó muy complicado armar a partir de ahí el estilo para la novela.

– ¿Coincide con la tesis de que en la novela también hay una reflexión irónica sobre la importancia que se le da en la sociedad a los conceptos de derrotados y triunfadores, de éxito y fracaso?

Totalmente. Son términos muy relativos que vienen determinados no por lo que consigues, sino por las expectativas que tú mismo te has creado. En la novela, todos los personajes tienen éxito en determinados aspectos de su vida pero fracasan en otros, la felicidad absoluta no existe.

– ¿Existe algún puente de unión entre sus primeros libros, La noticia y Relatos posindustriales, con Perros de presa?

Creo que hay muchos elementos en común y es que, al fin y al cabo, solo existen algunos grandes temas de los que escribir. La muerte, la amistad, el amor, la culpa… A partir de ahí nace todo y lo demás son caparazones con los que cubrimos estas contadas obsesiones.

– ¿Cree haber encontrado ya su propio estilo, su propia voz literaria?

La voz y el estilo se adquieren con el paso de los años y los libros, con la madurez vital y profesional, con nuevas lecturas, con la influencia de otras personas y autores… Creo que es fácil reconocer elementos comunes en mis distintas novelas y relatos, una voz, pero también espero seguir evolucionando porque escribir no es otra cosa que conocerse a uno mismo.

– ¿Qué futuro le ve al género y al libro en general?

El mejor posible. Por nuestra tradición, necesitamos que nos cuenten historias, necesitamos un relato que nos explique el mundo y eso es lo que nos ofrece la literatura. En cuanto al libro, me parece la más avanzada tecnología posible. Es barato, la batería no se acaba y hasta puedes hacerte con él una hoguera cuando aprieta el frío. El libro es el invento del futuro.

– En un mundo tan cambiante y severo, ¿cree que es cada vez más necesaria una reflexión autocrítica y serena como la que usted aporta con su literatura?

Es seguro que no podríamos vivir sin comida o agua, pero probablemente sí sin literatura. Ahora bien, una cosa es vivir y otra muy diferente comprender el mundo en el que vivimos. A mí, los autores a los que admiro, Roth, DeLilo, Coetzee, DFW o muchos otros me ayudan a entender el mundo y conseguir eso es también mi objetivo como escritor.

Perros de Presa


Copyright © 2012 Armando G. Tejeda
Fotografía © Olaya Pazos
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