Literatura Narrativa

La hechura mágica del arpa: el libro de Marlene Vázquez Pérez sobre José Martí y Alejo Carpentier

Zambezia Zambezia de Wifredo Lam

por Egberto Almenas  

De mis sueños desciendo…
Y en papel amarillo
Cuento el viaje.
—José Martí, “Musa traviesa”, Ismaelillo

 

Pocos conceptos de la literatura hispanoamericana se hallarán tan punzados de aciertos a medias como el de lo real-maravilloso —o su variante afín, el realismo mágico y su secuela muy rentable de malas imitaciones. A todo ello se conjura el mercadeo ubicuo de la gran industria editorial y mediática (v. Quadrelli) que todavía lo endosa a la sugestión de una mentalidad lugareña del trópico nimbado de vapores y arpegios súbitos de campanillas. Así las fórmulas de acceso inmediato enturbian que la solución constitutiva y trascendente de lo real-maravilloso se aloja en otros conceptos no menos viciados adrede —transculturación, sincretismo, naturaleza— y sobre todo en aclaraciones históricas que también se prefieren obviadas en virtud del turismo.

Contra tal reclamo comodón de otredad parecería haberse erigido el estudio que publicó la profesora y ensayista cubana Marlene Vázquez Pérez, Martí y Carpentier: de la fábula a la historia (La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2004), con el cual además de actualizar precisiones sobre las que difundió de un tiempo a otro el propio inventor del término, fija la deuda crucial, poco explorada antes, con un precursor y compatriota magnífico: José Martí.

En efecto, si en la sucesión vanguardista que curtió a Carpentier lo bello radicaba en lo maravilloso, de la obra martiana pudo inferir cómo la búsqueda por la belleza autóctona debía ceder a las posibilidades quebrantadas al golpe de otra realidad. Lo maravilloso allí sólo podría descubrirse en los caudales de una ocurrencia tan proscrita que ni el más aturdido esfuerzo de la imaginación en Occidente osaría trastocarla. El “estado límite”, dirá Carpentier, análogo al instante “extra-vivido”, orgásmico y feraz, que en la manigua experimenta Martí a la hora de su muerte. Ya no se trata sólo de “la brillante luz festiva” del sur de Francia que embelesaba a Monet y lo incitaba a distorsionar la realidad para que le creyeran. En Martí y Carpentier, como bien conjunta este estudio, opera una fe desmarcada de aquella que a su vez “justificaría hasta los más brutales actos perpetrados contra los indios invocando el nombre de Dios”. En ellos la “invención de América” se instituye como “valoración de la cultura que produce lo maravilloso” (Acevedo xxii) y de ahí su belleza y necesidad cotidiana de creer en sus “atajos más imprevistos”, dicho en la frase del propio Carpentier.

Así se encamina este estudio contra los críticos que se oponen a la “crítica literaria politizada”, a la cual acusan cuando menos de haberles destruido el oficio, según se queja Harold Bloom (532). Claro, no toda crítica “parcial, apasionada y política” siempre ha atinado como quería Baudelaire a instancias de su “razón de ser”. Pero en los países que todavía hoy luchan por su libertad contra el dominio exterior, ha observado Terry Eagleton (187), la cultura cobra un significado aún más ajeno al concepto y gusto apoltronado que a menudo proyectan las ediciones dominicales del periódico. Junto a la rapacería material, arguye, el subyugado en estos casos sufre también el destronque de su lenguaje más íntimo, hasta llegar a entumecerle la vida de su entorno lógico, de su razón de ser. Y frente a semejante desconcierto solo la literatura a salvo se urde tan vitalmente con la identidad de origen que sería en sí un hecho político absurdo no pretender politizarla.

Aun cuando esta correlación importune a los puristas al extremo de querer achacarle la hechura mágica del arpa carpenteriano a una “extranjería” fundada en accidentes biogenéticos, el libro de Marlene Vázquez Pérez comprueba cómo Martí ya la transfunde, incluso en la revista que en 1889 les dedicaría a los niños, y a los adultos que lo siguen siendo de corazón. La Edad de Oro emerge aquí con un “poderoso hálito de maravilla”, y más aún cuando se detiene en las lecciones que extrae del periodo prehispánico en Nuestra América. De los “buenos libros viejos” que el redactor les sintetiza a los menores surte asimismo la magia, pero es ésta la “magia de verdad, más linda que la otra”, donde todo atributo del pueblo originario destella de modo “interesante, atrevido, nuevo”. En manos de Martí la verdadera magia se cauta de no idealizar en vano a la “raza artística, inteligente y linda”; predispone más bien a realinear los criterios de aprecio correspondientes a una cultura cuyos logros comparaban en su calidad distintiva con los más altos de la antigüedad clásica (v. además Acosta).

La España de Martí y Carpentier en este ensayo tampoco es únicamente la inmutable de la charanga y pandereta, la que ora y bosteza, y de la cual Antonio Machado se despojaba con sonrojo de cara al auge en las ciencias y la tecnología del nuevo siglo. Es en primer término la España arrojadiza de los primeros exploradores que a duras penas agolpan el asombro con la palabra, hasta desesperarse ante las tierras nunca antes vistas, con su “montaña que llora plata”, y su naturaleza “milagrosa”, “maravilla del mundo”, “monstruo de riqueza”, y “alegría de los mortales”. Aquel enunciado fundador de la hispanidad jamás denegada de Carpentier es la que más adelante le “ayudó a perfilar su visión crítica” con arreglo a lo “fabuloso”, “sorprendente”, “extraordinario”, “mágico”, “maravilloso”, y la que al fin había mediado la asunción de tantos otros influjos vitales de la identidad hispanoamericana. La convivencia y conducta prismática de lo español transplantado, más allá de lo europeizante, dotó en él “la convicción de que las sugerencias del entorno son más poderosas que cualquier ardid vanguardista”, y así Marlene Vázquez Pérez entresaca y compendia esta supeditación de los lugares menos atendidos de la obra carpenteriana. Una vez vuelta la mirada hacia el Viejo Mundo, Carpentier lo redescubre por su dimensión relativa (Joset).

Mediante la “mecánica de los vasos comunicantes”, este libro allana un refuerzo ulterior de enfoques al pie de lo real-maravilloso. Caso en cuestión delimitada sería el del arcaísmo, cuyo valor puntual tanto en Martí como Carpentier (v. González Echeverría) robusteció la voluntad integradora de sus obras. Con toda probabilidad el antiguo vocablo desterrado pudo responder a la agencia fraccionaria que la falsa modernización impelía en las nuevas construcciones lingüísticas de la literatura y las cuales abocaron hasta mediados del siglo XX una ringlera desarticulada de modas fugaces (Fokkema e Ibisch 14). A esa “maldición de la novedad”, al decir del historiador Simon Schama, podría deberse en parte la frecuencia del pasado colonial en la obra de Carpentier. Luego está la teoría ideoestética de Martí dispersa a trancos en su obra (v. también a Dill) pero al mismo efecto que reúne y sistematiza la suya Carpentier en formatos plenamente expositivos (v. Portuondo). En cuanto a la praxis, no podrían pasarse por alto las crónicas martianas sobre los Estados Unidos, donde “lo maravilloso” del trabajo, en dilección crítica, merece emularse (v. por ejemplo, Martí, t. 8, 408 y s).

La tipología de contacto se evidencia de página a página en este tomo hábil y pivotal de Marlene Vázquez Pérez. Los “milagros modernos” que desmitifica a contrapelo de la industria que hoy sigue empastándolos en tonos “despolitizados” de terracota nunca se circunscriben a lo sobrenatural que tildaban los críticos de antaño. Aquí el trazado del viaje en papel amarillo, de la fábula a la historia, es el del poeta que halla un continuador orgánico en lo real-maravilloso de Carpentier, y consolida un lugar de veras en el reino de este mundo.

Fuentes:

Acevedo, Federico. “Introducción”, Alejo Carpentier: El reino de este mundo[1994]. San Juan: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1998, pp. ix-xlix.

Acosta, Leonardo. José Martí, la América precolombina y la conquista española.La Habana: Casa de las Américas, 1974.

Bloom, Harold. Genius. A Mosaic of One Hundred Exemplary Creative Minds. Nueva York: Warner Books. 2002.

Dill, Hans-Otto. “Marti y el realismo mágico”, y “Martí y lo real maravilloso”, en El ideario literario y estético de José Martí. La Habana: Casa de las Américas, 1975, pp. 67-79, y 81-90.

Eagleton, Terry. Literary Theory: An Introduction [1983]. Malde, MA: Blackwell Publishing, 1996.

Fokkema, Douwe y Elrud Ibisch. Modenist Conjectures: A Mainstream in European Literature: 1910-1940. Nueva York: St. Martin’s Press, 1988.

González Echeverría, Roberto. “Carpentier, el extranjero”, El Mercurio (12 de septiembre 2004)

Joset, Jacques. “La Europa caribeñizada de Alejo Carpentier”, en Carmen Ruiz Barrionuevo y César Real Ramos, eds., La modernidad literaria en España e Hispanoamérica. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1995, pp. 139-50.

Martí, José. Obras completas. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975, 27 tomos.

Portuondo, José Antonio. “Alejo Carpentier: creador y teórico de la literatura”, Anuario L/L 5 (1974): 3-15.

Quadrelli, Rodolfo. Los poderosos de la literatura: crítica literaria e industria cultural. Sevilla: Universidad de Sevilla, 1978.

 


Texto, Copyright © 2011 Egberto Almenas.
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