Poesía

Plan de escuchas en bicicletas de paseo, de Jorge Luis Morales

El viernes, 26 de septiembre de 2008, en la Galería Off Limits, en la calle Escuadra, en Madrid, tuvo lugar la presentación del poemario de Jorge Luis Morales titulado Plan de Escuchas en Bicicletas de Paseo, editado por Archione Editorial. En el acto intervinieron el mencionado autor, Rafael Martín y Gonzalo de Luis. De este último, editor de la obra, publicamos su alocución a modo de prólogo a la obra facsímil del poemario que edita babab.com

Silencio y reaparición de Jorge

La madre murió antes del parto. Un cazador, oportunamente, extrajo de su cuerpo inerte al que sería llamado Ramón, el no nacido, el non natus, apodo que se le impuso porque no se le alumbró por medios naturales. Sin embargo, este sobrenombre no deja de resultar contradictorio, pues el niño no sólo sobrevivió a tan accidentado comienzo, sino que disfrutó de una intensa vida auxiliando a los cautivos, razón principal por la que fue elevado a los altares como San Ramón Nonato. Con el tiempo, y a pesar de sus méritos, fue por su nacimiento por medio de una suerte de cesárea por lo que se le reconoce como el santo patrono de las embarazadas. En cualquier caso, no traigo a colación a este legendario bienhechor por su vida santa o por la devoción que le dispensan las parturientas, sino por la aparente contradicción de su apodo.

Es costumbre antigua entre editores, costumbre que se va perdiendo, mencionar en el colofón del libro al Santo del día en que se considera terminada la edición. Jorge Luis Morales y yo siempre mantuvimos esta costumbre en todas las publicaciones que patrocinamos juntos. Ahora, que soy yo el único responsable de editarle, no quiero dejar de cumplir con tan añeja y bella fórmula. El trabajo de edición del poemario “Plan de Escuchas en Bicicletas de Paseo” lo consideré acabado el 31 de agosto del 2008, festividad de San Ramón Nonato, y se me hace muy oportuna esta coincidencia, pues el autor ha sido, en cierta forma, un literato non natus que, a pesar de su intensa y compleja obra, durante un tiempo no se consideró a si mismo como poeta. He aquí la razón del colofón del libro y del título de esta plática sobre el silencio y la reaparición de Jorge, un poeta non natus que nunca dejó de ser poeta.

Hace ahora veinte años que le conocí. En 1989, junto con Juan Antonio Holgado y Andrés Inglés, fundamos en la Facultad de Derecho la Revista de Poesía Archione. No era un lugar extraño para esta empresa, no en vano, es larga en nuestro país la tradición de estudiantes de derecho o de abogados en el mundo de la edición y creación literaria. Además, no estábamos solos. Más de un profesor animó nuestro empuje, y a nuestra invitación acudieron múltiples compañeros y no pocos escritores consagrados. Recurrimos al consejo y a la compañía de los maestros buscando su magisterio, pero, como novatos, advierto que siempre evitamos ser cursis o pesados, defectos habituales en los poetas solicitantes. Creo, sin falsas modestias, que nos distinguimos por una conducta en la que no se advertía embelesamiento alguno. Sin embargo, el efecto más importante de tanto nombre cruzado fue el descubrimiento de nuevas lecturas y, por ende, el empezar a dar forma a nuestras respectivas bibliotecas.

Editamos con escasos medios y bastantes defectos, pero en el recuerdo quedó la simpatía y la frescura propia del comienzo. De ahí no pasó la aventura de la Revista Archione, que terminó en 1994 con ocho números y varias plaquettes. Bajo el pie editorial de la Revista, Jorge, además, publicó ese mismo año un cuadernillo, un boceto de libro mayor titulado “Camisas Blancas para la Noche”.

No nos marcamos un objetivo concreto como creadores. Fuimos alegres y entusiastas y nunca pecamos de excesiva ambición, actitud que con el tiempo, quizás, jugase en nuestra contra. Al cabo de los años, nada supimos de Andrés Inglés y los otros tres miembros dejamos de escribir.

En el año 98, Jorge Luis y yo fundamos la Revista Autogiro, de la que editamos un solo número. Esta sí que fue una pieza maestra, cuanto menos por las colaboraciones, pero no tuvo continuidad. Quisimos ser lectores que editaban, pero nos abrumó la profesión que ahora ejercemos y, quizás, otras circunstancias que no vienen al caso. Respecto a nuestra propia obra, ahora, mutuamente, nos reconocemos que entonces pusimos el punto y final con absoluta conciencia de que habíamos dicho cuanto teníamos que decir.

Para cuando decidió callar, Jorge había publicado el cuadernillo que antes he mencionado y poemas sueltos en casi todos los números de Archione y en el único de Autogiro, así como en otras revistas literarias, físicas y virtuales. Sin embargo, muchos poemas quedaron inéditos. Su obra es breve, intensa, coherente y de una laboriosidad encomiable. Es un sólido poeta que ha sabido construir un particular mundo de metáforas con el que desarrolla todas las posibilidades del verbo. Y no resulta en absoluto difícil de leer, pero hay que partir de la premisa de que la poesía no es una adivinanza de la que hay que extraer un significado concreto, sino la expresión artística donde mayor capacidad de evocación adquiere la palabra. En este afán, Jorge es hábil y muestra buen oficio. No en vano, de todos los compañeros de viaje, de entre los habituales y los esporádicos, de entre los anónimos y los públicos, siempre fue, a mi juicio, el que mejor bagaje y formación tenía para con la poesía. Era el más literato, el más sólido, pero le faltaba mostrarse sin pudor alguno como poeta, le faltaba un libro unitario y definitivo. Entonces volvió a escribir, reflexionó sobre la compatibilidad de la creación poética y su profesión de abogado, una situación que, alcanzada la madurez, ha dejado de ser un inconveniente y se ha convertido en una virtud, en un estado necesario y plausible para una mente tan sabia como creativa.

El tiempo volvió a poner ciertas cosas en su sitio, yo reanudé una discretísima labor editorial, casi privada, y Jorge se volvió a reconocer como escritor. Me llamó a comienzos del verano para editar un poemario. Fruto de ambos esfuerzos, el suyo con la tinta, el mío con el papel, surgió la edición de este libro que ahora presentamos. Sed bienvenidos y disfrutad del reencuentro.

Fdo. Gonzalo de Luis – Zalín
Septiembre 2008

Algunos poemas de Plan de Escuchas en Bicicletas de Paseo

Jorge Luis Morales

UNO. [VOLTEO]

Todas las cosas, al ser, las acaricias levemente,
impulsándolas
con un mínimo volteo de escrupulosa llave.

Qué celebración de lo interior, del silo,
como agacharse ante una sombra,
y embozar su pespunte de no límites.

Igual que una filatelia que fija el pequeño
excremento, linterna que fue
y luego su viaje,
materia postal que cambió su torso
suplantado ahora por el sello nuevo,
aquél donde su inmovilidad
se curte en su ser en otros.

Y todo lo que se clasifica es reunión:
pabellones de estío en que convergen
el invisible rotor de la muda
y la augurada estraza de lo entonces quieto.

TRES. [TEATRO DE TÍTERES]

Rebeliones/no sobre hombros
títeres, donde la muñeca del artífice
se tensa por bajo el ropaje y la espalda se abulta;
somos nosotros con nuestra voz como alfanje
disciplinando a niños con su miedo postrero.

Peleamos por volver y esa fatiga de espacios,
el asombro ante el porche enlosado,
el temblor turista al que no queda una tarde,
es obsequio ante estirpes de un tácito labio,
y la mano cogida en cadena de hombres.

Qué rescate nos sigue si no sigue en nosotros.

CUATRO. [ÓVALO]

Perfectamente has dicho un labio, una réplica
de tu torso, simetría;
has ido a los bastiones a apartar los labios,
prisioneros que huyen por un parral,
torpemente zarandeados por uvas rendidas.

Óvalo/Olivos,
si has visto esa licencia de árboles
dibujada igual que los nervios
de una catedral de brazos,
cuando salta el aire faenando
y se tensan las sogas que sujetan las tiendas,
partidas como herrumbre de otra medalla.

Perfectamente te has salvado revisando
—en el interior de la casa—,
carteles, vidrieras, rótulos menguados,
con su colonialismo de voces irrumpiendo
sobre el atlas lacrado cual si fuera un espolio.

Necesidad de un no hacer:
apartar los labios, destinarlos a un tránsito
hacia lo no dicho, incrementándose ahora;
apoderar al silencio, que ronda en diámetros tercos,
para que acumule semblanzas,
ablandar la nuca que espera con su posibilidad de besarla,
resumir liturgias
cargando con baquetones a favor de la tarde,
mientras aplazas los zócalos del tacto que derribas
con una potencia nueva de inmóvil asechanza.

SEIS. [FOCOS]

Disciplina de focos; pareciese que enhebraban,
para cobijarse en un desfiladero rotundo—
abajo, un curtido de sombrastarascadas
de luz y enroques solares.

Ser menos/ser quiebra de las maderas
que componen tu aplauso,
y su estirpe, consumida en una cera
que embadurna sucesiva los portones.

Miserables, con elemental fábrica te seguimos
por un aguacero de canicas,
como caballos líquidos de vitola umbría,
y un oído de escándalo
llena en la noche su odre agazapado,
arrojado en las pausas su fermento;
y la crin repartida es memoria de todos,
gusano de seda que como espada se duerme.

DIEZ. [TARDES]

Salen por las tardes, luego de los rezos,
de quemar nuevamente una bandera sin hilos,
de maltratar los umbrales con una gota de sangre,
de pedirle a los ojos la crueldad del sonido.

Rezan y salen, sin saber que las tardes
acometen despacio las reservas del aire
como prisioneros súbitamente líberos
encaramados a los postes del miedo.

Saben los rezos declinantes, las palabras remotas,
su unción hermosa y distinta
como una horquilla revisada en el pelo.

Salen de la fosa del beso, y saben sin embargo
que las tardes tienen un tren prófugo
que horada su carne con estilos de sombra.

DIECISIETE. [ESCARABAJO]

Lento el cobijo del escarabajo reunido en sí,
largo su miedo,
como también su apetencia de abrirse despacio
hacia el descuido del dolor.

VEINTE. [BLOG]

He quemado hoy una de mis venas como un cuaderno,
y su anilla tirante, y su carbunclo espiral,
recomponía órbitas como collar lentísimo.
Cuando apenas es un bulto, un papel recostado,
mira ahí su CUADRÍcula vencida:
esa letra que queda, es aún la escama de un rasgo,
trofeo, atrofia; tropel de desapariciones,
con un censo de vaho y de timbres sin hueso.

[hay una larva de sí, un palacio que obliga
a ocultar capiteles y a trenzar en los bustos
un corazón esculpido con serreta de estambres]

No hagas muestra sino de una burbuja
que levemente impulsa un labio certero.
Ensartada con un grillete la tarde,
la memoria, esta terma, accede.

CUARENTA Y DOS. [BERLÍN]

Tumbados en hamacas frente a los barcos del canal; con el
estruendo momentáneo del tren que divide el silencio igual
que una frontera. Con la música rotando con insistente fulgor.
El sol, la espuela del ritmo, su piel siempre. Y los vagones
pasando con su latitud densa, cruzándose el rumor con
el barco deslizado. Besaré luego lentamente los labios de la
estatua púber. Y mi mano cae y queda de nuevo a ras de la
hierba; reconoce los brotes entre el mestizaje de hierros, su
fronda de metales: su impulso ineludible.

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Jorge Luis Morales(Madrid, 1968). Licenciado en Filología y en Derecho, es poeta, profesor universitario y abogado. Durante ocho años, entre 1990 y 1998, codirigió y coeditó las revistas literarias Archione y Autogiro, publicaciones de periodicidad confusa y contenido primoroso que ahora, con el tiempo, no son sino objeto de coleccionismo y bibliofilia. Como poeta, ha publicado la plaquette Camisas blancas para la noche (Archione, 1993), así como textos de crítica y creación en diversas revistas (Río Arga, Antrophos, Occidental, Por la Danza, Espacio Único, Andalucía en el Mundo, Revista de Filología Románica, Babab). Es en estas publicaciones, así como en las antes mencionadas, donde puede hallarse la escasa obra poética que hasta la edición del presente poemario ha ofrecido al público, caracterizándose su autor por un lento, meticuloso y paciente cuidado en la labor creadora. En la actualidad, promueve nuevos proyectos a través de blogs de diverso signo. Plan de escuchas en bicicletas de paseo constituye su obra poética más reciente.


Texto, Copyright © 2009 Jorge Luis Morales, Gonzalo de Luis.
Fotografía, Copyright © 2009 Eva Contreras.
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