Literatura Poesía

17 Festival de Poesía de Bogotá (parte I) – del 26 al 31 de mayo de 2009

Entre el 26 y el 31 de mayo tendrá lugar la decimoséptima edición del Festival Internacional de Poesía de Bogotá, un evento anual que intenta dar a conocer los mejores versos en lengua española de labios de sus propios autores. Para ello se programan recitales durante toda una semana, y es tanto él éxito de la iniciativa que en la actualidad esta actividad ha traspasado las fronteras de la capital colombiana para extenderse hasta otras ciudades como Cali, Cartagena de Indias, Fusagasugá e Ibagué, lugares que este año se convierten también en sedes del festival.

La revista Ulrika ha sido la promotora del evento desde sus inicios en 1992. Su director, Rafael del Castillo, lo es también de este festival, que se ha convertido en el evento cultural más importante de los organizados por la Corporación Ulrika (Corpoulrika), entidad creada para promocionar la literatura y el arte surgidos de Iberoamérica.

Cada año, el festival cuenta con un autor homenajeado. Este año el elegido ha sido el colombiano Álvaro Miranda. Venezuela será el país invitado.

Más información: www.poesiabogota.org

SELECCIÓN DE POEMAS DE LOS POETAS PARTICIPANTES

EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE BOGOTÁ

Adhely Rivero Alberto Rodríguez Tosca Bruno D’Este Enrique Hernández D’Jesús

Ernesto Román Floriano Martins Francisco Hernández Gonzalo Fragui Gustavo Pereira

Jesús Munárriz José Ángel Leyva Luis Eduardo Zambrano Luis Miguel Madrid María Baranda

Miguel Márquez Porfirio Dávila Ron Riddell Tarek William Saab William Osuna


ADHELY RIVERO

Adhely RiveroADHELY RIVERO, nació en Arismendi, Estado Barinas, Venezuela, en 1954. Poeta, editor y gerente cultural. Desde hace años está residenciado en Valencia. Es Licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Se desempeña como Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, Coordinador del EIPUC: Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo y Director de la revista POESIA. Es Premio de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación. Premio de Poesía “Cecilio Chio Zubillaga” de Carora, Premio Universidad de Carabobo, Premio Universidad Rómulo Gallegos, Premio Único de Poesía “40 Aniversario de la Reapertura de la Universidad de Carabobo”. Es autor de los Poemarios: 15 poemas, 1984; En sol de sed, 1990; Los poemas de Arismendi, 2006; Tierras de Gadín, 1999; Los poemas del viejo, 2002; Antología Poética, 2003; Medio Siglo, La Vida Entera, 2005.

Tengo pendiente mucha sequía
No soy un ángel
pero la sed de estos animales
la tengo por encargo de Dios.

LA CASA

Cuando salí del pueblo pensaba regresar
a comprar la casa de la esquina suroeste de la plaza,
cerca de un puerto solitario del río.
Cuando vuelvo no está en venta y entiendo el arraigo
de sus dueños.
A cada vuelta al pueblo visito la calle y bajo mi familia
a la costa a contemplar las aguas pardas bajar
eternamente.
Me enteré que vendieron la casa que me gusta,
cerca de la plaza y del río de mi infancia.
Continuaré a la espera con la oferta en el transito
del pueblo que crece y se desborda,
solicitándole a Dios la gracia
que no se me adelante un turco y la transforme en tienda.
Por las aguas del río pasan las boras
mientras espero el día.

EN EL CIELO DE BAGDAD

Para Caupolicán Ovalles

y Alí Al – Shalah
La luna en Irak no se puede ver
lastima la cara del nativo
que ha visto caer bombas todo el año.
De noche al lado de la luna llena
caen Racimos,
terminando por creer que una bomba se quedó
pegada en el firmamento.
Lo mismo ocurre con una sirena letal
que socava los refugios.
Ni los ángeles están seguros en el cielo.
El día que Caupolicán visitó Bagdad
les llevó el humor y perdieron la paciencia,
todos los basaban y él sospechaba y se reía.
Hoy nadie duda de la valentía de los hombres
y de los pájaros que se desgranan en el aire.
Cuando termine la pesadilla, dormirán eternamente
en las arenas del desierto
y podremos ver la luna llena en el cielo.

LA SAZÓN DEL HUESO

Nada hay especial en las mujeres de la calle.
Nadie sabe sus compromisos ni su salud mental.
La propiedad de sus trajes, ligeros, sus zapatillas
de piel importada.
En la casa nos espera la conquista, la mesa
y la sazón del hueso.
Afuera somos intimidados por virus
en los cuerpos divinos.
En los ojos perfectos perdemos la mirada
y la cabeza.
Me cansa el jardín, la electricidad,
los mercados a la hora del sábado.
Las historias de las mujeres de la calle son
como el fútbol, aburridas,
siempre repiten las mismas jugadas.
O las carreras de caballos, sólo gana uno.
Aunque parezcamos un animal de zoológico
en la casa,
nada es comparable a la vida secreta,
sagrada, de los ciudadanos.
De Medio siglo, La vida entera (2005)

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ALBERTO RODRÍGUEZ TOSCA

Alberto Rodríguez ToscaAlberto Rodríguez Tosca nació en Artemisa, La Habana, Cuba, en 1962. Poeta, ensayista y narrador. Ha publicado Todas las jaurías del rey (Premio David de Poesía, 1987), Otros poemas (Premio Nacional de la Crítica, 1992), El viaje (Ediciones Catapulta, Colombia, 2003), Las derrotas (Ediciones Unión, 2006). Sus poemas y cuentos han aparecido en antologías publicadas en Cuba, España, Argentina, México, Colombia, Venezuela, Puerto Rico, Austria, Italia y Estados Unidos. Reside en Colombia desde 1994. Dirige un taller de escritura en la Casa de Poesía Silva.

Viéndolas llegar a la Universidad

Cuántas de estas muchachas
amanecieron hoy en brazos de otro,
después de haber hecho el amor una
y otra vez en el largo delirio de la infancia
crecida. Cuántas reventaron de fiebre
esta mañana mientras yo convalecía de mí
y me abrazaba a mis sudores como un náufrago
se abraza a un tronco para soñar con una orilla.
Con cuántas orillas y frutas y veranos soñaron
estas muchachas hoy al final de la ruda faena.
Yo las veo subir las escaleras de la Universidad
y se me parte el alma. ¡Cómo envidio a ese otro
que esta mañana deambuló en sus senos, se ahogó
en sus labios y murió en sus caderas! Cuántas
de estas muchachas imaginan que en la ciudad
un hombre se muere por ellas y madruga sólo
para verlas subir y deletrear con letras ciegas
las habilidades de sus cuerpos desnudos
contoneándose al ritmo del tic tac de un reloj.
¡Si supieran estas muchachas lo que vaga ese hombre
al verlas pasar con el pelo aún mojado y la sonrisa
del placer todavía desarmándose en sus bocas! Si
lo supieran, dejarían de subir las escaleras y correrían
a comprar una cuerda para llegar a su balcón y secarle
esa lágrima que corre sólo por ellas que amanecieron
hoy en brazos de otro haciendo el amor una y otra vez
en el largo delirio de la infancia crecida.

A la manera de Empédocles

“yo he sido una vez águila y moza y pez mudo en el mar”
he visto caer los muros levantarse las aguas en briosas
mareas contra las míticas ciudades he hablado con los dioses
(me han mentido) he visto al buda al cristo al krishna al lama
(me han negado: soy hombre) he calumniado al prójimo
y el prójimo me ha calumniado a mí (siempre estamos a mano)
he tentado la suerte en los lupanares que esconde el corazón
he dormido en las calles y en mi cama (la misma cama
en la que he amado a una mujer que no me ha amado) he salido
de noche a perdonar ladrones (ellos me han perdonado)
he besado la mano de mi enemigo al tiempo que le ofrecía
su mejilla he maldecido en el templo y en la sinagoga he
orado en casas de cita y en mi casa he llorado en babilonia
he contemplado al tigris y al eufrates unidos por el nudo
de mi garganta y me he avergonzado de mis ojos acechando
el vaho del febril apareamiento entre los dos torrentes he
estado en delfos preguntando por nadie (nadie sabe que existo
nadie sabe que lloro en silencio y que estoy solo) he alterado
la letra de los himnos de orfeo (donde decía “sólo hablo
para los que estén en la obligación de escucharme” yo canté
“sólo escucho a los que no estén en la obligación de decirme”)
he sufrido y he invitado a sufrir he muerto y he resucitado he sido
y he dejado de ser y todo por haber sido tierra y aire y agua y fuego
y sólo para ser otra vez águila y moza y pez mudo en el mar.

El extranjero

Hoy me puse mis galas de extranjero para salir a caminar. Esta ciudad no es mía. La recorro sin prisa. Dejo que me recorra como lo haría la mano de una niña abandonada en una caja de cartón ante la puerta de un prostíbulo. La ciudad ignora que yo existo. Me escurro entre portales, columnas, puentes, autos, muros, gente. Soy un fantasma aferrado a su túnica como al último madero de un bosque a punto de zozobrar entre las ruinas de un suburbio en llamas. En cada esquina me aseguro de que aún llevo la isla en peso doblada en el bolsillo. Asechan los ladrones. Los asesinos cumplen su ronda alrededor de los ensueños del paseante solitario. Despiertan exhaustos los amantes al regreso de la dura faena. Si algo le pasara a la isla en peso que llevo en el bolsillo, la lluvia que ha empezado a caer quedaría congelada en el aire y tendríamos que abrirnos paso por entre espadas de hielo. Si algo le pasara a la isla que llevo en el bolsillo. Me resguardo en la barra de un bar del barrio La Concordia y pido una cerveza y un reloj. Busco el aturdimiento en el reloj y la hora exacta en la cerveza. Escribo este poema al dorso de la carta donde me advierten que debo seis meses de alquiler. ¿Será muy tarde ya para rendirle cuentas de las derrotas de anoche a la noche de las derrotas de mañana? En la mesa contigua un hombre llora, otro habla con la sombra de un barco que navega desconsoladamente en la pared. Yo pago la cerveza y vuelvo a la intemperie de un mundo que gira a la velocidad de un lirio. Sí, esta ciudad no es mía, pero tampoco de quienes la heredaron. Es del alba, es del sueño, es de la noche. Por eso hoy todos nos pusimos las galas de extranjero para salir a caminar.

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BRUNO D’ESTE

Bruno D’Este nace en Santiago de Chile el 27 de Junio de 1975, a temprana edad acompaña a su familia al exilio, donde se cría en Tenerife, Islas Canarias. Participa en Talleres poéticos con Cesar Soto, Adán Méndez y Gonzalo Quesada, donde conoce a Ernesto Cardenal y Thiago De Mello. Publica su primer libro en isla Negra en 1998 -Poesía Onírica- Participa en lecturas en el Museo de Pablo Neruda y en la librería América del Sur en Santiago de Chile. Toma talleres de teatro y guión cinematográfico en la Fundación Pablo Neruda, y taller de clow con el teatro gestual de Chile, donde presenta dos obras de creación propia El cazador de poemas y El coleccionista de palabras. Participó en las obras: Fábulas de un duende enamorado y una ninfa coqueta, Recetas poéticas para niños y Delirionirico. Se considera a sí mismo como poeta errante en un continuo viaje de la búsqueda de experiencias lingüísticas.

Payaso triste

Malabares cosmicos
Surgen en la esquina
Con las peripecias
De un payaso triste
Que con sus saltos de circo.
Derrocha todo su arte
Por los adoquines callejeros
Y los cuerpos vacios

Corazon de ciudad

La melancolia de un dia gris
Acompaña este caminar
Por una ciudad que funciona
Con un corazon averiado
Un tic-tac
Al ritmo de los pasos
Que marcan este juego de vivir
Con un puñado de sueños
De metas incompletas
alimentando la melancolia
De este dia gris
a pesar de este sol
Que alumbra a la distancia
No logra disipar esta nube
Acompañante de este caminar
Al ritmo de este tic-tac
Del carazon averiado
De una ciudad.

Fractal de soledad

Predeterminado
A no coicidir
En una relacion
Confinado a repetir
Una decepcion
Expuesto a una ecuación
Donde la formula
Es igual a -1
Un infinito
De quiebres
Una sola separacion
Un fractal de soledad

Serie haiku.

Luna nueva
Una sonrisa
Que ilumina
Mi universo.

*

mi regalo
hacia la naturaleza
es recibirla
con los brazos abiertos
y los pies descalzos

*

cruzando fronteras
caminantes de una nueva era
viajan expandiendo
conciencia

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ENRIQUE HERNÁNDEZ D’JESÚS

Bruno D'EsteDe su obra ha dicho Luis Camilo Guevara: “Se trata de los despojos del amor, de lo que nadie quiere enterarse, a no ser que se esté sufriendo bajo no sé qué respetables formas de humillación, y se nos den por adelantado algunas cuantas indicaciones para dormir tranquilos… [El poeta] nos lleva al fondo del despecho que todos llevamos encima alguna vez, o siempre. Claro, nada indica que estamos abjurando de las reconciliaciones. Lo que Hernández-D’Jesús propone es que respetemos nuestros vicios (en su mejor sentido, el amor es casi un vicio religioso) y, además, que busquemos en los ocultos significados de una baraja, en el contenido de una copa brillante, en el secreto de un bar cómplice, no solamente la señal que nos devuelva la razón (necesaria, por supuesto) sino el coraje con el cual podamos recorrer de nuevo los parques y ver el esplendor de los soles profundos.” [“Confidencias alrededor de las cartas.” En Enrique Hernández-D’Jesús, Los poemas de Venus García. (Caracas: Monte Avila, 2006). pp. vii-viii.].

VENUS APARECE CON SU PLATO DE FRUTAS

Y así comienza la gran fiesta con Baco
La invitación es siempre la misma
debajo del puente
La belleza deja el lugar de la noche
y el sol complica el día
parezco siempre ausente
sin energía en la morada
Y si mi Baco no le ha dado uso práctico a la vida
es porque se ha equivocado. Pero muy útil serán
estos consejos, este juego de amor, estas modificaciones
del tiempo, estos rompimientos, este ejercicio mudo
Por el pudor no he podido derraparme aún más
He dado lugar a las palabras y las cosas
He asistido al recuerdo y al pensamiento
Me he rodeado de interrogaciones
Prendida de lo humano
Precipitada
Juguetona
Levantando ruido con mis zapatos
abriendo puertas cerradas y prohibidas
Así quedo con mi tela de juicio
Cuando salgo rescato los objetos abandonados
y sigo contestándome la eterna pregunta
de abandonar
y dejar solo a mi Baco en el patio
Me reúno con mis amigas
y lo llamo de nuevo
Le hago señas con mis ojos
Yo necesito la rienda suelta
y siento el plato de ensalada de frutas
como se confunde en nuestras pieles
La patilla comienza acariciándome los senos
el melón la espalda
el cambur se introduce en mi sexo
la mandarina me baña el cabello
Y yo le doy la manzana negada a Baco
para que se quede tranquilo

MI PADRE TERCO

Mi padre me dijo
“Hijo por qué no estudias plomería
Yo me quedé callado pero eso no me gustó mucho
Mi padre era patinador
y desde el día en que resbaló
y cayó al suelo y se rompió una pierna
y los médicos dijeron
que tenían que cortársela
llevó a la casa una jaula
allí metió cuarenta y tres gatos
a las seis semanas eran cuarenta y nueve
al pasar varios años había como doscientos diez
Pero un día mi padre no podía aguantar esos gatos
Y deliraba y decía
“Los gatos se comieron mi pierna”
Mi padre alquiló un camión y sobre él montó
A todos los gatos
Se los llevó a una ciudad como a quince horas
De nuestro pueblo
Allí los dejó
Pero los gatos todos los gatos regresaron
Y mi padre tuvo que aceptarlos de nuevo
A mi padre no le gustó la casa
Y por necesidad compró una más grande
Compró también ocho gallinas y doce conejos
Desarmó la jaula de los gatos y allí metió
Como ochenta y nueve loros y trece guacamayos
Yo nunca le reclamé
Ni le dije nada a mi padre
De tantos gatos loros y guacamayos
Ni siquiera me dio valor hablarle
De los conejos
Ni le pregunté por qué organizaba
Campeonatos de metras con sus amigos
En el patio que estaba detrás de la casa
Vivir así era insoportable
Pero yo nunca le dije nada a mi padre
Una vez se formó un gran lío por dos metras
Y todos los del equipo se agarraron a golpes
Por tres meses mi padre se olvidó
De jugar a las metras
Y de nuevo comenzó con los campeonatos
Yo recuerdo
Que él organizaba cinco equipos
La única condición que les ponía
Era que las metras estuviesen nuevas
En la entrada de la casa había un cartel
Que decía

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